Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

lunes, 1 de abril de 2013

Narraciones

Las Matemáticas

Esta ciencia de las matemáticas ha sido en todos los tiempos un poderoso obstáculo vencido por muy pocos. Es causa de regaños, de grandes y frecuentes castigos, de enormes preocupaciones de estudiantes infantiles y juveniles. También de sus padres. La falta de comprensión de esta materia en las escuelas causa ansiedad y preocupación; es causa también de abandono de estudios debido a la gran dificultad que se tiene tanto en la forma de enseñarse como en la de comprenderse.

Quien esto escribe, no recibió dones especiales de inteligencia ni de memoria; la capacidad recibida por la naturaleza fué un poco superior a la mediana. No me estoy quejando aunque confieso que estoy dolido por no haberlos recibido. En esta vida todo tiene su lado luminoso y su lado oscuro, la ley de los binarios opera en toda la naturaleza y así sabemos que existe el bien y el mal, lo alto y lo bajo, premio y castigo, amor y odio y una línea interminable que nos haría caer en el exceso aburrido.

Por naturaleza y por la enseñanza y el ejemplo familiar, de mi madre pues, recibí y acrecenté la facultad de la perseverancia, de perseguir incansablemente el éxito. Antes dije que no me estaba quejando, ahora digo que no estoy presumiendo; también digo que citaré sólo algunos nombres y si hago referencia a mi persona es porque he escrito mis vivencias además de que no debo tocar otras vidas. Así pues, la humanidad, en su desarrollo ha creado las matemáticas, los números, y las operaciones que con ellos se hacen.

Los números fueron hechos para contar, las medidas se expresan en cantidades, el tiempo humano se mide en cantidades de segundos, minutos, horas, días, semanas, años y múltiplos de años, entre otros: siglos y milenios. Los pueblos matemáticos: los griegos, árabes, romanos, mayas, muchos más. Pero, nosotros, nuestro pueblo, nuestros niños y jóvenes seguimos en problemas con el problema de las matemáticas.

Cursaba el tercer año de primaria; nuestro maestro nos enseñaba un día los números quebrados y sus operaciones básicas. Preguntó si entendíamos, yo con mucho miedo y vergüenza respondí que no, hubo risas y el maestro repitió su enseñanza; después de ello volvió a preguntar si habíamos entendido y con más miedo y más vergüenza y más burlas, volví a decir que no entendía. El maestro estaba molesto, se mostraba amable, repitió su explicación y para ello utilizó varios gises, luego más gises y más y más. Partió los gises por mitades, tercios y cuartos; los juntaba para formar la unidad y varias unidades.

Ese día no salimos a las 12:00, mediodía en punto, ese día los cantores del salón no fuimos a vocalizar, algunos padres de familia estaban molestos por la tardanza de sus hijos en llegar a casa. Aprendí a hacer operaciones con números quebrados. En el anterior año 2011, asistí a la librería que tiene el maestro en Celaya, le platiqué este episodio y dijo que no lo recordaba, yo le dije que lo he recordado y le he estado agradecido toda la vida. Después de la primaria, fui a estudiar al Seminario de Morelia, allí estudié el álgebra, todos nuestros maestros eran sacerdotes, tenían una historia de éxitos y con estudios en el extranjero.

También tuve problemas y muchos, para entender y aprender el álgebra, pero la aprendí. En la escuela Vocacional de Ciencias Sociales estudiábamos la geometría analítica. Tuve la ocurrencia de preguntar al maestro el porqué los futuros Contadores Públicos teníamos el deber de estudiar la geometría analítica y para qué nos servirían los conocimientos de tangente, seno, coseno y me respondió: “esta materia, como todas las que están dentro de las matemáticas sirven para desarrollar la mente”. Marco Tulio Cicerón (106 a.C.- 43 a.C.) respondió lo mismo a la misma pregunta hace 2060 años aproximadamente.

En el año de 1968 me encontraba estudiando en la Escuela Superior de Comercio y Administración del Instituto Politécnico Nacional. Una de las materias que conforman el programa de estudios es Cálculos Financieros; en esta materia se enseña a calcular el interés simple y compuesto que produce un capital, los plazos de tiempo en el cual debe estar invertida una cantidad de dinero y a qué tasa de interés para que produzca una cantidad deseada; sirve para las finanzas.

