Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

lunes, 1 de abril de 2013

Historia

Salvatierra, una Lectura Profana

San Andrés de Salvatierra

La alborada cubre con su luminoso manto la comarca. La luz pinta entonces las fachadas, desvela las fechas, los símbolos, las formas. Las puertas y ventanas se desperezan junto con los habitantes, rechinan los portones y las sonrisas desmañanadas se asoman en un “buenos días”. El sol ha dado el primer baño de bronce a las campanas, suenan con su alegre y onomatopéyico grito en el Santuario Diocesano. Contesta como eco el templo y convento de San Francisco, le sigue el templo de Santo Domingo y el convento del Carmen y luego todas, cuando están de júbilo para llamar a misa: Capuchinas, San Juan, el Seminario y el templo de Guadalupe.

El tañido se escurre entre los muros, penetra las casas y las conciencias, despierta, invita. La Plaza de Armas se va encendiendo en verdes, la Columna de la Fundación deja caer, como lenta plomada, la luz que acabará por vestirla con su esbelta y monárquica altivez.



Mercado Hidalgo

Las sombras van buscando rincones y el bullicio arropa el Mercado Hidalgo, sus puestos y comensales, la vida de todos, el saludo, las angustias y contentos que revientan en un festín de colores que pintan los aromas y las formas en diarias instalaciones, efímeras obras que van cobrando acomodo caprichosamente y de acuerdo al consumo. Los puestos del mercado son como los patios traseros de las casa, muestran la intimidad, los gustos, el adorno, por eso brillan como brilla el recuerdo de la infancia cuando vemos un triciclo descompuesto; las mancuernas del abuelo y el sol que va escarbando reminiscencias en esos patios que siguen siendo los menos tocados. Así los puestos de los mercados, con sus yuxtaposiciones, con los adornos de Navidad en cualquier mes del año, con los periódicos viejos para envolver con pasadas noticias, el alimento actual.

Tomado del Libro: “Salvatierra, una Lectura Profana”
de Luis Montes de Oca y Sergio Hernández Saucedo


Historia y Evolución de Salvatierra

La Vida Colonial Salvaterrense, 1644-1810 (continuación)

La Fundación de los Barrios de San Juan y Santo Domingo (conclusión)

Con el tiempo se empezó a formar el barrio de Santo Domingo. Desde 1690, se congregó en el Norte de la ciudad una comunidad de indios labradores que se hicieron llamar barrio de San José. No fué fácil asentar el barrio, en 1795 se generó un litigio entre el Ayuntamiento y el indio Casimiro Luciano Vázquez por la posesión de esos solares propiedad de la ciudad, denominados desde la fundación, ejidos de la ciudad, caso en el que intervino el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición. Desde el año 1767, vino el religioso Dominico fray José Morales de la Orden de los Predicadores, solicitando la autorización para fundar un hospicio, se le concedió y fundó, como anexo a la capilla del Señor de la Clemencia, terminándose de construir todo el conjunto el 3 de agosto de 1793. No se les dió en propiedad a los Dominicos, sino en uso, por esta razón, cada año tenían que llevar al curato, una palma y una vela el lunes de Pascua, de las que habían sido usadas en el monumento del jueves Santo.

El Señor de la Clemencia según las viejas crónicas fué traído de España, a su llegada a este valle, se le instaló en una pequeña capilla de adobe construída por los indios a un costado de la hacienda de Sánchez, conociéndosele como la capilla del Calvario. Tuvo un largo peregrinar, estando a punto de derrumbarse su pequeño templo, los padres franciscanos determinaron trasladarlo al pueblo de San José de Amoles –hoy Cortazar-. Cuenta una antigua leyenda que cuando se intentó llevarlo a ese lugar se puso tan pesado que no fué posible cargarlo, provisionalmente los religiosos optaron ante tal hecho, llevarlo al templo Parroquial que en ese entonces era el templo de San Francisco, mientras se le levantaba otra capilla en terrenos de lo que hoy es el templo de Santo Domingo.

