Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

viernes, 1 de noviembre de 2013

Narraciones

Luminosa Reseña Histórica

por : R M P

Con motivo del 25 Aniversario-Bodas de Plata (1988-2013) de la llegada de Nuestra Madre Santísima de la Salud a su templo de la Sagrada Familia de la Colonia Álvaro Obregón de Salvatierra, Gto., tuvo lugar una magnífica celebración religiosa muy solemne, como también su fiesta del exterior llena de colorido y alegría por el pueblo de Dios dando al Ser Supremo las debidas gracias por habernos dado tan esplendoroso día.

Pero aparte de este memorable evento tan alegre al compás de las notas musicales, se nos obsequió un opúsculo titulado “Reseña Histórica”, escrita por el Sr. José Luz Rivera “Santos” que describe con bastante precisión los acontecimientos de aquellas fechas de feliz memoria, cuando el pueblo de nuestra colonia, acudió al encuentro de la imagen de Santa María Inmaculada de la Salud, procedente de Pátzcuaro, Mich., siendo ese día su llegada a Salvatierra, Gto., por el rumbo de Batanes, con destino a su templo de la Sagrada Familia de nuestra colonia Álvaro Obregón, para convivir con nosotros por siempre y para siempre.

Ahora, sólo debo pedir mil perdones al Sr. don José Luz Rivera “Santos”, autor de la reseña histórica, por el atrevimiento mío de mandarla publicar en nuestra revista “Por Amor al Arte”, sin el permiso de usted. Pero lo hice para que el mayor número de hermanas y hermanos del pueblo mariano sintieran la emoción de leerla, pues es un hermoso trabajo literario y no fuera a pasar inadvertido. Porque también es semejante a un fresco rocío venido de lo alto, tal vez procedente de las glorias de María. A continuación se transcribe fielmente la Reseña Histórica, a fin de que nuestro amigo lector empiece a leerla:

Reseña histórica de la Imagen de Nuestra Señora María Inmaculada de
la Salud que se venera en la Parroquia de la Sagrada Familia
en la Col. Álvaro Obregón de Salvatierra, Gto.

El Papa Pío XII proclamó el año de 1954 como Año Mariano para resaltar la santidad excepcional de la Madre de Cristo, expresada en los misterios de su inmaculada concepción y de su asunción a los cielos.

“Precisamente el vínculo especial de la humanidad con su madre, me ha movido a proclamar en la iglesia en el periodo de la conclusión del segundo milenio del nacimiento de Cristo, un año mariano, siguiendo la línea del Concilio Vaticano II”.

Sensibles palabras del siervo de Dios, el Beato Juan Pablo II, quien proclamó el 1º de enero del año de 1987, fiesta de María, madre de Dios, como año Mariano. Y que oficialmente se inauguró el 7 de junio del mismo año, el día de Pentecostés, que es cuando estuvo la madre de Cristo presente en el comienzo de la iglesia con los apóstoles, en la espera del Espíritu Santo y que terminó el 15 de agosto de 1988, solemnidad de la asunción de María a los cielos.

Ambos dogmas de fe: su inmaculada concepción y su asunción a los cielos; están unidos entre sí, entre dos descendientes del apóstol Pedro, representantes de Cristo aquí en la tierra. Así como sus antecesores lo hicieron, el papa Benedicto XVI ha proclamado este año de la fe para rescatarnos de la duda, la incertidumbre y el desencanto que tanto nos agobia. Recordando que María siempre nos acompaña en la fe.

Este breve relato nos sirve como base para entrar de lleno a lo que es el motivo de estas palabras, llegando al año de 1987, con él nuevos cambios, nuevas ideas para buscar siempre la renovación de nuestra iglesia diocesana. Este año y estando al frente de nuestra arquidiócesis el señor arzobispo Don Estanislao Alcaraz Figueroa, realizó una visita pastoral en esta zona, buscando dar mejor atención a la feligresía. Con gran júbilo se le recibió en nuestra comunidad, no se sabe el cómo ni el porqué, pero escogió para convertir en Parroquia nuestro templo, así que empezaron los trámites y trabajos que se requerían, ya para entonces habían comenzado los eventos del año Mariano, entre los principales fueron la visita de María Inmaculada de la Salud, una imagen peregrina de la reina y patrona de nuestra arquidiócesis, bella, altiva, con un aire de señora, de madre, de corredentora, que desde el primer momento nos robó el corazón.

Con qué amor la recibimos, entre cohetes, música, aplausos, los días que estuvo aquí fueron inolvidables, ya no la soltamos, hasta que con tristeza la fuimos a dejar a la comunidad de San Miguel Eménguaro. Pero esto no podía quedar así, el amor a María Santísima de la Salud, ya estaba sembrado en nuestros corazones, ya era imposible dejar de sentir su presencia, pues dejó grandes y maravillosos recuerdos, al igual que muchos milagros.

El amor incontenible que nos dejó y las maravillas ocurridas no podían olvidarse, así que, gracias a la iniciativa del padre Marcelino Mendoza, sacerdote que estuvo en esos tiempos con nosotros, y a la cooperación de toda la comunidad que se desprendió de lo material de abundante manera, se pensó en traer una imagen de nuestra señora María Inmaculada de la Salud, para que estuviera físicamente y para siempre entre nosotros para que siguiera derramando sus bendiciones y sus milagros.

