Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

viernes, 1 de marzo de 2013

Libro

La Eterna Presencia del Bolero Romántico: Tres Décadas de Clásicos

La canción romántica: los acontecimientos del alma

Difícil es especificar qué es lo que los oyentes, compositores e intérpretes entienden por canción romántica, ya que la canción romántica no puede ser considerada como un género definido. Un vals o una danza de principios de siglo pudieron ser considerados en su momento como música romántica. Es así como en los años veinte, un tango cantado por Gardel o un fox-trot de Agustín Lara fueron clasificados sin lugar a dudas como “canciones románticas”.

Los cientos de tríos de la época de Los Panchos se especializaban en “música romántica” de la misma manera que los autores de boleros, beguines, claves y bambucos consideraban sus canciones como “románticas”. La clasificación de romántica puede aplicarse a todos los géneros y el epíteto tan frecuentemente utilizado indica más bien una temática que un estilo definido. La canción romántica es por lo general de tema amoroso, hace alusión a sentimientos tiernos y rara vez manifiesta el despecho, las exigencias y retos de la canción bravía, tampoco es narrativa ni descriptiva y sólo habla de los acontecimientos del alma.

La mejor descripción de la canción romántica, su más aceptable definición, será siempre la de sus emotivos e incansables oyentes. En los años sesenta el cronista Roberto Ayala se expresaba de la siguiente manera: “El público mexicano es decididamente romántico, aunque actualmente pretende ocultar ese romanticismo con canciones y música que, por su contenido, parezcan negarlo. Las canciones sentimentales, llenas de frases cálidas y humanas con un estilo especial, profundamente sencillo y conmovedor, se han metido muy dentro del corazón del público mexicano”.

La Tradición Romántica Mexicana

Todo compositor mexicano ha escrito en alguna época de su vida, aun sin proponérselo, una canción romántica. La música académica y de salón del siglo XIX es inevitable antecesora de la canción romántica. Cuando Ángela Peralta (1845-1883) musicaba sus nostalgias amorosas con alguna romancilla en francés o en italiano intitulada “Io t’amerò” o “Ne m’oublie pas”, expresaba de una manera un poco más sofisticada el sentimentalismo característico de muchas décadas por venir.

La primera música sentimental mexicana es de prosapia italiana y de intención francamente culta o semiculta. Las romanzas “Cariñosa” y “Soñadora” de Ernesto Elorduy (1855-1913) prefiguran canciones como “Te amo”, “Perjura” y “Tú bien lo sabes” de Lerdo de Tejada (1869-1941). En la aparición de ese primer desarrollo de la canción romántica, Manuel M. Ponce tuvo una participación innegable. Bajo su iniciativa se principió un movimiento de revaloración de los valores melódicos nacionales que rindió provechosos frutos en todo un grupo de compositores de muy seria preparación, ya fuese ahondando en la canción campirana al estilo del Bajío o en la descendiente del aria italiana.

“Al fin tuyo” de Felipe Llera (1877-1942), “Arrullo” de Mario Talavera (1885-1960) y “Reproche” y “Boquita azucarada” de Ignacio Fernández Esperón, Tata Nacho (1894-1968), son el resultado de ese amor a la tradición que además se inclinaba por la expresión sentimental. Es muy significativo que entre las obras que instrumentó Manuel M. Ponce (1884-1948) se encontrase “Marchita el Alma” del yucateco Alfredo Tamayo. Sin darse cuenta, Ponce aceptaba una tradición alejada de la que él proponía como única representante de lo auténtico mexicano. En efecto, es innegable la existencia de otras tradiciones representadas por músicos menos cultos y alejados de la metrópoli. En su calidad de trovador que se acompañaba de la guitarra, el caso del colimense Arcadio Zúñiga y Tejeda es sumamente interesante, ya que produjo una serie de canciones como “Quiero soñar”, “Sueño del alma” y “Lejos de ti” que bien podrían situarlo como iniciador de la corriente de trovadores románticos al estilo de nuestro contemporáneo Álvaro Carrillo. Por el contrario, la corriente iniciada con tanta suerte por Ponce representó un tipo de romanticismo menos popular que utilizaba una correcta armonización clásica, las más de las veces derivada de la asidua práctica pianística.

Los Años Veinte

Tangos, zarzuelas, fox-trots, boleros y bambucos


Durante los efervescentes años veinte, la inspiración romántica discurrió por muy variados senderos; cada uno de los géneros de moda generó su propio estilo de romanticismo. Un recorrido por el repertorio de aquellos años demuestra que el tango fué un género privilegiado ya que el porcentaje de tangos mexicanos que surgió en las publicaciones de músicos del país fué inmenso. Una observación más atenta demuestra que ese auge no tuvo nada de extraño; el tango había recibido un importante impulso propagandístico cuando el actor Rodolfo Valentino lo llevó a la pantalla y al llegar a México los discos de Carlos Gardel el público se hallaba dispuesto y preparado para ellos. La demanda de tangos fué general.

Alfonso Esparza Oteo publicó “Pecadora”, a tiempo que María Grever compuso “Devuélveme mis besos” y “Todo por ti”. Lo interesantes de esta pasión por el tango en México es la transformación que éste sufrió para conformarse a la inclinación sentimental de los autores mexicanos y su particular concepción melódica. Como prueba, basta recordar que los popularísimos tangos de Agustín Lara fueron posteriormente transformados en simple canciones o en nuevos ritmos, según la necesidad de la ocasión, sin que para nada se desvirtuara la calidad melódica del romanticismo lariano.

En ocasiones, el tango o el fox-trot a la mexicana sufrieron influencias venidas de más lejanas fuentes. María Grever, cuyas primeras creaciones estuvieron tan ligadas al estilo español de zarzuela (“Rayito de sol”, tonadilla para canto y piano), utilizó en su célebre “Júrame” una introducción también de zarzuela para continuar con un apasionado tango. “Mujer” de Esparza Oteo fué clasificada por su autor como un “fox-trot árabe”. Tal vez como alusión al Sheik, el célebre film de Valentino.

La producción de fox-trots con tema romántico también fué abundante; Alfonso Esparza Oteo publicó “Flores de Tentación”, una “Canción de Amor” y “Ensueño” dentro del ritmo estadounidense de moda. Jorge del Moral, Carlos Espinosa de los Monteros y el mismo Lara escribieron también sendas canciones románticas en ese ritmo sincopado. A pesar de la popularización de los estilos estadounidenses y argentinos, la influencia que pudieron ejercer en la creación de tipo romántico fué meramente circunstancial y/o superficial. Influencias más determinantes habrían de venir de regiones más cercanas a la sensibilidad local.

En el año 1924 el campechano Emilio Pacheco había publicado su bolero “Presentimiento”. Esta forma, descendiente directa del bolero cubano escrito en 2/4, tomó carta de naturalización en la canción mexicana hasta llegar a considerarse como una forma típicamente nacional.
(continuará…)


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