La capilla fué hecha de adobe, se derrumbó en una de las avenidas del río. En 1737, decidieron construir otra de piedra que los vecinos de ese barrio sacaron del lecho del río, la cual correspondería a la capilla anexa del templo actual. La bóveda del coro se terminó en 1750, y las portadas lateral y principal en 1753, para el año d 1793, estaba terminado todo el conjunto. La torre es de reciente construcción, pues data de los tiempos del Sr. Cura Chávez. Se instaló el cementerio donde se daba sepultura a las personas más distinguidas de la ciudad, y en donde había estado la capilla que el río se llevó, se enterraban a un costado del canal a los suicidas, por negárseles sepultura en sagrado.

Los Ayuntamientos

Era costumbre jurídica en la época colonial, que los puestos u oficios públicos fueran tasados y rematados a favor de determinadas personas, quienes pasaban a ocuparlos. Los ayuntamientos fueron uno de estos casos, los oficios que comprendían eran los cargos de: corregidor, alguacil mayor, alcaldes ordinarios, regidores, depositario general, escribano de cabildo, juez mayor, escribano público y provincial de la hermandad de la ciudad.

Durante la Colonia en Salvatierra, los ayuntamientos tuvieron una conformación y funcionamiento irregular, fué esta una de las principales causas para no logra el éxito esperado en la fundación de la ciudad. Para el primer Ayuntamiento de la ciudad, los oficios fueron tasados desde las gestiones para su fundación en la cantidad de 2,500 pesos de oro común, con excepción de los cargos de corregidor y alguacil mayor, el primero se le otorgó a don Gabriel López de Peralta, de acuerdo a las capitulaciones estipuladas por haber gestionado ante las autoridades virreinales la fundación.

Este primer Ayuntamiento tuvo de inmediato problemas para funcionar regular y adecuadamente, el cargo de corregidor se le retiró casi de inmediato a don Gabriel, por no haber podido señalar las tierras para la fundación, y originó el consabido pleito ante su majestad que llevó a sus herederos a obtener el título de marqueses, los demás oficios, no fueron pagados oportunamente, por lo que no pudieron ser confirmados ni funcionar como se debiera. Después de don Gabriel, el oficio de corregidor lo desempeñó el almirante don diego de Bracamontes, fué él quien terminó de asentar la ciudad, duró en el puesto hasta el año de 1660. En ese mismo año, el alguacil mayor don Agustín carranza y Salcedo fué desterrado de la ciudad por un grupo de vecinos, yéndose a radicar a Pátzcuaro.

Fué tal la crisis política en estos tiempos coloniales, que ninguno de los regidores estuvo confirmado y abandonaron el Regimiento de la ciudad. En tal situación, el Cabildo no funcionó desde el año de 1660 a 1704, y para ciudades como Salvatierra, ésta no hubiera podido sostenerse, la situación obligó a los religiosos Carmelitas, a comprar el oficio de escribano público y de cabildo por remate efectuado el 14 de febrero de 1715, que garantizó todas las operaciones que tuvieron efecto durante el siglo XVIII. Una vez creada la intendencia de Guanajuato, el Ayuntamiento tuvo que enfrentar el requerimiento que le hacía el Real Tribunal de la Contaduría Mayor y Audiencias de Cuentas de México, al cobrarle el impuesto de la Media Anata que según constaba no había pagado, esto originó que en su tiempo, no se le confirmara el título de ciudad. Salieron a relucir documentos comprobatorios y finalmente, en 1795, la ciudad fué exonerada de esa deuda.

En el efímero periodo de 1704 a 1712, funcionó un Ayuntamiento que dejó de existir cuando don Nicolás Tamayo de Contreras, propietario de la hacienda de San Buenaventura, renunció a su oficio, solicitando se le devolviera de inmediato lo que le correspondía del valor del mismo, lo cual fué rechazado por el fiscal de su majestad, ordenando se sacaran a remate de nuevo los oficios para la ciudad de Salvatierra. A partir del año de 1730, se incrementó la actividad de los ayuntamientos al hacer la petición el alcalde mayor de Zelaya, para sacar a pregón los oficios en vista de que en Salvatierra no existía Ayuntamiento. Al darse los pregones, el oficio de alguacil mayor fué adjudicado a don Fernando López de Ballesteros, dueño de la hacienda de Ojo de Agua (hoy Ojo de Agua de Ballesteros), pero no fué confirmado. En un segundo Pregón, por remate, el oficio fué adjudicado a don Francisco Sozaya y Zorrilla, siendo de inmediato acusado de usurpación de funciones por el teniente del alcalde mayor de Zelaya.