Rápidamente se puso el padre en contacto con las madres dominicas de la basílica de Pátzcuaro, haciéndoles la encomienda de la imagen. La primera vez se hizo acompañar de una persona de la comunidad, para que fuera reconocido por las madres dominicas, especialmente por la madre Sor Elena, para mi sorpresa, el elegido para tan maravillosa encomienda fui yo. Después, ya me tocaba ir sin compañía del padre, llevaba abonos según se juntaba, fué hermoso ver esa transformación, como un trozo de madera podría ir descubriendo poco a poco esa cara hermosa, esa boca sonriente, esos ojos expresivos, su pelo, ver poco a poco que con tanto amor iban uniéndose en esa cabellera que después de 25 años sigue intacta.

Fueron varias las visitas a Pátzcuaro para poder ver cada detalle de tan hermosa señora, pero no sólo se cuidaba el avance de la imagen, independientemente aquí en nuestro templo, se trabajaba con muchas ganas en lo espiritual, era impresionante ver cómo se esforzaban las personas para poder acoplarse en un coro especial de señoras para su recibimiento, los ánimos que le echaban las personas en los detalles e ideas para el altar, sería imposible mencionar a alguien en especial, pero a los que trabajamos de una forma o de otra nos queda la satisfacción de haber sido testigos de tan memorable suceso.

Por fin se llegó el día esperado, 15 de octubre de 1988, cuánta gente quería participar en su traída de Pátzcuaro a Salvatierra. Fueron camiones hasta la basílica de Nuestra Señora, fué inolvidable el recibimiento, la Eucaristía, la bendición de la imagen, el acercamiento que tuvo dentro del camerín de la Reina y Patrona de nuestra arquidiócesis, si algo le faltaba de tener con ese toque cuerpo a cuerpo, que tuvo con la creación celestial de Don Vasco basto para tener ese gran poder como hija de Dios Padre, como madre de Dios hijo y como esposa de Dios Espíritu Santo.

Dentro de tan memorable suceso, ese día en la basílica de Pátzcuaro, el P. Marcelino comentó que el señor obispo le concedía la gracia a la imagen de nuestra Señora de la Salud que las personas que no pudieran ir por alguna razón a Pátzcuaro, si verdaderamente había un impedimento podían pagar su manda en nuestro templo. Gracias Señor por este don tan especial.

Salimos en procesión con ella desde su basílica que abandonaba para siempre, pero para cobijarnos a nosotros, sus hijos lejanos. Entre cantos y alabanzas llegamos a Salvatierra, en Batanes ya nos esperaba mucha gente con música, cohetes, porras, pero principalmente, con mucho amor. Empezó su recorrido triunfal hasta llegar a nuestro templo, donde mucha gente esperaba, hasta me parece un sueño recordar esos repiques de campanas, esas porras que no dejaban de escucharse, esos aplausos, todo, ¡todo fué maravilloso! Pues algo tenía de mágico o divino.

Después vino la eucaristía, su coronación de manos del señor Vicario Episcopal Don Alejo Zavala Castro, ahí sí fué donde todas las gargantas guardaron silencio, lágrimas de emoción y felicidad. Por momentos como este, vale la pena vivir, pues nos podemos sentir satisfechos de ser de ese tiempo, de compartir con los que no lo vivieron, que fué algo hermoso, algo digno, algo inolvidable, durante 25 años ha prodigado sus bendiciones, ha logrado de su hijo muchos milagros, muchas personas vienen a darle gracias, otras a pedirle algo, pero siempre hay un motivo para venir a visitarla.

Para muchos no pasa inadvertido que su primer milagro fué ver convertido nuestro templo, nuestra “capillita” en Parroquia de la Sagrada Familia, pues el 20 de diciembre del año de 1989 fué nombrada como tal, ¿Por qué? No lo sabemos, pero con la llegada de María, solo podemos acertar en decir que: nuestro templo es sencillo como María, es pobre como María, pasa inadvertido a veces como María, es joven como María, pero también, es maravilloso como María, renovado como María, y tiene los brazos abiertos como Cristo y María, para recibir a sus hijos con mucho amor, con mucho cariño, vengan de donde venga, sean como sean, siempre serán bienvenidos.

Sirvan estas palabras para dar a saber a las nuevas generaciones estos hechos sucedidos en nuestra comunidad y que sean la base para buscar la manera de honrarla y venerarla como se merece. También un reconocimiento para nuestro señor cura actual el P. Gabriel Ruiz Rodríguez, párroco que ha sabido darle el culto que se merece nuestra señora, entronizándola durante el quincenario que desde que llegó aquí, año con año se lleva a cabo, que Dios y la Santísima Virgen lo sigan cuidando para que siga trabajando en bien de los demás.

Dentro del culto que tiene nuestra Señora, solo queda por comentar que una vez al año viste su manto rojo: el 15 de agosto día de la Asunción a los cielos. Fecha especial que viste como reina pero día con día y en todo momento, ella es reina y señora de nuestras vidas y es nuestra madre desde el momento que Jesucristo nos la entregó a la hora de su muerte desde la cruz.

José Luz Rivera “Santos”.

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