Los cursos eran anuales y se promediaba la calificación de los dos semestres. El maestro traía en sus manos la lista de calificaciones. Empezó a pasar lista de asistencia diciendo la calificación obtenida por cada alumno. Los resultados del examen fueron desastrosos pues las calificaciones de todos no pasaron de 5 cinco. Las risas de los compañeros desaparecieron pronto. A causa de las risas, de los nervios y del estupor, no escuché mi calificación; me daba miedo preguntarla. El maestro caminaba frente al pizarrón con mucho coraje y nos lanzaba miradas entremezcladas con tristeza y enojo.


Si un alfiler hubiera caído al suelo, habríamos escuchado el sonido fielmente. En un momento inesperado dijo mi nombre y agregó con mucho énfasis ¡diez! Escuché latir mi corazón. El maestro me preguntó: ¿es usted repetidor? Y sin esperar respuesta volvió a preguntar: ¿trabaja en un banco?, ¿en dónde aprendió cálculos financieros?

Después añadió: ¡gracias a usted, no renuncio a los muchos años que llevo como maestro! Me invitó a su oficina en una empresa constructora, tomamos café y platicamos. Le conté cómo fue que aprendí a estudiar y cómo aprendí las matemáticas y le dije que el mayor mérito lo tenían los maestros que tuve desde la primaria, en Salvatierra, Gto. Le dije que a él y a todos mis maestros les estaba agradecido y que lo estaría siempre. Nos apretamos la mano en forma muy afectiva y nos despedimos quedando como amigos.

R R S

Don Enrique y su Mercado

Durante la colonia, los mercados consistían en puestos semifijos asentados en plazas, calles y jardines. Nuestro comercio se realizaba en esas plazas y jardines; existen crónicas de los puestos establecidos en el Jardín Grande; en el Jardincito del Diezmo, donde se vendían las ollas y cazuelas de barro; y en la Plaza del Carmen, antes de la construcción del Teatro Ideal.

Nuestra ciudad es de las primeras en que se construyó un edificio ex profeso para mercado, en otras han sido adaptaciones de construcciones que fueron hechas con otros fines; por ejemplo, el de la Ciudad de Guanajuato estaba destinado para la estación del ferrocarril. Su imponente fachada de cantera estilo neoclásico, con sus columnas dóricas que flanquean el arco de la entrada principal, es la presentación del amplio recinto rectangular con sus puertas frente a las calles que en él confluyen.

El creador de este magnífico edificio civil fué Don Enrique Montenegro, un mayor de caballería nombrado Jefe Político del distrito en agosto de 1907, durando en el cargo hasta la primavera de 1911. Existía una plaza con una fuente en el centro donde confluían las Calles de Guerrero, Juárez, Arteaga y Federico Escobedo. Dicha fuente era igual a la que hoy se encuentra en nuestro Jardincito de Zaragoza, con sus cuatro cabezas de perro chorreando agua por el hocico. La fuente original fué construida por los Religiosos Carmelitas con motivo del segundo centenario de la fundación de la ciudad. Por esta razón se le conoció como Plaza de los Perros.

En esta plaza se proyectó y construyó el mercado.

Se cuentan muchas anécdotas de Don Enrique. Quien mejor lo describe es nuestro ilustres poeta Don Alfonso García Álvarez en su obra “Mi Ciudad y Yo” de quien tomo el siguiente texto:

“Se cuenta como se construyó en los albores de las inquietudes de la revolución y en plena revolución se inauguró, Don Enrique Montenegro carecía de presupuesto económico para las obras que se había propuesto fundar, por lo tanto, para realizarlas dio de multar a todos los habitantes, tanto de la ciudad como de los alrededores, que concurrían a ella, por cualquier motivo por leve que fuera. Una de las faltas más castigadas por este funcionario, era de decir palabras mal sonantes en público, las multas por cada mala palabra eran de un peso, que aquel entonces, resultaba demasiado caro alejarse de urbanidad”.