Los problemas siguieron para don Francisco Sozaya y Zorrilla. En 1733, le tocaron las indagatorias y autos sobre el tumulto del pueblo, por la posesión de la Sagrada Imagen de Ntra. Sra. de la Luz. En el año de 1740, los regidores del Ayuntamiento de la ciudad presentaron una petición al virrey para que obligara a Sozaya a asistir a las juntas del Cabildo, y de haber nombrado su teniente a Domingo de Estrada, sin haber recibido confirmación. El virrey ordenó se le notificara a Sozaya su obligación de asistir a las juntas de Cabildo y no su teniente, con la advertencia de ser multado si no acataba la orden. En ese mismo año se remató el oficio de regidor y fiel ejecutor, a favor de don Manuel de Berdeja, quien en 1786 renunció a favor de don Juan Ignacio de Camia.

Para 1751, los problemas del Ayuntamiento seguían. Don Nicolás Rojo de Soto renunció a su oficio de contador de menores a favor de don Juan Antonio Michelena, tesorero general de la Limosna de la Santa Bula de Cruzada en el obispado. A la muerte de don Nicolás, su viuda Dña. Ana de Almedo, promovió un juicio para que se le fuera pasada una parte del valor del oficio otorgado a Michelena. En 1790, las autoridades superiores aprobaron el Reglamento de la Ciudad de Salvatierra. Para el año de 1807, se hallaban vacantes, otra vez, la mayoría de los oficios, por lo que a iniciativa de don Antonio Estevarina, se hicieron posturas para ocupar los oficios. En lo que se refiere a la impartición de la justicia del orden criminal en Salvatierra, los miembros del Ayuntamiento también fueron señalados como acusados de delitos; como el juicio seguido por adulterio en contra del escribano público y de cabildo don Rafael Arellano en 1791; y la acusación por embriaguez, mala conducta, arrestos injustificados, insultos y desafíos, del portaguión del Regimiento de Dragones y Alférez Real, don Joaquín González del Villar en 1818.

La población, los impuestos y la economía.

Según la carta enviada por don Gabriel López de Peralta al virrey, ofreciéndole las tierras para la fundación, y en la que le manifestaba: “donde hay congregados hasta cuarenta vecinos españoles, con sus mujeres, hijos, casas y familias...”, existió la pretensión, sin duda, de hacer aparecer la fundación como una población de españoles. La realidad era otra, existía una población mayoritariamente indígena, además de mestizos, negros, mulatos y otras castas, sin faltar inclusive los esclavos. Sin embargo, estas minorías serían las que en el transcurso de la vida colonial, y aún después, detentarían el poder económico y político, entrando en no pocas ocasiones, en serios litigios con las órdenes religiosas de los Carmelitas y Agustinos por las mercedes y posesión de las tierras. Entre las familias españolas y criollas más prominentes se encontraban; los Tamayo, los Esquivel y Vargas, los Zozaya y Bermúdez, los García Botello, los Luyando y Bermeo, y por supuesto, los López de Peralta.

Los libros y registros de las notarías parroquiales, son hoy de suma utilidad para conocer la conformación social de esa época. Los registros de la vicaría ayuda de parroquia de San Nicolás de los Agustinos, dependiente del curato de Salvatierra, arrojan datos estadísticos sobre los bautizos en esos pueblos y rancherías correspondientes a los años de 1661-1674. En la hacienda de San Nicolás había 92 indígenas y un esclavo, en Tiristarán 89 indígenas, Huatzindeo 16 indígenas, hacienda de Maravatío 64 indígenas, en Culiacán 28 indígenas y 5 españoles, en Túparo 5 indígenas, en Xaral 3 indígenas, en la Cañada de Caracheo 29 indígenas y 2 españoles, en el molino de Dña. Leonor Núñez, hoy San Pedro de los Naranjos 11 indígenas, en la labor de Antonio Ramos, hoy Santo Tomás 20 indígenas, y en otras labores, estancias y molinos, 159 indígenas.

