Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

martes, 1 de abril de 2014

El Rincón Infantil

Los Malos Vecinos

Había una vez un hombre que salió un día de su casa para ir al trabajo, y justo al pasar por delante de la puerta de la casa de su vecino, sin darse cuenta se le cayó un papel importante. Su vecino, que miraba por la ventana en ese momento, vio caer el papel, y pensó:
- ¡Qué descarado, el tío va y tira un papel para ensuciar mi puerta, disimulando descaradamente!

Pero en vez de decirle nada, planeó su venganza, y por la noche vació su papelera junto a la puerta del primer vecino. Este estaba mirando por la ventana en ese momento y cuando recogió los papeles encontró aquel papel tan importante que había perdido y que le había supuesto un problemón aquel día. Estaba roto en mil pedazos, y pensó que su vecino no sólo se lo había robado, sino que además lo había roto y tirado en la puerta de su casa. Pero no quiso decirle nada, y se puso a preparar su venganza.

Esa noche llamó a una granja para hacer un pedido de diez cerdos y cien patos, y pidió que los llevaran a la dirección de su vecino, que al día siguiente tuvo un buen problema para tratar de librarse de los animales y sus malos olores. Pero éste, como estaba seguro de que aquello era idea de su vecino, en cuanto se deshizo de los cerdos comenzó a planear su venganza.

Y así, uno y otro siguieron fastidiándose mutuamente, cada vez más exageradamente, y de aquel simple papelito en la puerta llegaron a llamar a una banda de música, o una sirena de bomberos, a estrellar un camión contra la tapia, lanzar una lluvia de piedras contra los cristales, disparar un cañón del ejército y finalmente, una bomba-terremoto que derrumbó las casas de los dos vecinos...

Ambos acabaron en el hospital, y se pasaron una buena temporada compartiendo habitación. Al principio no se dirigían la palabra, pero un día, cansados del silencio, comenzaron a hablar; con el tiempo, se fueron haciendo amigos hasta que finalmente, un día se atrevieron a hablar del incidente del papel. Entonces se dieron cuenta de que todo había sido una coincidencia, y de que si la primera vez hubieran hablado claramente, en lugar de juzgar las malas intenciones de su vecino, se habrían dado cuenta de que todo había ocurrido por casualidad, y ahora los dos tendrían su casa en pie...

Y así fue, hablando, como aquellos dos vecinos terminaron siendo amigos, lo que les fue de gran ayuda para recuperarse de sus heridas y reconstruir sus maltrechas casas.

A todos nuestros niños lectores les deseamos:

¡Feliz Día del Niño!

El Deseo Cumplido

Fabio era un niño que vivía sin preocupaciones. Se pasaba las tardes jugando y riendo y tenía la suerte de tener dos padres que le llenaban de regalos. Desde pequeño, había tenido la habitación llena de juguetes coloridos y caros y casi sin tener que pedirlos. Sus padres se desvivían por él y cada vez que llegaba algo nuevo a la enorme juguetería de la esquina, eran ellos los primeros en adquirirlo, para regalárselo a su pequeño.

Un día Fabio se mostró completamente triste. Por mucho que sus padres intentaron calmar esa agonía con juguetes, chucherías y caricias, no lo consiguieron; y tampoco pudieron conocer las razones que habían hecho que la alegría siempre presente de su hijo hubiera trasmutado en ese hastío.

A la mañana siguiente, Fabio amaneció muy enfermo y debió quedarse en casa todo el día. A la noche, su madre se sentó junto a su cama y le pidió sollozando que le dijera qué le había ocurrido.

El chico le contó que se había encontrado con una anciana que le había ofrecido una semillita que cumplía los deseos a cambio de todos sus juguetes. Le había dicho que en realidad esa mínima gotita de vida valía mucho más que todas sus posesiones. Fabio se le había reído en la cara diciéndole que era niño pero no tonto y se había marchado; pero desde que había ocurrido eso nada le satisfacía: sentía que su vida no valía nada y que todos esos juguetes que antes llenaban su alma, ya no le servían para nada.

Su madre intentó calmarlo y le dijo que no podía ponerse así por una extraña que ni siquiera conocía. “Seguro que intentaba tomarte el pelo“, le dijo. Pero Fabio le contestó que si no la encontraba, nunca más podría reír como antes y esa fiebre no se iría.

Entonces, su madre se puso a buscar a la mujer. Cuando dio con ella se le acercó y le dejó bien claro que, aunque no creía en ella, su hijo quería verla. La anciana accedió a acompañarla y estuvo un rato a solas con Fabio.

Cuando Fabio abrió los ojos se sintió mucho mejor. La fiebre se había ido milagrosamente y se sintió renovado y feliz. Miró hacia todos lados y se vio solo en su habitación: sus juguetes seguían en su lugar, y ni rastros había de la anciana. Llamó a su madre y le dijo que a partir de ese día, cada vez que quisiera regalarle un juguete, lo enviara a uno de los niños de una lista que le entregó. Su madre guardó el papel y abrazó con alegría a su niño.

Sobre la mesa de luz una semilla diminuta comenzaba a abrirse al recibir los primeros tiernos abrazos del sol.

La Zorra y el Leñador

Hace mucho tiempo, una pobre zorra huía despavorida de un grupo de cazadores, que pretendían darle caza. En su frenética carrera, se encontró con uno de los leñadores que había por la zona, al que le pidió que la escondiera en su cabaña mientras pasaba el peligro.

Cuando los cazadores llegaron hasta el lugar en el que se encontraba el leñador, le preguntaron si conocía la dirección que había tomado el animal. Este, les contesto que no sabía por dónde había podido irse, a la vez que con una de sus manos les hacía sutiles gestos, con los que les indicaba que su deseada presa, se encontraba en la cabaña.

Afortunadamente para la zorra, los cazadores no se dieron cuenta de lo que les quería indicar el pérfido leñador y continuaron su camino, olvidándose de ella.

Al ver como sus perseguidores se marchaban del lugar, la zorra se deslizó fuera de la caballa, para marcharse a su casa. Cuando ya llevaba un trecho andado, el malvado leñador le gritó desde la cabaña, que le había salvado de una muerte segura y no se lo había agradecido.

Dándose la vuelta la zorra, le dijo:

Te estaría agradecida, si no hubieras dicho una cosa con la boca y otra con tus manos.


El Labrador y sus Hijos

Tras muchos años de duro trabajo, un viejo labrador, comenzó a notar que sus fuerzas iban mermando cada vez más. Como no quería que sus tierras fueran abandonadas tras su muerte, trazó un plan, para que sus hijos aprendieran a cuidarlas, sin darse cuenta.

Cuando tuvo todo apunto, les llamó hasta su presencia y les anunció:

-Queridos hijos míos, siento que mi fin se está acercando; id a la viña que con tanto amor llevo cultivando todos estos años y buscad aquello que escondí para cuando llegara este día.

Pensando que se trataba de un enorme tesoro, corrieron raudos y veloces al lugar que su padre les había indicado. Allí, cavaron y cavaron durante horas, hasta que no quedaba ni un solo centímetro de tierra sin remover.

A pesar de su empeño y del esfuerzo realizado, no encontraron nada que mereciera la pena vender. Apesadumbrados por el engaño de su padre, se marcharon a su casa, sin sospechar el verdadero propósito de su progenitor.

Meses después, cuando uno de los hermano pasaba por allí, descubrió que todo su trabajo no había sido en balde, ya que la viña estaba llena de apetitosos frutos, con los que pudieron enriquecerse.

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