¡Pobres arrieros, no les cuadraba el gasto!

Pero hubo más, quedó terminantemente prohibido entrar a la ciudad en calzón de manta, so pena de pagar también un peso de multa. Para evitar la sanción, nuestros vecinos de los pueblos y rancherías cercanas se esperaban en el Puente de Batanes turnándose un pantalón para entrar a la ciudad, arreglar su asunto y volver, para que se lo pusiera el que seguía. Hasta un humilde panadero pagó las estrictas medidas de Don Enrique, este rústico comerciante recorría nuestras calles ofreciendo su mercancía en un canasto de mano, eran de esos panes que hoy conocemos como bisquets, o volovanes, él los ofrecía gritando: ¡Aquí están sus ojos de buey!

Le tocó la mala suerte de encontrarse a Don Enrique, quien de inmediato ordenó confiscarle su mercancía y el dinero de la venta, además le ordenó cambiarle de nombre a sus panes. En su reglamentación encontramos disposiciones interesantes difíciles de observar hoy en día, las más significativas eran:

En su Art. 1° puntualizaba: “Es arbitrio propio del municipio el edificio público que se construyó en esta ciudad, denominado Mercado Hidalgo”.

En el Art. 2° señalaba la facultad del H. Ayuntamiento de nombrar un administrador apto y honrado, entre sus obligaciones estaban las siguientes: Abrir a las 4:30 de la mañana el mercado y cerrarlo a las 8:30 de la noche; Consignar a la Presidencia Municipal a cualquier persona que tenga puesto y observe mala conducta o se encuentre en estado de ebriedad, así como a los que venden mercancía adulterada o en estado de putrefacción; cuidar de que diariamente se conserve el mercado en perfecto aseo, los dueños de las casillas y puestos estarán aseando sus frentes en forma constante, cuidando de que no haya basura y cáscaras de fruta en el pavimento. Otras disposiciones eran también:




“El administrador podrá retirarse diariamente de 1 a 3 PM., dejando en su lugar a un cabo de policía; la compra y venta de legumbres y artículos de primera necesidad a los acaparadores, sólo podrá efectuarse los domingos después de las 12 del día; quedaba terminantemente prohibido, instalar en el exterior del mercado toda clase de juegos, los que incurran en esta falta tendrán una multa de diez pesos; queda estrictamente prohibido arrojar en el interior del mercado basura, cáscaras de fruta, piedras, aguas sucias y todo aquello que cause daño o molestia a los transeúntes o que ensucie el pavimento; queda prohibido introducir toda clase de bebidas alcohólicas a los que tengan puestos en el mercado, y a los transeúntes y arrieros estacionarse en lugares que impidan el paso; queda prohibido pintar o rayar las paredes del mercado, así como poner anuncios”.

Valieron la pena los excesos de Don Enrique; si bien no educó al pueblo, sí nos heredó un bello mercado difícil de igualar hoy en día.


Los Pregoneros

Pregón en términos modernos y a la vez tradicionales, es el anuncio que se hace de una mercancía en la calle y a gritos. Los pregoneros descienden de linajes reales en la tradición popular de la comunicación masiva. Son los descendientes de los heraldos de los reyes o de aquellos juglares que cantaron el Mío Cid. Descendientes de la tradición hispánica somos los mexicanos, depositarios del arte de gritar para que todo mundo lo sepa. En Salvatierra este personaje ha adornado nuestra coreografía de la vida cotidiana, arrancando de nosotros la sonrisa o la simple intención de escuchar el grito.

Quién no ha visto u oído en el mercado o en una céntrica calle aquello de: “atrás de la raya que estoy trabajando” o “¿dónde quedó la bolita?”. Y, ¿no esbozamos una sonrisa? Cuándo en la feria nos ofrecen un montón de cobijas a bajo precio con la maliciosa frase de ¡lléveselas señora, para que cobije al viejo! Los pregoneros de nuestra ciudad también son historia nuestra, nos han dejado ese sabor de boca inconfundible que saca a cualquiera de la diaria rutina.

