Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

jueves, 1 de agosto de 2013

Reflexiones

Episodios de un Rey que llegó a los Altares

Muchas veces algunas personas, unas por ignorancia y otras por maldad, como son los protestantes, critican a quienes veneramos y admiramos las virtudes heroicas de los santos de la Iglesia. Dicen que todos somos iguales y que no se merecen los santos el culto que les brindamos. Opinión definitivamente equivocada, como veremos en unos cuantos episodios de la vida de San Luis Rey de Francia.

Nació Luis IX, Rey de Francia el 25 de Abril de 1214. Muy pequeño quedó huérfano de padre, y su madre Doña Blanca de Castilla se encargó de Educarlo en las virtudes cristianas. Lo primero que le preocupó al subir al trono fué conocer el estado real de su pueblo. Para ello, él mismo recorrió casi todo su territorio a pie o en carruajes y se paraba a hablar con todos los que querían acudir a él.

Como resultado de ese conocimiento fueron unas sabias leyes que promulgó en el año de 1254. Siempre trató de comportarse como hijo obediente de la Iglesia. Trabajó con todo empeño contra la herejía. Jamás se quedaba un día sin asistir a la Santa Misa y recibir la Sagrada Eucaristía, si podía, oía varias misas al día.

Le gustaba asistir a la liturgia y participar en el rezo por la mañana, para ello se levantaba a la media noche. Reformó las costumbres de su pueblo, la blasfemia, la usura, la explotación de los indefensos los desterró de su reino. Para escándalo de los cortesanos y de la corte, los pordioseros y leprosos podían comer en la mesa del Rey y algunas veces él mismo les servía.

Poca gente sabía que bajo su atuendo real llevaba el hábito de San Francisco.

Con sus ahorros, construyó catedrales y abadías, fundó la Universidad de Tolosa para combatir la herejía. Personalmente participó en 2 cruzadas, con el fin de rescatar los santos lugares de Tierra Santa que estaban en poder de los musulmanes, desafortunadamente su objetivo no se logró. Su conducta siempre estuvo apegada a las leyes de la Iglesia, la defendía y la ayudaba en sus necesidades.

Era amado y respetado por chicos y grandes por recto y justiciero. Cuando visitaba algunas de las ciudades de sus dominios, entraba a los hospitales y les hacía obsequios a los enfermos y algunas veces llegó a curarlos con sus propias manos. En medio de una brillante corte, San Luis vivía con tanta sencillez que tuvo que soportar las recriminaciones de su esposa, por menospreciar su dignidad.

Cuando falleció su madre a quien mucho amaba, se dirigió al Señor con la siguiente plegaria: “Te doy gracias padre bueno, por la madre que me diste. Ella me educó y formó. Págale Señor cuanto por mí hizo, ahora te la haz llevado a la gloria, bendito seas por los siglos de los siglos.”

San Luis falleció el 25 de agosto de 1270 y el Papa Bonifacio VIII lo declaró santo el 11 de agosto de 1297 y fijó su fiesta para el 25 de agosto.

Datos tomados de los Libros “Vivieron el Evangelio” por Guillermo María Havers y “San Luis Rey de Francia” por Rafael Ma. López-Melus


Concluimos con una pregunta y una afirmación:

¿Habrá en la actualidad un rey o presidente de algún país, que tenga las virtudes, cualidades y sentimientos que brillaron en la vida de San Luis Rey de Francia?

Sólo Dios lo sabe. lo que sí pudimos comprobar, es que hay mucha diferencia entre los santos y la mayoría de nosotros.

Inspirados en las virtudes de este gran santo, publicamos a continuación una serie de 4 versos en su honor:


La Humildad Crea o No lo Crea

Es virtud no comprendida
en las nuevas sociedades
que tienen por prioridades
triunfar, triunfar en la vida
a costa de lo que sea.

En esa y otras virtudes
destacó un soberano
que convivió con su gente,
el noble o el indigente.
A todos tendió la mano
y reformó sus costumbres.

También con sus propias manos,
con amor y con ahínco
a los enfermos curaba,
los pobres alimentaba,
porque como San Francisco
todos eran sus hermanos.

Desde su tierna infancia
cautivaba por su encanto,
eran sus costumbres sanas
todas virtudes cristianas.
Por lo mismo, es un gran santo
Luis Noveno, Rey de Francia.

También en el mes de agosto, se festeja a San Agustín y Santo Domingo de Guzmán.

Con afecto y respeto al Padre, Doctor
y Obispo, San Agustín en su fiesta el 28 de agosto.

Mes de agosto casi al fin
día 28 más exacto,
celebramos a un gran santo,
el Padre y Obispo Agustín.

