Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

lunes, 2 de septiembre de 2013

Meditando a Solas

Estoy solo en mi alcoba, es un atardecer triste y nostálgico, humedecido por una lluvia tenue que cae golpeando suavemente el tejado invitando con el ruido que produce a la reflexión, a la meditación, al recogimiento espiritual. De pronto se escuchan las campanas del templo de mi barrio que con su alegre repiquetear invitan a la oración, a la plegaria. Cómo me gusta el sonido que producen todas ellas, pues al repiquetear tan alegremente, me están diciendo también que la vida es bella y que por lo mismo debe ser un continuo alabar a Dios por toda su bondad para con sus criaturas, por habernos concedido un día más en nuestra vida, por habernos hecho a su imagen y semejanza, por haber puesto todo lo creado por Él a nuestra disposición para con ello dar testimonio cada día de su Omnipotencia Infinita.

Qué amor tan grande tiene Dios con nosotros al habernos entregado a su hijo y viniera a morir por nosotros para redimirnos del pecado de nuestros primeros padres y así dejar para nosotros el gran mandamiento del amor; y qué ingratos somos las mas de las veces con Él, al no reconocer nuestra pequeñez ante Él y darle gracias por todo, por las cosas buenas que nos pasan y también por las malas, pues todo es, según nuestros merecimientos y para nuestro bien.

Señor, ¡Qué grande eres! Perdóname por nuestra cotidiana indiferencia para contigo. Estas campanas que ahora escucho me están hablando de ti, me están diciendo con sus voces metálicas que TÚ EXISTES, y que lo menos que yo puedo hacer es reconocerlo así y darte gracias al final de cada día por el don preciado de la Vida, de esta vida que es tuya y como dueño de ella puedes recogerla para ti cuando tú quieras y de la cual yo tengo que dar cuentas ante tu Divina Presencia.

Señor, nos falta mucho también, para saber amarnos unos con otros como tú nos lo pediste, pues somos hijos de un mismo Padre. Cuánta envidia hay entre nosotros, cuánto egoísmo y cuánta maldad existen en este mundo creado por ti, y no necesariamente porque tú quieras que así sea, no; es que los humanos Señor, somos ruines, y no queremos reconocer que esta vida es pasajera y por lo tanto, debería estar impregnada de un constante amor para nuestros semejantes. Pero no es así Señor; el hombre es el peor enemigo del hombre; nos hacemos la guerra unos contra otros, nos asesinamos impunemente y hasta con saña y la mayor crueldad posible; queremos que nuestro hermano esté siempre humillado y mordiendo el polvo a nuestros pies. Señor, cuánta maldad y qué lejos estamos de llevar a la práctica tus sagrados designios.

Esta tarde triste, húmeda, llena de nostalgia, me ha hecho sentir y meditar en nuestra frágil naturaleza humana; me han hecho sentir estas campanas del templo de mi barrio, la necesidad de acordarme de Dios, de su grandeza y de su gran amor hacia nosotros. Esta tarde ha sido para mi una tarde muy singular en el correr de los años de mi vida. Gracias Señor por haberme concedido esta tarde.

J. E R B.

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