Era común escuchar allá por 1917 al pregonero anunciando un domingo por la mañana: “Cine en el Teatro Salón Ideal, la hermosa vista en ocho partes titulada Susana, con la mejor música ambiental”. Habría qué recordar que la música y los músicos eran necesarios, pues el cine era mudo y nos anunciaba una película de ocho rollos, para pasar una solaz tarde de domingo.

Con el paso de los años, el viejo “Teatro Ideal” fué reemplazado por el gran “Cine Rex” con sus películas sonoras. El pregonero conocido entonces era Don Pedro Carrasco, se paraba en medio de las cuatro esquinas en el cruce de nuestras calles para anunciar con su bocina de lámina y a todo lo que su gaznate daba la cartelera. Le siguieron en estos menesteres un dúo dinámico; mientras Pino pegaba con engrudo los carteles en las esquinas, Juan “Tatachún” Fuentes anunciaba a viva voz las películas en cartelera. La coreografía publicitaria en muchas ocasiones los acompañaba: cuando exhibieron la película “La Rebelión de los Colgados” en cada uno de los postes de la Calle Hidalgo se colgó por el pescuezo un muñeco de trapo en tamaño natural; y en las películas de temas de la revolución, desfilaban con el pregonero jinetes vestidos a la usanza de Pancho Villa o Zapata.

Pero llegó la tecnología y con ella todo cambió, la vieja bocina de lámina fué sustituida por los aparatos de sonido montados en un vehículo. Don Isidro Espinosa fué el nuevo pregonero; con su inconfundible voz nos anunciaba los grandes estrenos cinematográficos de Hollywood en cinemasco y technicolor: “Este domingo en su Cine Rex la película jamás filmada en todos los tiempos; LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ, con Clark Gable y Vivian Leigh” y continuaba diciendo: “Luneta 0.80 centavos, balcón 0.30 centavos”.

El cine desarrolló en nosotros todo un lenguaje que nos permitió comunicar todo lo relacionado con él; la matinée eran las funciones matutinas de los jueves y domingos, decíamos: “vamos a la mati”; los miércoles era una función con tres películas o “churros” a bajo precio, era la función popular, mejor conocida como “la popu”; y los que entraba a balcón estaban en “gallola”; eso sí, si a Don Isidro se le quemaba un rollo y la película se cortaba, el respetable público al unísono ¡“cácaro”!.

Afuera del cine el “güero gelatinero” las ofrecía a cinco centavos las de agua y a diez las de leche, y con su canasto bajo el brazo el “Picochulo” gritaba: ¡Tacosh! de frijol y carne. Por aquellos años, la moral religiosa estaba a la orden del día, en los templos había a la entrada un pequeño pizarrón con las clasificaciones de las películas por exhibir; las de clasificación “A” eran aptas para todos, las de la “B”, para adolescentes y adultos, y así sucesivamente hasta llegar a la C3, que eran las prohibidas para todos y contrarias a la moral católica. Un caso de moral muy
comentado en esos tiempos, fué cuando el Sr. Cura Don Ruperto Mendoza se sentó en una de las banquitas de enfrente del cine para que la gente no entrara a ver la película que exhibían: Era una titulada “Mulata”, en la que la artista –Ninón Sevilla si no mal recuerdo- en traje de rumbera aparecía en la escena con el torso desnudo y bailando. Esa era la moral de entonces; hoy está más pornográfico cualquier comercial en la televisión.

Otros pregoneros vagaron por nuestras calles. Lencho ofreciendo la garbanza y los elotes con su grito: ¡ANSA! ¡ELOTIS! De él se cuenta la anécdota que al pasar frente al Templo de Capuchinas, una tarde, tocó la casualidad que el Padre Gilberto Farfán, capellán del lugar, daba ejercicios espirituales a matrimonios, estando en el clímax de su exposición dijo: -¿Saben ustedes a qué vino Dios al mundo? Cuando se escuchó desde la calle el grito de Lencho: ¡A comer elotis! Con trabajos Don Gilberto retomó la seriedad del acto.

