Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

lunes, 1 de abril de 2013

Libro

HISTORIA DE LA MÚSICA POPULAR MEXICANA

Los Años Veinte

Tangos, zarzuelas, fox-trots, boleros y bambucos (continuación)

No deja de ser significativo el papel que tuvieron los músicos de la península yucateca en la implantación de las formas cubanas o sudamericanas. Boleros o claves cubanas, bambucos colombianos eran ya de antiguo las formas predilectas de la canción yucateca, al grado de considerarse inseparables del estilo peninsular. El yucateco Domingo Casanova, autor de la bellísima canción “Ella” había manejado ya con amplitud el estilo de bolero y Ricardo Palmerín había compuesto extraordinarios bambucos. Se trataba de estilos ya decantados y que nada debían a las modas pasajeras. Por ello, no es exagerado afirmar que la llegada masiva de músicos yucatecos a la capital, tras el fusilamiento del gobernador Carrillo Puerto en 1924, fué determinante para el desarrollo de la canción romántica.

En el año de 1927 Guty Cárdenas obtuvo un importante premio y una rápida popularidad con su canción “Nunca”. Tras de ese éxito, ni el mismo Agustín Lara pudo sustraerse al seductor influjo de la canción yucateca; su bolero “Imposible” que le abrió el camino de la fama, demuestra una clara influencia peninsular. Por ello no es extraña la abundancia de formas y estilos con esa inclinación en la producción lariana de los años siguientes. Dentro de los boleros compuestos por Lara en esos años, valdría la pena mencionar las canciones “Sólo tú”, “Pervertida”, “Páginas rotas” y “Despierta” y como obra de indudable color peninsular al bambuco “Si yo pudiera”.

La Influencia de los Intérpretes

El final de la década de los veinte marca también la aparición del intérprete como artista especializado. Infinidad de canciones obtuvieron una difusión más grande y una fama multiplicada, gracias a que el público establecía una relación entre tal o cual tenor famoso y alguna canción de reciente aparición. La interrelación comenzó a establecerse con el trío Garnica-Ascencio, responsable del estreno de canciones de Guty Cárdenas, Esparza Oteo, Barcelata, Juan Díaz del Moral y muchísimos más. El trío Garnica-Ascencio había logrado crear un estilo característico y por él era ampliamente conocido. Faltaba, sin embargo, la aparición del intérprete “emotivo” que viniera a caracterizar plenamente el estilo romántico. Al principio, los “intérpretes” serán cantantes de calidad casi operística: tenores o barítonos de timbre demasiado atiplado para el gusto actual, pero que resultaban ideales para los requerimientos del momento.

Juan Pulido, el barítono español de los discos Víctor junto con Juanito Arvizu, el Tenor de la Voz de Seda, personifican perfectamente a este género de intérpretes tan famosos y necesarios. Como elemento imprescindible, la fotografía del intérprete llegó a ser una condición sine qua non en la portada o contraportada de toda primera edición de alguna obra de moda. La edición de 1927 de “Nunca” de Guty Cárdenas incluye una foto de las “creadoras de esa canción”: el trío de las Hermanas Ascencio y Julia Garnica. “Juguete de amor” de Luis Arcaraz expone senda foto de Maruja Gómez dedicada “al compositor y con la admiración de su intérprete”.

Dentro de ese grupo de cantantes famosos por alguna especial cualidad de su voz habría qué recordar también a Alfonso Ortiz Tirado, Luis G. Roldán, Néstor Mesta Chaires, José Mojica y Ramón Vinay, y más avanzados los años treinta a Emilio Tuero, Genaro Salinas, Carlos Puig, Ramón Armengod y Pedro Vargas. El catálogo de las intérpretes femeninas contienen también voces muy respetables: las Hermanas Águila, Ana María Fernández, la bolerista Chela Campos, las Hermanas Hernández, las Hermanas Landín, Lupita Palomera, Ana María González y Chelo Flores.

El papel del intérprete en el desarrollo del estilo de la canción “romántica” fué crucial. Cada solista o cada dúo hacía gala de una característica expresiva y muy particular que lo distinguía de sus competidores. Quien poseía unos graves más sensuales, quien manejaba un rubato más elegante, quien daba tonos mas patéticos o más dramáticos. Es obvio señalar que desde la aparición de estos nuevos conceptos de interpretación, es decir, a partir de los años cuarenta, el estilo limpio y sin sobretonos dramáticos del trío Garnica-Ascencio cayó totalmente en desuso.

No hay que perder de vista que la radio fué el medio de difusión más poderoso de la canción romántica, y sus intérpretes tanto como sus ejecutantes contribuyeron a establecer los estilos de ejecución más en boga entre los años treinta y cuarenta. La lista de participantes en el programa de inauguración de la XEW en el año 1930 es una muestra precisa de los instrumentos y arreglos preferidos por los compositores de canciones románticas de esa década:

Alfonso Ortiz Tiradotenor
Juan Arvizutenor
Josefina Chacha Aguilarcontralto
Pascual Videriqueviolín
Francisco Salinasguitarra
Néstor Mesta Chairestenor
Ofelia Euroza piano
Ana María Fernández cancionera
Daniel Pérez Castañedapiano
Agustín Lara compositor
Jorge del Moral compositor

La presencia del piano o del violín fué imprescindible en los arreglos románticos de los años treinta. El piano tejía la indispensable construcción armónica de la canción, y al mismo tiempo proporcionaba los comentarios melódicos y florituras que preparaban o comentaban la exposición del tema en la voz del cantante. El violín era el elemento romántico por excelencia ya que proporcionaba (según el caso) el fondo lacrimoso, sentimental o lírico.

Todo buen músico, especialista en el género, supo ser en algún momento de su carrera un pianista romántico. Sin excluir a los acompañantes de profesión como Raulito, el Cartero del Aire, primer acompañante del trío Garnica-Ascencio y a Alvarito, sería indispensable recordar las lides pianísticas como acompañantes de Gabilondo Soler, el Guasón del Teclado, Gonzalo Curiel (acompañante de Ortiz Tirado), Luis Arcaraz, José Sabre Marroquín (acompañante de José Mojica), Beatriz Emparan y Pepe Agüeros, el Pianista de las Estrellas (acompañante de Toña la Negra).

Lara y “la nueva sensibilidad”


La aparición de Agustín Lara en el panorama de la canción marcó la entrada de una sensibilidad. Como producto de toda una serie de influencias bien asimiladas, el arte de Lara señaló el surgimiento del estilo romántico propiamente urbano. “Señora tentación”, “Vencida”, “Tus pupilas”, “Te quiero” y “Viviré para ti” de los años treinta, así como “Naufragio”, “Pobre de mí”, “Cada noche un amor” y “Humo en los ojos” de los años cuarenta con magníficos ejemplos de lo que entendemos por esta nueva sensibilidad que acepta con naturalidad temas abiertamente eróticos, sin avergonzarse de ello. La elegancia melódica lariana sirvió de envoltura inocua a un clima sensual y citadino que hasta entonces no se había presentado en la canción mexicana.

(continuará…)

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