Para el año de 1754, a ciento diez años de fundada la ciudad, el curato de Salvatierra, incluyendo ranchos, haciendas, estancias, labores y la cabecera misma, tenía 844 familias formadas por 4,562 individuos, de éstos, 1,200 eran españoles y 3,362 mestizos, mulatos y otras castas. Los indígenas eran 5,289 individuos, lo que daba un total de 9,851 salvaterrenses. La concentración de esta población estaba dividida: en la urbana radicada en la ciudad de Salvatierra, con 560 familias integradas por 2,386 personas; y la de las haciendas y ranchos, que sumaban cuarenta y cinco, con 622 familias con un total de 3,008 individuos. Por los padrones del diezmo se sabe que el total de la población estaba dividida en: 1,000 españoles, 2,300 mestizos, mulatos y otras castas, y el resto indígena. Mientras en la hacienda de San Nicolás habitaban 200 españoles contra 354 de mestizos y mulatos, y el pueblo de Tiristarán era mayoritariamente indígena.

En este mismo año, el párroco y juez eclesiástico José Xavier de la Rivera, informó que su distrito lo comprendían: Salvatierra, el pueblo de Urireo, el pueblo de Eménguaro, el de Pejo y la vicaría de San Nicolás. Con excepción de Salvatierra, todos estos pueblos y los barrios aledaños de San Juan y Santo Domingo, eran mayoritariamente indígenas.

Tomado del Libro: “Historia y Evolución de Salvatierra”
de Miguel Alejo López


Aztlán: Origen y Destino

Aztecas, la Séptima Tribu Nahuatlaca (conclusión)

Huitzilíhuitl se casó con Ayauhciuatl, nieta de Tezozómoc, lo que trajo un alivio en el cobro de tributos para el pueblo Azteca. En este periodo Tezozómoc utilizó la destreza guerrera de los Aztecas para vencer al pueblo de Texcoco, con lo que se convierte en el Señor más poderoso de todo el Valle de México. Chimalpopoca, hijo de Huitzilíhuitl, bisnieto de Tezozómoc y nieto de Acamapichtli, luchó contra la tiranía de su propio bisabuelo Tezozómoc. En su periodo murió Tezozómoc, quien dejó el trono a su hijo Teyatzin. Pero Maxtla, un medio hermano de Teyatzin, no quedó conforme con tal decisión, por lo que asesina a su medio hermano Teyatzin y encarcela a Chimalpopoca (sobrino de Teyatzin) que lo apoyaba. Este último, muere en la cárcel en 1427.

Itzcóatl, hijo del primer emperador Acamapichtli, formó la llamada Triple Alianza con Texcoco y Tacuba y en la batalla da muerte al usurpador Maxtla, en el año de 1433. A partir de este momento el pueblo Azteca toma más fuerza, siendo realmente independiente hasta la muerte del usurpador Maxtla. A partir de entonces se inicia la expansión del Imperio Azteca hasta convertirse en el pueblo más poderoso de la región centro y sur de México. En su periodo, Itzcóatl mandó construir los templos de Cihuacóatl, de Huitzilopochtli y la calzada del Tepeyac, que daba justamente al cerro del Tepeyac, donde se adoraba a la madre de todos los dioses: Tonantzin.