Otro era Juanito el nevero, con su bote cargado sobre su cabeza hacía alto en las esquinas ofreciendo su rica nieve de limón. La ofrecía con su conocido grito: ¡QUÉ BUENA, QUÉ BUENA, qué buena... la nieve! Nada más que daba la casualidad que el grito acompañaba a alguna guapa muchacha de buen ver que en ese momento pasaba frente a él, con la consecuente risa de los ahí presentes. Su pregón en más de una ocasión le causó serios problemas con la autoridad.

No podemos olvidar a Don Manuelito, con su bote lleno de helados de fresa, nuez y piñón, pregonando: ¡Helados rellenos de nuez y piñón! Y que no se encontrara como era su costumbre, a sus clientes cotidianos para jugarse ese rico manjar en un volado, él siempre iba sol; le llegaron a bajar el bote completo. Y no hay que olvidar a Don Antonio Martínez con su inolvidable grito: ¡HOGAO!.

Pero no cabe duda, el zar de nuestros pregoneros ha sido Ángel “El Prieto” Zavala. Quién no lo recuerda en su estanquillo del Portal de Zaragoza entre periódicos, revistas y siempre acompañado de alguna novedosa mascota; desde un perro o un gato, pasando por changos, loros y hasta tlacuaches, siendo la atracción de chicos y grandes. Se recuerda su grito en nuestras calles y plazas: ¡Está pegando maca! o en el mercado cuando exclamaba: ¡Sabe que le cuelga al viejo! Cuando cambió su estanquillo por un carrito de mano con una cornamenta fijada en el frente, se anunciaba: ¡Ahí va el buey! En política y a los políticos les decía con su sonora voz: ¡Ahí viene Temo!, refiriéndose al Ing. Cárdenas, del que supongo era simpatizante.

Entre los productos editoriales que distribuía, se contaban: “El Sol del Bajío” y “La Voz de Michoacán”, además de las revistas de corte policiaco: “Alarma” y “Magazine de Policía”. Su modo peculiar de ofrecer a gritos su mercancía no tiene otro igual, para anunciar por ejemplo, la noticia aparecida en una revista policiaca en la que se daba cuenta de una muchacha asesinada y abandonada en un baldío, lo decía en esta forma: ¡Quedó con los brazos cruzados, con los ojos y la boca abierta como pidiendo amor!.

Hoy, con los nuevos métodos de comercialización y mercadotecnia, esta casta de gentilhombres está a punto de desaparecer, y los que quedan ya ni gritan.

¡Qué lástima!

Tomadas del Libro: “Leyendas, Cuentos y Narraciones de Salvatierra,
Segunda Parte” de Miguel Alejo López


La Risa Macabra del “Monje Loco”
por : R M P

Si mal no recuerdo, allá por la década de los años 70’s, editaban una revista titulada: “El Monje Loco”. Tan pronto aparecía, siempre la compraba. Me emocionaban sus narraciones y sus personajes ficticios, porque al empezar decía: “NADIE SABE, NADIE SUPO LA VERDAD DEL ESPANTOSO CASO DEL BARCO FANTASMA; o bien: “EL CASO DE LA MISA DEL MUERTO”. Luego, al final de sus historietas, burlonamente decía: “SÍ, NADIE SUPO... je, je, je, je... QUE DUERMAN BIEN, je je, je...

Pues bien, ha habido y hay escalofriantes espantos que por las noches oscuras y silenciosas se les aparecen a tales o cuales personas que inesperadamente su espíritu captan no solamente en estado de vigilia, también se hacen sentir cuando las gentes duermen y que llaman pesadillas. Unas veces son almas en pena que deben mandas a los santos, que no pudieron pagar en vida. Otras veces se trata de hombres que fueron asesinados y enterrados en el monte fuera de los camposantos. Crímenes cometidos en los cuartos de un hotel.

En fin, espantos de casonas viejas y ruinosas. En casas donde se han hecho misas negras. En los burdeles o casas de prostitución, etc. En todos esos lugares suelen tener lugar materializaciones de horror. Estos contactos son paralizantes y no hay cuerpo humano que los resista. Bueno, pues tratándose de narraciones de tipo paranormal diré a ustedes que esas historietas que nos contaba el “Monje Loco” tienen mucho de cierto, pero las hay muchas veces aún más increíbles que suceden en la realidad, es decir que la realidad supera a la fantasía.

