Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

martes, 1 de abril de 2014

Biografía

Ramón Martínez Ocaranza

Ramón Martínez Ocaranza nació en Jiquilpan el año de 1915. Estudió en el Colegio de San Nicolás. Su inclinación a la poesía tuvo su origen en el ambiente familiar; su padre, don Antonio Martínez, era un bohemio, glosador de poemas románticos, que gustó siempre de recitar. También su madre, doña María Ocaranza, escribía versos. Con estos antecedentes, Ramón, al llegar al Colegio de San Nicolás, destacó en el ambiente poético. Martínez Ocaranza publicó sus primeros poemas en la revista Juventud y en la revista Voces de la cual fué coeditor. Su obra poética es muy amplia y de gran calidad, se inicia con Ávido Amor y Al Pan Pan y al Vino Vino. Además se le conocen: De dura pasión; Preludio de la muerte enemiga; Muros de soledad; De la vida encantada; Río de llanto; Alegoría de México; Otoño encarcelado; Tierra y libertad; Elegías de los triángulos; Elegías en la muerte de Pablo Neruda…

La poesía de Martínez Ocaranza es de categoría universal, tras la huella de sus “arquetipos fascinantes”, en un proceso de constantes cambios, en que la intuición y la técnica depuran la creación poética en forma permanente e incesante, hasta alcanzar la originalidad del autor. De la amplia producción de este poeta he querido presentar algunas de sus Elegías para deleite de los lectores.

Las Elegías

Elegía de Noviembre
I
De bárbaros metales;
de tabernas
donde se pudren las mitologías.
Del tiempo de morir quebrando números.
Del viaje
que se perdió definitivamente.
II
Los caminos
llenaron de lunas negras los caminos:
porque las víboras;
porque los barrios de la tuberculosis.
Si las brujas no fueron lo que son…
Pero los cánticos
declararon la huelga de los signos
cuando las arpas se quedaron ciegas.
III
En torno a la extensión hay un silencio
de estatuas derribadas.
Porque crecemos con la muerte a solas
y porque las parábolas no quieren
matar los lirios de la geometría.
IV
Es triste reconocer que somos hombres
cuando se quiebran las columnas.
También es triste recoger candados
en medio de las piedras.
Porque la luna de los jeroglíficos.
O porque nadie quiere
comer violetas en el banquete de los salmos.
V
Podemos derribar un piano roto;
un caracol de música vacía.
Pero lo que se dice con el agua.
Lo que se va pudriendo
lentamente

VI
Los caballos
no quieren reconocer que los crepúsculos
golpean capiteles
Tampoco reconocen
el caracol de las sonatas amarillas.
De las tumbas
brotan las yerbas de los siglos.
Y casa soledad es un silencio
de miedo abandonado
VII
Noviembre es una reunión de círculos
que van del corazón a las raíces
para que por el tiempo no caminen
los que disecan mariposas.
El llanto de las hierbas reconoce
que la ciudad escribe su agonía
cuando las intenciones se propagan
debajo de la tierra.
VIII
Dice el tiempo
que por los verdes signos
van pasando los grises con sus números.
Y cuando arde el Ser,
las hojas secas de los eucaliptos
quebrantan sus proverbios.
Porque en noviembre la muerte multiplica
sus corazones de metal dormido.
IX
Siempre recordarás aquellas tardes
de pianos enlutados,
cuando decías que Rilke no sabía
decir el nombre de la primavera.
Los sueños iban por las heredades
de un mundo sin contornos.
Y tú tenías razón
de las tabernas
salían los bosques dorados del otoño.

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