Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

lunes, 1 de julio de 2013

Biografía

Juan de Dios Peza: “El Cantor del Hogar”

Esta composición tan espléndida pertenece a la composición literaria de Juan de Dios Peza, El Cantor de Hogar. Nace en la Ciudad de México, inicia sus estudios de agricultura, luego de Medicina, en donde es compañero y condiscípulo de Manuel Acuña, y acabó ejerciendo la diplomacia.

Juan de Dios se inicia en las letras como autor teatral: La ciencia del hogar, sainetes y zarzuelas, Últimos instantes de Colón. Fué a España en 1878 como secretario de la legación en Madrid, donde publicó su antología Lira Mexicana y, en prosa, Poetas y escritores mexicanos, con lo que dió a conocer en Europa la producción literaria de su patria. Al volver a México dió clases de declamación en el Conservatorio, fundó una Sociedad de autores Mexicanos, fué diputado y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. Peza sigue la escuela de poetas románticos españoles, pero sus temas se centran en la patria y el hogar mexicanos. De entre sus varios volúmenes de poemas, alcanzó fama internacional Cantos del hogar, donde encontramos sus composiciones más populares, y en donde se manifiesta como el hábil versificador que sabe explotar la melodía de la lengua.


México y España

Allá tras del mar, la playa amena
de la tierra del Cid y los Guzmanes;
la Cruz plantada en la morisca almena
y rotos a sus pies los yataganes.
Allá, campos cruzados de gomeles;
murallas que los godos defendían;
palacios con ojivas y caireles;
donde las ninfas del harén dormían.
Allá, las cinceladas armaduras;
los cascos relucientes con cimeras;
los castillos poblados de aventuras;
las torres coronadas de banderas.
Allá, los altos picos del Montayo;
el Guadalete con la sangre tinto;
los manes de Rodrigo y de Pelayo;
las tumbas de Fernando y Carlos Quinto.
Allá, todo eso que esplendor se llama:
la tradición, la fábula, la historia,
los hechos coronados por la fama
y los héroes ungidos por la gloria.
Aquí, las noches llenas de luceros,
el campo lleno de silvestres flores,
el volcán con sus hondos venquisteros
y el lago con sus juncos tembladores.
Aquí, la viren tierra americana,
bajo su azul y eterno cortinaje;
el rey desnudo, la vestal indiana,
el bosque inculto y el aduar salvaje.
Aquí, errabundo, el ignorado atleta
de audacia ejemplo y de valor tesoro;
en las entrañas del peñón la veta,
y el barro confundido con el oro.
Aquí el templo de tosca gradería
el ídolo hecho un Dios omnipotente
y del pueblo la sorda gritería
al verlo bautizar con sangre hirviente...
Aquí, sólo un baluarte, la montaña;
allá, torres y naves y cañones;
tal fué Tenoxtitlán; tal era España:
¿Cuál vencerá en la lid de ambas naciones?
Admiro, Iberia altiva, tu nobleza,
tu carácter indómito y bravío;
pero a la par admiro la llaneza
y el heroico valor del pueblo mío.
¿Qué hallaste en estos reinos ignorados?
Un pueblo que del oro se engríe,
una Otumba que asombra a tus soldados
y un Cuauhtémoc que en el tormento ríe.
Culparte en nuestros siglos fuera mengua;
venciste y nadie intentará culparte;
entre tus dones heredé tu lengua
y nunca la usaré para insultarte.
Si a la justicia destronó el capricho,
si está con sangre escrita cada hazaña,
¡ah!, Yo diré lo que Quintana ha dicho:
“Crímenes son del tiempo y no de España”.
¡Nuestra sangre es igual! Que nadie oponga
a nuestra unión calumnias y rencores:
¡La plegaria inmortal de Covadonga
siglos más tarde resonó en Dolores!
La misma en nuestra raza altiva y fiera,
igual nuestro carácter franco y rudo:
aquí, el águila libre por bandera;
allá, el león, por símbolo y escudo...
Hoy la gloria con bellos arreboles
ilumina enlazadas nuestras manos:
¡honor eterno a México, españoles!
¡honor eterno a España, mexicanos!

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