Por ejemplo: ¿han oído hablar del Hombre Pájaro? Pues bien, es un caso de licantropía maléfica. Según eso, este hombre viene del rumbo del Obrajuelo o de Chamácuaro, siguiendo la ribera del Río Lerma y sus árboles, dobla por la Ex-Hacienda de La Esperanza, pasa a baja altura por los departamentos más altos de los edificios de la Unidad Habitacional 9 de diciembre y hace escala en uno de los árboles cercanos al Plantel I.E.G.G., o en los altos árboles que están en la orilla del canal frente a la Escuela Netzahualcoyotl. Luego, sigue su vuelo rumbo a la Angostura y se pierde en las oscuridades del Fénix.

Varias personas aseguran haberlo visto de regreso en la madrugada siguiendo su acostumbrada trayectoria. Es espantoso verlo y oírlo aletear como un ave muy grande con cuerpo y cara de hombre. ¿De dónde viene y a dónde va? Nadie lo sabe, ni siquiera el Monje Loco. Quién lo puede saber, es el maligno y los amigos del mismo Hombre Pájaro. Otro caso bastante misterioso y escalofriante es el siguiente:

En un pueblo de nuestro municipio, sucedió a un matrimonio que tenían el primer hijo. El niñito dormía aparte en su cuna. Hacían varias noches que el muchachito lloraba mucho y se meneaba de un lado para otro. Tantas veces lo hacía, el papá se levantaba para arrullarlo y calmarlo. Lo extraño del caso era que noche a noche, veía pasar frente a la cuna una sombra negra que desaparecía cerca de la puerta. El señor no le había dado importancia a esa visión.

Una noche, como de costumbre el niño empezó a llorar desesperadamente, pero esta noche fué la madre del niño quien se levantó, se acercó a la cuna diciendo palabras tiernas, tomó al niño en sus brazos, dió unos pasos hacia un lado, pero ¡oh, sorpresa!, su niño, el verdadero, dormía plácidamente en la cuna. La señora desesperada, le salió de su garganta un grito espantoso y arrojó lejos de ella al otro niño, pero no se oyó ruido alguno al caer, sólo apareció la sombra negra pasar a un lado de la cuna.

El esposo, al oír aquel horrible grito de su esposa, saltó de la cama diciendo: “mujer, mujer, ¿qué te pasó? Ella llorando de susto y con su niño en sus brazos, contó al esposo lo que le había sucedido. Le dijo también que había visto una sombra negra pasar a un lado de la cuna. Sí, dijo él. Yo muchas noches vi esa sombra, pero no hice caso. Al volver a la cama, colocaron al niño en medio de los dos y ya no lo pusieron en la cuna. Al día siguiente los esposos acordaron recurrir al Sr. Cura en pos de un consejo sobre lo que debían hacer frente a ese problema. El Padre los escuchó muy atentamente. Finalmente les dió esta solución, les dijo: “Miren ustedes, su casa está infestada, es necesario desalojarla de malas influencias de alguna entidad maléfica. Espérenme en su domicilio a eso de las cinco de la tarde”.

Puntualmente, el Padre en compañía de otro sacerdote llegaron a esa casa. Fueron recibidos por los esposos y a continuación recibieron algunas instrucciones. Enseguida iniciaron aquel trabajo con la aspersión del agua bendita. Quemaron incienso y demás operaciones inherentes al saneamiento espiritual de aquel hogar perturbado por la acción del demonio. A partir de entonces, aquel matrimonio vivió feliz en su casa sin necesidad de venderla o abandonarla, pues ya nunca más fueron perturbados por tan escalofriantes contactos del mundo sobrenatural.

