Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

lunes, 5 de noviembre de 2012

El Nacimiento de una Leyenda: José Alfredo Jiménez

Homenaje al compositor orgullosamente guanajuatense,
quien muere el 23 de noviembre de 1973

¿Quién de nosotros no ha cantado por lo menos una estrofa de una de las muchísimas canciones del más grande compositor de música ranchera de nuestro país? ¿Quién en una noche de parranda no ha pedido, por lo menos una vez, que toquen “El Rey”? ¿Quién no le ha demostrado a la mujer que ama, sus sentimientos, y de paso, su condición de macho entre los machos, por medio de una de sus melodías?

En 1926, el país se reponía de la cruenta lucha revolucionaria: ocupaba la presidencia de la República, Plutarco Elías Calles, que intentaba una estabilización social y, sobre todo, política en el país: nacionalizaba empresas, cerraba templos y confiscaba bienes eclesiásticos. El 19 de enero de ese año, nacía en la cuna de nuestra Independencia, Dolores Hidalgo, Guanajuato, José Alfredo Jiménez Sandoval, que el mundo conocería como José Alfredo Jiménez o simplemente, José Alfredo.

Hijo de Carmen Sandoval y Agustín Jiménez, dueño de la botica del pueblo, José Alfredo pasó su niñez en su pueblo natal. Pero fué a mediados de los treinta, en pleno periodo cardenista, cuando al morir su padre, la familia Jiménez Sandoval se traslada a la ciudad de México, que en esos años tenía un toque campirano, para instalarse en una vieja casona, propiedad de unos parientes, en Santa María La Ribera.

Cerca del que sería su primer hogar en la capital del país, se ubicaba el restaurante “La Sirena”; fué ahí donde José Alfredo desempeñó su primer trabajo: mesero. El dueño del lugar, tenía un hijo que gustaba de tocar la guitarra y junto con José Alfredo y otro amigo formaron un trío, “Los Rebeldes”, que empezó a hacer sus pininos en el mencionado restaurante.

En aquellos años, mediados de los cuarenta, el mundo se convulsionaba por la Segunda Guerra Mundial, y México también tuvo su participación por medio del Escuadrón 201; mientras tanto, José Alfredo tenía una gran pasión: el futbol; llegó a jugar en el máximo circuito del balompié nacional como portero, le apodaban “El Gato”, debido a su gran agilidad y a sus felinos ojos azules. Su suplente en la portería era, ni más ni menos, Antonio “La Tota” Carvajal, único jugador mexicano que ha participado en cinco mundiales.

Sin embargo, tuvo que renunciar al deporte para dedicarse de lleno a su verdadera vocación: la música. A finales del decenio de los cuarenta, José Alfredo se dedicaba, por afición, a componer canciones que exaltaban los acontecimientos de su entorno y junto con su trío daban serenatas donde les pagaban siete pesos.

Fué en 1947, cuando compuso la canción “Yo”, que al ser escuchada por Andrés Huesca, líder del grupo Los Costeños, la graba el 22 de febrero de 1950, para la RCA Víctor. En ese año, Mariano Rivera Conde, director artístico de la RCA, lo conoce y le agrada su trabajo, por lo que comienza a pedirle canciones para sus intérpretes que ya estaban consolidados o en camino de serlo: Miguel Aceves Mejía, Pedro Infante y, sobre todo Jorge Negrete.

En el despegue del éxito, Felipe Valdés Leal lo firma como intérprete para la CBS, y en junio de ese año, 1950, graba su primera canción como cantautor: “Ella”, la cual fué incluida en la cinta Arrabalera, de Joaquín Pardavé, de ese mismo año. En 1950, sus melodías “Ella” y “Yo”, se incluyen en las películas La Marquesa del Barrio, Burlada, Islas Marías, El Gavilán Pollero y Por querer a una mujer. En ese año, se reanudaban los campeonatos mundiales de futbol. México inauguraba la fiesta del balompié ante el anfitrión, Brasil: el resultado: una goleada en contra de cuatro a cero. Antonio Carvajal comenzaba en ese Mundial a escribir su historia de cinco participaciones.

En el cine, abarrotaban las pantallas, las películas de melodrama, y hacían su irrupción las bailarinas y cintas que harían todo un género: las rumberas. El país estaba gobernado por Miguel Alemán Valdés.

Al año siguiente, 1951, obtiene el disco de oro, otorgado por un semanario, por sus éxitos: “Como un criminal”, “Cuando el destino”, “Cuando juega el albur”, “Ella”, “La que se fué”, “Esta noche”, “Mi despedida”, “Nuestra noche” y “Viejos amigos”, entre otros. Al mismo tiempo que continuaba musicalizando películas, es en ese año cuando hace su debut como actor al lado de Pedro Infante en la película Martín Corona, de Miguel Zacarías. Es a partir de ahí cuando nace la leyenda.