¿Qué podemos añadir?
Sobre el gran San Agustín
Muchas son sus biografías,
películas y exposiciones.
Y en célebres confesiones
él nos descubre su vida
con todos sus pormenores.

Santo Domingo de Guzmán, Sacerdote y Santo español de 1170-1221 fundador de la orden de los Predicadores y propagador de la devoción del Santo Rosario, fiesta el 8 de agosto.

Fué Domingo de Guzmán
un santo extraordinario.
Predicó con mucho afán
rezar el Santo Rosario,
devoción que nuestra madre
recomendó con anhelo
rezarlo mañana o tarde
para conseguir el Cielo.

San Ignacio de Loyola, Sacerdote y Santo español, fundador de la Compañía de Jesús, de 1491-1556, fiesta 31 de julio.

Herido en una batalla
un hombre convalecía,
cuando escuchó la llamada
que Nuestro Señor le hacía.

Se arrepintió por completo
de sus errores y vicios,
con penitencias, sin cuento
y su tanda de ejercicios.

San Ignacio de Loyola
después de pesada cruz,
le ha quedado como aureola
la Compañía de Jesús.

Te Adoraré

Te adoraré
Dios Padre Omnipotente.
Te adoraré, Jesús mi Salvador.
Te adoraré, Dios Espíritu Santo.
Te adoraré, para siempre mi Dios.
Creo hay en Dios
tres divinas personas:
El Padre Eterno y Jesús Redentor,
el Dios hecho hombre y el Espíritu Santo,
en tres personas, adoro un solo Dios.
Te adoraré
con todas las estrellas
que con su luz, reflejan tu esplendor.
Y en nuestra tierra, siembras flores tan bellas,
¡qué poder tienes, qué Grande eres Señor!
Te adoraré
con todas tus criaturas,
los pajarillos te cantan sin cesar.
el sol, la luna y todas las estrellas,
los pecesillos que nadan en el mar.
Te adoraré
porque todo me has dado:
la vida, el ser y todo lo demás.
Por eso te amo y quiero agradecerte
que yo sin ti, no existiría jamás,
que yo sin ti, no existiría jamás,
que yo sin ti, no existiría jamás.

Letra y Música:
Raúl Hernández Ramos


¡Escucha!

Cuando te pido que me escuches y tú empiezas a aconsejarme, no estás haciendo lo que he pedido.

Cuando te pido que me escuches y tú empiezas a decirme por qué yo no debería sentirme así, no estás respetando mis sentimientos.

Cuando te pido que me escuches y tú piensas que debes hacer algo para resolver mi problema, estás decepcionando mis esperanzas.

¡Escúchame! Todo lo que te pido es que me escuches, no quiero que me hables ni que te tomes molestias por mí. Escúchame, sólo eso.

Es fácil aconsejar. Pero no soy un incapaz.

Cuando tú haces por mí lo que yo mismo puedo y tengo necesidad de hacer, no estás haciendo otra cosa que atizar mis miedos y mi inseguridad.

Pero cuando aceptas, simplemente, que lo que siento me pertenece a mí, por muy irracional que sea, entonces no tengo por qué tratar de hacerte comprender más y tengo que empezar a descubrir lo que hay dentro de mí.
R. O’Donnell

“La armonía de todo hogar feliz y estable inicia en el diálogo constante”.

Sabemos que no siempre es posible mantener continuamente un buen ambiente en el hogar, pero entre más evitemos los agravios y las desconsideraciones, menos momentos de crisis existirán en nuestra relación. Olvidémonos de la actitud de hallar un culpable, y pasemos a considerar global y lúcidamente qué parte de responsabilidad nos corresponde a cada uno en los hechos. Permitamos siempre que fluya la comunicación.

“Feliz el hombre que tiene una buena esposa: vive el doble”.
Johann Wolfgang Goethe

Cincuenta Años

El día en que la tía Esperanza y el tío Luis celebraron su cincuenta aniversario de boda, uno de sus sobrinos les preguntó:
-¿Cuál es el secreto del éxito de su matrimonio?

Mi tía Esperanza dijo:
-No hemos tenido nunca desavenencias ni peleas. Si hieren tus sentimientos –siguió diciendo-, cierra bien tu boca y no digas una palabra. Si tienes que decir algo, díselo a él solamente, y sobre todo utiliza las siguientes medidas:

El Silencio: cuando sus palabras hieran.
La paciencia: cuando tu cónyuge sea descortés.
La sordera: cuando se trate de un chisme.
La comprensión: ante las dificultades.
La prontitud: ante los deberes desagradables.
La valentía: cuando sobreviene el infortunio.

Ya que “el amor es una canción que se debe cantar a dúo y con la misma intensidad”
Anónimo

Tomadas del Libro: “Reflexiones y Pensamientos
para lograr un Matrimonio Feliz”

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