Este otro caso sucedió en un pueblo del municipio de Dolores Hidalgo, Gto. Había en ese lugar un hombre de nombre Miguel. Muy trabajador, dedicado a labores del campo y del comercio. Por lo cual manejaba buenas cantidades de dinero. Un día llegóse a él un vecino del pueblo de no muy buenos antecedentes y le pidió prestado un dinero. El ricachón le respondió: “Mira fulano, yo no hago esa clase de negocios, ni con prenda ni con aval. Búscale por otro lado”. El otro se sintió desairado, se alejó “mentando madres” y juró vengarse. En efecto, se puso al hablo con un hechicero, llegaron a un arreglo y fué como empezó todo:

Don Miguel estando sano y sin motivo alguno, empezó a dejar la comida. No tenía apetito y a sufrir de insomnio. Fué visto por varios médicos, pero no sentía recobro con ninguna medicina. Al mismo tiempo que pasaba eso, empezó a oír por las noches el aleteo y graznido de un pájaro lechuza que cantaba y chiflaba en las ramas de un fresno que había en el interior del patio de su casa. Aquel animal llegaba noche a noche. Fué tan notoria su puntualidad, que molestó mucho a don Miguel.

Un día le dijo a su esposa: -Mujer, tú al igual que yo has oído a ese animal que todas las noches se para en el fresno y empieza a graznar y cantar de un modo medio raro. –Sí, -respondió la señora, -ya es molesto. -Pues esta noche –dijo don Miguel, -le voy a meter un susto. El árbol estaba muy cerca de la puerta interior de la casa de don Miguel. Para esta operación tenía dos barriles de lámina, los colocó cerca del árbol y preparó un rifle que tenía para la defensa de su casa, lo cargó y lo puso recargado en los barriles.

Como de costumbre, esa noche esa noche llegó el visitante nocturno. Los esposos estaban despiertos. Empezaron a oír los aleteos y sus cantos parecidos a los de una lechuza. Don Miguel se puso de pié y salió de su cuarto sigilosamente sin hacer el menor ruido. Llegó a gatas donde estaban los barriles. Tomó el rifle, apuntó calmadamente en dirección de donde partían los graznidos del animal... y ¡PUM, PUM..! Le tronó dos balazos que dieron en el blanco. El animal cayó pesadamente en el suelo aleteando fuertemente. Don Miguel se dió media vuelta, entró a su cuarto diciéndole a su esposa: -Ya lo tumbé, mañana temprano lo voy a tirar a la orilla del pueblo.

Muy de mañana, don Miguel se aprestó a echar el cuerpo del animal en la camioneta para llevarlo a tirar, pero: ¡Oh, sorpresa! El animal muerto no era animal... ¡Sino un hombre! Asustado, don Miguel corrió a decirle a su esposa... –Mujer, mujer, el muerto no fué un animal, fué un hombre. No me explico, lo juro: ¡YO MATÉ A UN ANIMAL, NO A UN HOMBRE! Ahora, ¿qué voy a hacer? –Entonces, la señora reflexionó y como era de fuerte carácter le dijo: -Mira Miguel, nadie sabe nada de lo ocurrido, pronto, arrima la camioneta y entre los dos lo ponemos dentro, nos vamos lejos del pueblo y lo bajamos poniéndolo a un lado de la carretera.

Nosotros seguimos adelante, damos vuelta por otro camino para entrar a nuestro pueblo por el lado opuesto. –Así lo hicieron. Ya de día, quienes tocó primero encontrar al muerto tirado a un lado de la carretera, dieron parte a las autoridades. Lo recogieron y como no era conocido en los ranchos aledaños, fué sepultado como gente desconocida por cuenta del gobierno. Los periódicos dieron la noticia, pero nadie se presentó a preguntar por el “muertito”.

A partir de ese día, don Miguel empezó a mejorar cada día más y más hasta quedar sano, sin tomar medicina alguna. Este caso de licantropía, es semejante ala transformación de las mujeres brujas que se convierten en focos luminosos que se pasean volando en las oscuras noches sin luna en derredor de los cementerios. ¿Qué podemos pensar de estos increíbles fenómenos? Muy poco podemos decir, porque se gestan en el “mundo invisible”. En esa dimensión INTERMEDIA de que nos habla el sacerdote Cardenal y Exorcista Emmanuel Milingo, padre católico, muy competente y bienhechor del continente africano. Sus libros son tan importantes, como los escritos por el padre exorcista Gabriel Amorth y Juan Antonio Fortea de España.

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