A lo largo de 22 años, José Alfredo compone sus temas para sí mismo, pero también son interpretados por diversos y disímbolos cantantes mexicanos y extranjeros; además son utilizados para musicalizar buena parte de la producción cinematográfica de nuestro país en esas dos décadas y aún más, inspiración para títulos de cinta como El enamorado, Camino de Guanajuato, La Vida no vale nada, Tú y las nubes, A los cuatro vientos, entre otras, donde no sólo sus canciones musicalizan las cintas, sino también hace breves apariciones musicales y tiene papeles más extensos.

Durante esos 22 años, 1951-1973, el país se enriqueció en su historia con toda clase de acontecimientos y hechos memorables. En los años 50, en el cine predominaban la presencia y las voces de Jorge Negrete, Pedro Infante, María Félix, Pedro Armendáriz, Dolores del Río; directores como Emilio Fernández y Alejandro Galindo definían su cine; los ritmos musicales que más se escuchaban eran los boleros, el mambo y a finales de esa década, el rock and roll. El país parecía enfilarse hacia un desarrollo económico, social y político.

Para el decenio de los sesenta, nuestro país no podía sustraerse de los grandes movimientos que se suscitaban en el mundo. Los estudiantes tomaban las calles, se dejaban el pelo largo en señal de protesta y se manifestaban en contra de la Guerra de Vietnam. Los Beatles, Los Rolling Stones, The Doors, Jimmy Hendrix, entre otros, dominaban las estaciones de radio y su look marcaba la moda. Los ojos del mundo estaban puestos a finales de los años 60 en México, porque nuestro país era la sede de los Juegos Olímpicos en 1968. Y ese mismo año, la nación se enlutaba por los trágicos sucesos de Tlatelolco, el 2 de octubre. Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz, fueron los presidentes de México en esa memorable –en todos sentidos- década.

José Alfredo grabó más de 30 álbumes, compuso más de 400 canciones que han sido interpretadas, entre muchos otros, por Jorge Negrete, Pedro Infante, Lola Beltrán, Miguel Aceves Mejía, Luis Aguilar, Pedro Vargas, Lucha Moreno, Libertad Lamarque, Pepe Jara, Charro Avitia, Adolfo Garza, Amalia Mendoza, Chavela Vargas, María Victoria, Julio Iglesias, José Luis Rodríguez, Luis Miguel, Daniela Romo, Tania Libertad, Estela Núñez y Eugenia León. Como se ha mencionado, muchas de sus composiciones están inspiradas en lo que sucedía en su entorno, por ejemplo “El Jinete”, que llegó a su mente cuando presenciaba el paso lento de un caballo en el Desierto de Los Leones: o cuando uno de sus hermanos (Ignacio), tuvo un accidente en Salamanca donde perdió la vida.

Ese triste suceso lo llevó a componer “Camino de Guanajuato”, donde hace referencia a ese desafortunado acontecimiento en el párrafo: “No pases por Salamanca/ que ahí me hiere el recuerdo / vete rodeando veredas / no pases porque me muero” o cuando una mañana al ir manejando por una carretera y la visibilidad era escasa, José Alfredo dijo: “esto parece un mundo raro...” y escribió una melodía con el nombre de “Un mundo raro”.

Motivo de inspiración también lo fueron, por supuesto, las mujeres. El tema más famoso es “Paloma Querida”, dedicado a su entonces novia y posterior primera esposa, Julia Gálvez Aguilar; “Muy despacito” (dedicado a Irma Dorantes), “Si nos dejan” (a Columba Domínguez), “Te quiero, te quiero” (a Irma Serrano), “Qué bonito amor” (a Lola Beltrán), “Amanecí en tus brazos” (a Lucha Villa) y “No me amenaces” (a Mary Medel, su segunda esposa).

Todas sus canciones están inspiradas en sus vivencias, en sus propias tragedias o aventuras, en sus amoríos (se casó tres veces, la última con Alicia Juárez), no hay otro compositor de música ranchera que tenga tanto éxito y goce de tanta popularidad, aun hoy en día. José Alfredo no sabía –académicamente hablando- música, es decir, no escribía por nota, su recurso era la intuición; no sabía tocar ningún instrumento, por lo que silbaba las canciones que iba componiendo. Más tarde, Rubén Fuentes se encargaría de los arreglos musicales y la anotación en el pentagrama. Para José Alfredo todas las canciones tenían que nacer juntas, es decir, música y letra al mismo tiempo si no, decía, no funcionaban.

Muchas de sus canciones sirven de acompañantes en nuestras parrandas o borracheras, porque así era José Alfredo. Gustaba de la vida placentera; por ello, desde febrero de 1972 ingresó a un hospital particular en la ciudad de México, debido a que su salud se minaba gradualmente por un padecimiento en el hígado. Finalmente, el 23 de noviembre de 1973, a la mitad del sexenio de Luis Echeverría Álvarez, dejó de existir, físicamente, El Rey de la Canción Ranchera, El Amo de los Compositores: José Alfredo, quien en nuestro medio vernáculo, ¡sigue siendo El Rey!


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