Moctezuma Ilhuicamina (Moctezuma I), hijo del segundo emperador Huitzilíhuitl, estuvo al frente del Imperio Azteca durante 29 años, uno de los periodos más largos. Durante su gobierno se presentaron terremotos, sequías y hambrunas, esto les hizo creer que los dioses requerían de más sacrificios humanos, por lo que se inician los sacrificios a gran escala de prisioneros de guerra, obtenidos de las llamadas Guerras Floridas que se daban entre los Aztecas y los Tlaxcaltecas, tribu a la que nunca pudieron dominar. Estas Guerras Floridas, además de serviles para obtener prisioneros para los sacrificios humanos, las utilizaban para entrenar e ir formando a sus nuevos guerreros. Con el gobierno de Moctezuma I, el Imperio Azteca se extendió hasta los estados de Puebla, Veracruz, Morelos, Guerrero y Oaxaca.

A su muerte, lo sucede en el trono su hijo Axayácatl, quien luchó contra los tlatelolcas, venciéndolos y uniendo su territorio a Tenochtitlán. En su periodo se elaboró el Calendario Azteca y murió Netzhualcoyotl, Señor de Texcoco y fiel aliado de los Aztecas, dejándole el trono a su hijo Netzahualpilli. Tizoc fué el siguiente emperador Azteca. También hijo de Moctezuma I y hermano de Axayácatl y de Ahuízotl. Durante su reinado organizó el primer sistema de correos, y finalizó la remodelación del Templo Mayor. A pesar de mantener un ejército muy activo, el imperio no creció y Tizoc murió envenenado en 1486. Se cree que fué asesinado por familiares cercanos.

Lo sucede su hermano Ahuízotl, otro hijo de Moctezuma I, quien es considerado el rey más cruel de los Aztecas. Llevó a cabo la ampliación del Templo Mayor y para el festejo se sacrificaron 20 mil prisioneros de guerra capturados con los otomíes y masahuas. Tras ese periodo, llega Moctezuma II (Moctezuma Xocoyotzin). Nieto de Moctezuma I y de Netzahualcóyotl, e hijo de Axayácatl. Durante su reinado, el imperio llegó hasta Panamá, por lo que llevó a cabo una reestructuración de la administración pública, debido a la gran cantidad de contribuyentes que llegó a tener el imperio. A Moctezuma II le tocó recibir a los primeros españoles, en el año 1518.

Lo sucede su hermano Cuitláhuac, hijo de Axayácatil, quien se caracterizó por ser un gran guerrero. Cuitláhuac nunca estuvo de acuerdo en recibir y menos amablemente a los invasores españoles, como lo había hecho su hermano Moctezuma II. Cuitláhuac dirigió la batalla de la llamada “ Noche Triste”, donde los Aztecas capturaron una gran cantidad de prisioneros, tanto españoles como de las diversas tribus indígenas aliadas a ellos, que fueron sacrificaron en su coronación . El reinado de Cuitláhuac fué el más corto. Duró sólo 9 meses, debido a la muerte temprana de Cuitláhuac a causa de la viruela, enfermedad que trajeron los españoles a América.

Cuauhtémoc, hijo de Ahuízotl y nieto de Moctezuma I, Señor de Tlatelolco, tomó posesión del trono a la muerte de su tío Cuitláhuac. En su coronación sólo hubo unos cuantos sacrificios de prisioneros hechos en la batalla de la Noche Triste. Perdió la batalla decisiva contra la alianza Tlaxcalteca-Española, el 13 de agosto de 1521. Tras esta derrota, Cuauhtémoc sale de la ciudad, pero es capturado y salvajemente torturado (como era la costumbre española), tratando de que les dijera dónde estaba escondido el tesoro de Moctezuma. Finalmente es asesinado en la horca el 28 de febrero de 1525.

Olmeca, Teotihuacán y Tolteca, fueron tres de las más grandes culturas mexicanas que precedieron a la Azteca. De ellas tomaron parte de sus enseñanzas, de sus costumbres y de sus dioses. La cultura Tolteca fué la más admirada de las tres por el pueblo Azteca, adoptando a Quetzalcóatl, como dios suyo. El príncipe Quetzalcóatl, fué el cuarto emperador Tolteca, quien gobernó Tollan (Tula), en el año 925 de nuestra era, por un periodo de 19 años, periodo considerado como la época de oro del pueblo Tolteca. Durante su reinado, enseñó a su pueblo conocimientos de agricultura, medicina, astronomía, metalurgia en oro, plata y cobre, creó el calendario ritual, inventó la escritura, impulsó todas las artes y llenó de templos y palacios la ciudad de Tula. Quetzalcóatl era un hombre blanco, alto y barbado. Esto nos lleva a pensar que era un indígena albino, hijo de un vikingo, o un vikingo perdido de las expediciones que estos hicieron a América antes de la que hiciera Cristóbal Colón.

