Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

viernes, 1 de noviembre de 2013

Datos Sobre la Revolución Mexicana

Como todos los años, este 20 de noviembre de 2013 recordarán a nivel federal, estatal y municipal con discursos y desfiles deportivos a los principales revolucionarios de 1910, exagerando cualidades que la mayoría de ellos desconocía, como veremos más adelante siguiendo la pluma de prestigiados escritores no oficialistas o gobiernistas descubriremos actitudes verdaderamente salvajes en los llamados “héroes”, que la historia oficial se empeña en ocultar o disculpar.

Iniciamos con: Francisco I. Madero (espiritista y masón). Tenía solamente 19 días como presidente del país cuando Emiliano Zapata con su “Plan de Ayala” (25 nov. de 1911) le lanzaba fuertes reproches y lo desconocía como presidente. Decía, entre otras cosas que “un hombre se ha adueñado del poder, violando los sagrados principios que juró defender bajo el lema de “Sufragio Efectivo, No Reelección” ultrajando así la fe, la causa, la justicia y las libertades del pueblo”. Ese hombre a que nos referimos es Francisco I. Madero.

Más violento se comportó Pascual Orozco que había sido el segundo de Madero el 25 de marzo de 1912, proclamaba su plan donde decía que: “Francisco I. Madero hizo la Revolución con dinero de los millonarios americanos (de Estados Unidos). Francisco I. Madero, llevó en sus filas filibusteros americanos y de otras nacionalidades para asesinar mexicanos. Francisco I. Madero contrató y recibió a los dos días de subir al poder catorce millones de dólares de Wall Street. Francisco I. Madero robó a la nación asociado con todos sus familiares” –y concluía: “por los delitos y crímenes anteriores se declara a Francisco I. Madero y a sus cómplices traidores a la patria y se les deja fuera de la ley”.

Un protagonista de la Revolución hizo la siguiente revelación: “Madero se levantó en armas para eludir la grave responsabilidad de la estafa cometida en Francia por su agente Stavinsky” (Verdad y mito de la Revolución Mexicana, relatada por un protagonista, Ignacio Muñoz), sin embargo, Madero es conocido en la historia oficial como el apóstol de la democracia.

Venustiano Carranza. Fué Senador en la dictadura porfirista, después aprovechando la Revolución Maderista llegó a ser Gobernador de Coahuila, y por dudosos manejos del dinero, Madero primero y después Victoriano Huerta le pidieron cuentas entre otros de $50, 000 pesos que se robó de un banco de Coahuila, eso provocó que Carranza pensara revelarse contra Madero, pero al ser asesinado, este, se reveló contra Victoriano Huerta, según decía por la muerte de Madero, pero el General Benjamín Argumedo lo desmintió al declarar que: “Yo fui de los primeros a quien Carranza invitó a volteársele al Presidente Madero y mi negativa lo hizo mi enemigo”. Esa negativa le costó la vida. (América peligra por Salvador Borrego).

El Padre Regis Planchet en su libro “El Robo de los Bienes de la Iglesia, Ruina de los Pueblos” dice que “Carranza eran tan asesino como Villa, asesino cobarde que sin arriesgar nada, tomaba venganzas ruines en sus enemigos vencidos, los mandaba fusilar con balas expansivas como a Felipe Ángeles, y añade que las hordas carrancistas amarraban a sus víctimas y les ataban al cuello una bomba de dinamita que hacían explotar en medio de la algazara (vocerío, gritería) de aquella endemoniada canallada, que además inventaron” la corbata revolucionaria”, la cual consistía en atravesar la garganta de los prisioneros con un alambre y así ensartados los colgaban entre postes de telégrafo en racimos de hasta 19 víctimas y los dejaban morir lentamente en medio de los estertores de una agonía espantosa.

También dice que al salir huyendo de la capital del país, al acercarse sus enemigos se robó los 16 millones oro del tesoro nacional y después según una corresponsal del periódico “NY Sun”, cargó 50 trenes con cuantos despojos puede uno imaginarse, como grandes espejos, ropa, tapicería, pianos, coches, etc.”. Pero en la historia oficial es conocido como el Barón probo y humilde de Cuatrociénegas.

Francisco Villa (Doroteo Arango) Ateo, se ufanaba de no tener ninguna religión y por lo mismo se apoderaba de cosechas y ganados. Asaltaba conventos, violaba monjas, asesinaba sacerdotes, cortaba en algunos pueblos del norte los brazos de los varones que se negaban a seguirlo y ametrallaba en un solo día hasta 92 mujeres. En Jiménez cogió por los pies a un niño de 3 años y le estrelló el cráneo sobre la pared de un edificio. En casas grandes, mandó pasar a cuchillo a todos los niños, en castigo por haber huido sus padres al aproximarse aquella fiera.

