Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

miércoles, 2 de octubre de 2013

Narraciones

Un autor espiritista, que no recuerdo su nombre, sustentaba la convicción de que el hombre se movía y actuaba entre dos mundos que son “La Tierra” y “El Cielo”. Cuando nos referimos a este último, simplemente entendemos que se trata “Del Otro Mundo” ó “Más Allá” que muchos no creen en su existencia. Otros oyen esas palabras, pero las sienten tan remotas que no les dan ninguna importancia. Puede decirse que si no fuera por los místicos y los videntes, muy pocos harían hincapié en ello. Por eso los pensadores cuando hablan del “Otro mundo” prefieren usar los términos “Más allá”, en el sentido de que existe, pero que no vemos.

Sin embargo, si nos ponemos a reflexionar un poco y abrimos nuestros ojos, podemos ver con toda claridad que la comunicación de nuestro mundo con ese otro que existe pero que no vemos, es sumamente fuerte y constante. Como evidencia palpable, existen en todas partes centenares de miles de catedrales, parroquias y templos y demás lugares, expresamente edificados para rendir culto al supremo Dios del Universo, creador de todas las cosas. Por eso millones de creyentes decimos: “Vamos a la casa de Nuestro Padre Celestial, para rendirle culto de amor y gratitud y nos ayude a sobrellevar las cargas de nuestra existencia terrena.” Esta actitud del ser humano totalmente espiritual se observa no solamente entre nosotros los cristianos, sino que es común en las otras grandes religiones existentes en la tierra.

Porque aparte de las referidas evidencias que diariamente y en todas partes tienen lugar numerosas apariciones de fantasmas, comunicaciones extrasensoriales de avisos premonitorios como mensajes venidos del otro mundo avisando de un bien o una tragedia. Existen también centenares de miles de oraciones, plegarias y alabanzas que los seres humanos rezan y cantos mirando a lo alto, donde se cree que nuestro Padre Dios encuentra se encuentra en ese Otro Mundo, llamado Cielo. Muchos dirán: ¡Cuánta fantasía! Y así parece ser, pero no es así.

Yo, en mis horas de silencio he volado mi imaginación y como preguntándole a mi espíritu, que me puede responder de tales o cuales enigmas que los espíritus de los muertos nos están mostrando y que nosotros los vemos a través de nuestros sueños o de ciertas revelaciones, las cuales son coincidentes con las creencias de nuestros antepasados y que se hicieron populares. Por cierto, cuando he vuelto en sí, me he reído de mis ocurrencias. Por ejemplo, me he preguntado: ¿Qué clase de vestimenta usan los espíritus en el “Más allá”? La respuesta mas natural sería: “El hombre sin cuerpo físico en el otro mundo no necesita vestidura alguna”. Pero parece ser que no es así. ¿Por qué? No lo sabemos, sin embargo las evidencias parecen ser afirmativas: todos los muertos que en ciertas ocasiones se les aparecen a los vivos, por brevísimos instantes siempre se aparecen vestidos con las ropas que él o ellos acostumbraban vestir.

Por ejemplo, en la segunda Guerra Mundial una madre francesa vió a unos cuantos metros de ella a su hijo vestido de militar conversando con un oficial ruso, vestido en igual forma. Al pretender acercarse a ellos, desaparecieron. Ya habían muerto en el frente. Esto mismo sucede con las señoras y señoritas. Es mas, por regla general, los muertos vistos desde la otra dimensión, se ven mas remozados, mas felices y sin defectos físicos. Yo estoy sorprendido de este fenómeno onírico. Yo tuve un amigo obrero, mucho muy estimado por mi, de nombre Evaristo Ibarra, luchamos juntos las lides sindicales. Con mucha frecuencia lo sueño (el ya está muerto) y siempre lo veo alegre, platicamos, reconozco su voz y la pronunciación de su lenguaje que por naturaleza pronunciaba. Hace unas semanas se me apareció en mi sueño, lo vi muy bien vestido. Su camisa era blanca, blanquísima, su pantalón era de color azul muy bien diseñado, su sombrero era de fieltro muy bonito y sus zapatos lucían nuevos y de color café. Iba acompañado de su esposa, me saludó muy amable. Luego, como que subió a un vehículo y se alejó. Cuando sueño a mis padres, a mis hermanos o a mis amigos, siempre los sueño vestidos con sus ropas que ellos usaban en vida. Pero nunca he soñado a nadie desnudo. Salvo a veces cuando me sueño bañándome en un río o en regadera. Es más, si otros también se están bañando, los veo desnudos dentro del agua.

Las mismas religiones nos muestran a las deidades con sus vestimentas de la época. Por ejemplo, en las apariciones de María Santísima, y San Miguel Arcángel, siempre se han aparecido vestidos. La explicación a este fenómeno puede ser en el sentido de que nuestro espíritu está dotado de ciertas virtudes increíbles, como si sus deseos fueran cumplidos de inmediato. Esto en apariencia parece ser muy simple, pero viéndolo bien, no puede ser cosa de la imaginación del vivo, puesto que es imposible para la mente humana, crear vestimentas, colores y diseños para vestir a los cuerpos de los muertos en fracciones de segundo. Vamos pues lector amigo, ¿qué piensas al respecto?

