Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

lunes, 1 de abril de 2013

Biografía

Ignacio Rodríguez Galván

Ignacio Rodríguez es un mestizo que nace en 1809. Fué el poeta cantor del desengaño y del pesar. Muere en plena juventud en el año 1845. Rodríguez Galván, como autor, tiene el mérito de haber buscado para sus poemas y para sus dramas, leyendas e historias del país; en sus versos líricos hay reminiscencias regionales, descripciones precortesianas y paisajes de nuestros valles.

Los nombres de sus poemas y piezas dramáticas son evocadores: La visión de Moctezuma y La profecía de Guatimoc, el privado del Virrey; e visitador Muños. De entre los escritos de Rodríguez, La Profecía de Guatimoc es la mejor muestra de romanticismo mexicano, en donde el autor, además de describir nuestras tierras, realiza una elocuente e inflamadora visión política.


La Profecía de Guatimoc

Tras negros nubarrones asomaba
pálido rayo de luciente luna,
tenuemente blanqueado los peñascos
que de Chapultepec la falda visten.
Cenicientos a trechos, amarillos
o cubiertos de musgo verdinegro
a trechos se miraban; y la vista
de los lugares de profundas sombra
con terror y respeto se apartaban.
Los corpulentos árboles ancianos,
en cuya frente siglos mil reposan,
sus canas venerables conmovían
de viento leve al delicado soplo,
o al aleteo del nocturno cuervo
que tal vez descendiendo en vuelo rápido
rizaba con sus alas sacudidas
las cristalinas aguas de la alberca
en donde se mecía blandamente
la imagen de las nubes retratadas
en su luciente espejo. Las llanuras
y las lejanas lomas repetían
el aullido siniestro de los lobos
o el balar lastimoso del cordero
o del toro el bramido prolongado.
¡Oh soledad, mi bien, yo te saludo!
¡Qué dulce, qué sublime
es el silencio que me cerca en torno!
¡Oh, cómo es grato a mi dolor el rayo
de moribunda luna, que halagando
está mi yerta faz! Quizá me escuchen
las sombras veneradas de los reyes
que dominaron el Anáhuac, presa
hoy de las aves de rapiña y lobos
que ya su seno y corazón desgarran.
¡Oh varón inmortal! ¡Oh rey potente!
Guatimoc, valeroso y desgraciado,
si quebrantar las puertas del sepulcro
te es dado acaso, ¡ven! Oye mi acento:
contemplar quiero tu guerrera frente,
quiero escuchar tu voz...
Siento la tierra
girar bajo mis pies; nieblas extrañas
mi vista ofuscan y hasta el cielo suben.
Silencio reina por doquier; los campos,
los árboles, las aves, la natura,
la natura agonizante.
Mis miembros tiemblan, las rodillas doblo
y no me atrevo a levantar la vista.
¡Oh mortal miserable! Tu ardimiento,
tu exaltado valor es vano polvo.
Caí por tierra sin aliento y mudo,
y profundo estertor del hondo pecho
oprimido salía.
De repente
parece que una mano de cadáver
me aferra el brazo y me levanta... ¡Cielos!
¿Qué estoy mirando?
Venerable sombra,
huye de mí: la sepultura cóncava
tu mansión es... ¡Aparta, aparta!...
En vano
suplico y ruego; más el alma mía
vuelve a su ser y el corazón ya late...

En esta parte descriptiva de La profecía de Guatimoc se aprecia, con toda claridad, la forma de manifestar el romanticismo de Ignacio Rodríguez. Su forma de escribir es muy aguda, pero con una marcada ligereza, en ella se va saboreando el esplendor de la belleza mexicana.

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