En Rancho Espejo, Chihuahua a 676 soldados federales los degolló, menos a 2, para que dieran fe de aquella carnicería. A otros, si se compadecía, solamente les cortaba las orejas. En una ocasión que tenía prisioneros a unos padres jesuitas y les daba tortura para quitarles dinero, les decía: “Estos jisuitas himprióquitas no hacen más que chupar con sus colegios el dinero de los ricos ¿y para qué sirven los colegios? yo no fuí a ninguno y valgo más que todos ustedes. No quero tener qué lidiar con jisuitas que es lo mesmo que himprióquitas, lárguense ustedes por una asinadita de esas los ahorco”. Parece que con toda razón era conocido como “Ese torvo asesino” (Libro del Padre Regis Planchet).

Álvaro Obregón (Ateo). Antes de asaltar la presidencia, Obregón hizo a los electores esta promesa: “Os ofrezco para el porvenir derrumbe de iglesias, abolición de la misa, incendio de confesionarios”, “es mi propósito –decía, años después- desarraigar del pueblo su fanatismo religioso, el funesto catolicismo romano”. En una ocasión abofeteó a un indefenso sacerdote que tenía prisionero para ver si era cierto que el pegarle a un fraile se le secaba la mano. La mano no se le secó, pero a poco tiempo una granada se la arrancó en Celaya con todo y brazo. Tiempo después, al estar banqueteando, ese bravucón decía: “he cruzado la república entre las maldiciones de los frailes. ¡qué mayor gloria para mi! La maldición de los frailes entraña una glorificación.

De repente la maldición de Dios, llevada en los fogonazos de José de León Toral cayó como rayo sobre aquel desgraciado que tan horriblemente había escarnecido a nuestro Señor, cuyo monumento en el Cerro del Cubilete impidió terminar diciendo: “yo soy enemigo de Cristo” Yo aborrezco al Sagrado Corazón”, cuyos templos convirtió en inmundas caballerizas por no ser decían: “dignos de otros usos”. Según el diario Monthly World de diciembre de 1927 afirmó que Álvaro Obregón en solo 4 años de su administración como presidente juntó 50 millones de dólares. (Libro del padre Regis Planche).

Emiliano Zapata. Como otros guerrilleros, Zapata había necesitado echar mano del atractivo del botín y el pillaje para atraerse seguidores, por eso recomendaba “el saqueo, el incendio, y el asesinato no son mas que un medio… necesitamos que nos teman y debemos hacerlo incendiando haciendas y matando; que la cualidad de la guerra ha sido siempre la ferocidad”. Pero esa ferocidad no se desplegaba contra las tropas federales, sino contra la población civil de los pequeños poblados. (América peligra por Salvador Borrego).

La Revista Impacto nos proporciona la siguiente información: “la capital del país estaba en poder de la convención y las fuerzas zapatistas guarnecían la aterrorizada y hambrienta “ciudad de los palacios”, ya que nadie se extrañaba del poco respeto de los jefes oficiales y soldados zapatistas que entregándose muchos de dichos jefes y sus subordinados a correr juergas por efectos del licor repentinamente surgían sangrientas disputas. Por ejemplo, el 7 de mayo de 1915 un llamado general zapatista Antonio Barona asesinó vilmente de una puñalada al taquillero del Teatro Apolo. Eso fué el inicio de un escándalo mayúsculo y provocó que Emiliano Zapata ordenara al dicho general Barona presentarse inmediatamente presentarse inmediatamente en el cuartel general, pero Barona no hizo caso de la orden y se encaminó al estado de Morelos, en cuyas serranías y cañadas se dedicó como siempre a asaltar, violar y matar y se mofó de la orden de Zapata, que en Tlatizapán se entretenía en jaripeos, borracheras y peleas de gallos.

“¿Y el asunto del General Barona? No volvieron a acordarse de él”.

Plutarco Elías Calles. Cruel y despiadado perseguidor de la Religión Católica, con él se inició aquella injusta y mal llamada guerra cristera de 1926-1929, su odio al catolicismo sorprendió a un periodista norteamericano, y el escritor francés B. Bassieres opinó que la política religiosa de Calles se resume en: “someter o exterminar al catolicismo”. Calles que de cantinero de pueblo y maestro rural (“Maistro Mechas”) sin título, llegó a ser gracias a la Revolución, uno de los mayores terratenientes de México. Y uno de los pocos revolucionarios que no fué asesinado, solamente fué expulsado del país por su anterior protegido Lázaro Cárdenas. (Libro del padre Regis Planchet).

En líneas anteriores expusimos que la capital del país sufría la ocupación de las hordas revolucionarias y la gente encontró la forma de desquitar su impotencia nombrándolos de diferentes maneras, por ejemplo: Zapata era conocido como: “el Atila del sur” y sus huestes “los sombrerudos, las reverendas mulas y las liebres blancas por su rapidez para huir del enemigo”. Al acercarse Carranza con su ejército constitucionalista a la capital del país, la gente con temor decía: “ahí viene Barbas de Chivo con las uñas listas”. (Revista Impacto).