Otro punto interesante sería este otro: esta necesidad existente en el Cosmos, nos induce a pensar diciéndonos: “Bueno, si en el Cielo no existe la noche, sino que todo es día, entonces en este otro mundo no es posible ver ningún firmamento aunque este exista, pues la luz tapa su visión”. De todo esto no sabemos nada. Aun los espíritus nos dicen al respecto; al contrario parece ser que temen ser interrogados por los vivos, aun en éxtasis o por revelación. En varias cuestiones de estos enigmas, es prudente respetar su silencio.

Aquí tenemos otro de los grandes misterios que todos vamos a conocer tarde o temprano. Este misterio se refiere a la alimentación de los cuerpos. Como todos sabemos, aquí en la Tierra necesitamos comer tres veces al día y beber el agua que se requiere, pero sucede que en el otro mundo es todo esto muy diferente. Allá terminan todas estas necesidades y según los videntes y los místicos, en aquella atmósfera celeste, los espíritus se alimentan de un “néctar” imponderable y una especie de maná líquido que llaman “Panis Angeicus” que los espíritus toman en todo momento, de igual manera que nosotros respiramos el aire, sin el cual no podremos vivir ni cinco minutos.

Así es que, “el que come este pan y bebe este vino, jamás tendrá hambre ni sed”. Esta revelación se la dijo Cristo Jesús a la mujer samaritana.

Como en ese mundo celeste a donde vamos a llegar, nuestro ser espiritual ya no tiene necesidad de comer, vestido, etc. Allí no existe ninguna actividad comercial, porque nadie vende nada ni nadie compra nada. Se acabarán para siempre los atisbos de salir a buscar chamba para ganar el pan de cada día. Otra de las modalidades en aquel mundo es la de que no existe la necesidad de tener dinero para las transacciones, pues allá no se necesita. Cualquier riqueza material de la tierra, en el Cielo no vale nada. Como testimonio de ello, presentamos un curioso mensaje póstumo del espíritu de un finado de nombre Florencio Lira, en el año de 1901. Nos dice: Aquí en el otro mundo, donde me encuentro, no hay ni ricos ni pobres, no hay mas superioridad que la superioridad moral. NO hay superiores, déspotas, porque la verdadera superioridad está en ser generoso, en amar al prójimo como a sí mismo. En amar y perdonar a sus semejantes y a sus enemigos, a ser modestos y humildes.

Pero aún hay mas, como dijera Raúl Velasco en la “tele”. Parece ser que existe otro tercer mundo, conocido desde todos los tiempos por todas las religiones del mundo. Este otro mundo sería y es lo contrario del Reino Celestial. Se le da el nombre de “reino infernal”. En las sagradas escrituras cristianas está escrita la historia de este reinado del diablo, que tiene a sus pies a los hombres del dinero, del poder, del pecado y de todas las malas acciones de esos reyes del mundo, explotadores y corruptores de los hijos de Dios. En este reinado, existen jerarquías, siendo el jefe un tipo espantosamente terrible llamado Satanás. Siendo su lucha principal hacerle la guerra a Dios su creador, y a desviar a los hombres del recto camino que lleva a las almas a la “Nueva Jerusalén”. Aquí en este mundo terreno, quien manda y domina son los hombres más ricos del planeta, el diablo atormenta al hombre por medio de estos hombres que sirven a la causa del maligno. Estos hombres que son los dominadores del mundo a sabiendas de lo que se les espera al final de su existencia, actúan en este mundo sordos, ciegos e insensibles a la tenebrosa eternidad que les espera.

Así las cosas, los seres humanos por fuerza diariamente estamos en contacto con esos dos mundos, que le llaman “el más allá”. Y que de nosotros depende elegir a cuál de los dos dar preferencia. Aquellos que deciden tomar el camino que conduce al Santo Reino de Dios, como principio de cuentas debe renunciar a las obras de Satanás, vivir en unión de su familia con apego a la doctrina cristiana, e interesarse por su santa Iglesia. Las puertas de sus templos están abiertas para todos, ricos y pobres, todos tienen entrada gratis. Los otros, los servidores de Satanás, esos viven completamente alejados de Dios, de su doctrina y de sus templos. Para ellos la mejor vida es disfrutar de todos los placeres, sexo, pornografía, juegos de azar, dinero mal habido, hacerlo todo con gran perversidad y practicar el satanismo en todas sus formas y participar en los ritos practicados en las iglesias de Satanás que en la actualidad parece ser que funcionan con el visto bueno de algunas autoridades, y las ganancias de sus inmundos negocios son fabulosas.

Bueno, amable lector, hasta aquí llegamos, hay muchísimo mas a considerar, pero lo esencial de todas nuestras operaciones debe ser en pro de la causa de Cristo y no de la causa del espíritu maligno que nada bueno tiene qué ofrecer a sus seguidores.

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