Durante el gobierno de Quetzalcóatl no existían los sacrificios humanos en honor de los dioses, pero al final de su vida, Quetzalcóatl tuvo diferencias con Huemac, sacerdote, caudillo militar y partidario del dios Tezcatlipoca (dios de la guerra), quien sí exigía tributos humanos; inclinándose el pueblo por Huemac, lo que originó que Quetzalcóatl abandonara la ciudad para siempre. Pero antes de irse hizo la siguiente profecía: “Volveré un día con mis hermanos blancos barbados”. Después de la desaparición de Quetzalcóatl, con el tiempo, fué hecho por los toltecas uno de sus dioses y posteriormente fué adoptado por los Azteca, cuando estos se mezclaron con las demás tribus del valle de México. Por esa razón, cuando Moctezuma II recibió informes de los primeros españoles que llegan a las costas de Veracruz, en 1518, y que éstos eran blancos y barbados, creyó que se trataba de Quetzalcóatl y sus hermanos, y cree que las intenciones de aquellos hombres eran buenas, como las de aquel dios, que con su corazón y sus conocimientos, construyera una de las culturas más importantes del México antiguo; los Toltecas.

Por tal motivo, los españoles fueron recibidos con una multitud de regalos que sólo sirvieron para despertar su codicia. Cuitláhuac nunca fué de la idea de su hermano Moctezuma II, y desde un principio los combatió, pero fué arrestado por los españoles que ya empezaban a imponerse sobre Moctezuma II. El arresto de Cuitláhuac hizo que el pueblo Azteca se revelara y Cortés, que ya estaba de regreso en Tenochtitlán, tras una breve ausencia por haber tenido que ir a combatir huestes españolas que venían a arrestarlo, le pidió a Moctezuma II, que calmara los ánimos de su pueblo. Pero cuando la muchedumbre vio el cambio de actitud de su emperador, quien era un dirigente firme, fuerte, imponente y algunas veces hasta prepotente, y vieron a un Moctezuma II doblegado, débil y sumiso, lo abuchearon y lo apedrearon. Fué golpeado con una piedra en la cabeza, lo que le ocasionó la muerte dos días después.

El pueblo Azteca siempre estuvo convencido del poder profético de su máximo guía espiritual Huitzilopochtli, quien los condujo hasta Tenochtitlán y quien los escogió entre muchos pueblos que partieron de Aztlán, como los elegidos. Con Huemac, emperador Tolteca, se iniciaron los sacrificios humanos en el pueblo Tolteca. Los Azteca, que tomaron muchas de las costumbres toltecas, se sintieron con la responsabilidad de mantener vivo a su dios, el Sol; temían que no saliera el día de mañana y terminara la vida sobre la tierra. Además lo consideraban su aliado en las guerras y tomaban de él su fuerza para las batallas. Esto los llevó a creer que así como los hombres y los animales (formados de sangre) o podíamos vivir sin ella, tampoco el Sol, por lo tanto, la sangre humana debía de ser su único alimento; mientras más sangre humana le ofrecieran, más vida le darían. Hoy, para nosotros, no es la mejor justificación de ese cruel ritual Azteca. Tampoco lo fué para los intelectuales europeos de la Edad Media, quienes los consideraban una especie infrahumana y salvaje, muy lejana de las razas creadas por su Dios asiático-europeo.

Una pregunta que valdría hacerse es si acaso las razas que adoraban al dios asiático-europeo, no eran salvajes por quemar en la hoguera a todos los que no pensaban igual que ellos. Hasta los más santificados participaban en aquellas maquiavélicas orgías del infierno.

Tomada del Libro: “Aztlán: origen y destino”
de: Melquiades González Gaytán

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