Por esa época el pueblo dejó de usar el verbo robar y lo sustituyó con el elocuente “Carrancear”. Según información del Padre Regis Planchet y añade que una ocasión un compañero le preguntó a Álvaro Obregón cómo le había ido con la Revolución, contestó con cinismo: “perfectamente bien, soy dueño de medio Sonora y de todas las tierras que quiero. Tengo mas dinero que todos los científicos juntos. Me he apoderado de toda la riqueza pública, y eso que sólo tengo una mano”.

Más barbaridades cometidas por los revolucionarios sin importar quién fuera el jefe pues como vimos en líneas anteriores casi todos eran igual de salvajes y asesinos, sigamos al Padre Regis Planchet (en poder de Villa, cayeron muchos prisioneros cerca de Torreón, su segundo, Rodolfo Fierro mató a sangre fría con su propia pistola a más de trescientos de ellos. En Chihuahua, Villa derrotó al Revolucionario Félix Terrazas, haciéndole 384 prisioneros, a todos ellos, hombres, mujeres y niños los fusiló de 4 en fondo y de un solo tiro: “hay qué economizar el parque, que anda muy caro” decía, a los que no alcanzaron las balas, heridos o no, los quemó vivos y para mayor tortura, con leña de encino verde”

También para economizar parque, el bandolero que se hacía llamar Francisco Murguía ordenó que 150 villistas que tenían presos en Chihuahua fuesen muertos a bayoneta. Descargaron sus golpes los verdugos en la cara, en la cabeza, en el vientre de los prisioneros en medio de un clamor horrible; y los enterraron en una misma fosa, sin aguardar que hubiesen todos exhalado el último suspiro. Yo mismo, escribe un médico norteamericano, vi personalmente a esos demonios torturar a sus prisioneros de un modo capaz de horrorizar a un apache, los vi bañarlos en petróleo y luego prenderles fuego.

Los vi rebanarles las plantas de los pies hasta los huesos, y así forzarlos a caminar sobre nopales; y después de amarrarlos fuertemente, arrojarlos sobre un hormiguero en pasto a las hormigas. Lo cual hizo exclamar a Vasconcelos: “la serie de crímenes de uno y otro bando nos han creado una reputación de salvajismo”. Esto es solamente una pequeña parte de las atrocidades cometidas por los revolucionarios de 1910, no habrá motivo para recordar, menos festejar esta época vergonzosa de la historia mexicana donde la muerte, venganzas, rencores, envidias, traiciones, eran el pan de cada día. Todo por obtener o conservar el poder.

¿Pero qué se podía esperar de individuos en su mayoría incultos, sin el mínimo de instrucción religiosa y temor de Dios? ¿Qué lucharan por ayudar a los pobres? Eso fué sólo un pretexto, lo importante era enriquecerse sin medida y gozar del poder y del dinero, (esa misma “debilidad” o ambición por el dinero la padecen los políticos actuales, lo pudimos comprobar en esa lucha interna de la bancada del PAN en las cámaras por controlar la partida de dinero). También en el libro Metas Políticas de Salvador Borrego, leemos lo siguiente: “para las improvisadas infanterías, arrastradas por un puñado de guerrilleros como Pascual Orozco, Villa, Zapata, etc. todo se reducía a: “irse a la bola” Para muchos no había más móvil que la aventura y el pillaje”.

Y eso trajo como consecuencia una lucha a muerte, entre los principales líderes revolucionarios, pues todos querían el poder para sí, y no compartir con nadie el botín en que convirtieron en esa época a la nación, y por esa razón, Madero, Zapata, Carranza, Villa, etc., fueron asesinados por sus antiguos aliados que no dudaron en aceptar y solicitar ayuda extranjera para eliminar a sus enemigos (como en su tiempo lo hiciera Benito Juárez) por ejemplo Venustiano Carranza estuvo de acuerdo en asistir a la Convención de Aguascalientes y al ser desconocido como “primer jefe” él a su vez desconoció a la Convención, y Álvaro Obregón, que afirmaba “no había general que resistiera un cañonazo de 50,000 pesos”.

En 1924 terminaba su periodo presidencial y cedía el poder a Plutarco Elías Calles, para que él a su vez, se lo regresara 4 años después a pesar de que uno de los principales lemas de los Revolucionarios era “Sufragio Efectivo, No Reelección”. Obregón ya era presidente electo, cuando las balas de José de León Toral acabaron con su vida y su ambición.

Como conclusión de este artículo, podemos preguntarnos ¿se levantaron en armas con el único fin de ayudar a los pobres? La respuesta es sencilla: a nadie le interesan los pobres. (solamente a un santo que ve en los pobres un hijo de Dios). Sólo su beneficio personal en el pasado y en la actualidad. Algunos escritores le llaman “La Robolución”.

D H R

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