Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

jueves, 4 de octubre de 2012

Libro

HISTORIA DE LA MÚSICA POPULAR MEXICANA


El Apogeo de la Canción Romántica
La Inmortal Trova Yucateca

Más de Cien Años de Historia
(continuación)

Como equivalente de los “sonecitos” que circulaban en el resto del país, en la península se difundieron ya desde mediados del siglo XVII, sones impregnados de mayismos y con características rítmicas y melódicas inconfundibles: el chuleb (ave comendador), la xochita (hembra del búho), el pichito (el tordo), la yuya (la oropéndola), el xulab (la hormiga), el chiquiquiliche, el sechihnache y el churuxito, con otros tantos ejemplos de esta floración zoológica.

Durante la primera mitad del siglo XVII, la provincia se vió sometida a una clara influencia musical popular andaluza instrumental de viento y cuerda, para adoptar en el siglo XIX la guitarra sexta, instrumento que caracterizó desde entonces a la mayoría de los acompañamientos de la canción yucateca y se convirtió en compañero inseparable de los músicos peninsulares. Danzas y huarachas coexistieron con canciones sentimentales de influencia italiana, o canciones inspiradas en las zarzuelas de las innumerables compañías que llegaban a Mérida directamente de La Habana.

Influencias

La cercanía de la isla de Cuba con la península ocasionó una estrecha relación y un juego de influencias de ida y vuelta que determinó no pocas de las formas y ritmos preferidos por los cancioneros y guitarristas de Yucatán. De La Habana llegan con frecuencia compañías de revistas “bufo-cubanas” que traían en su repertorio danzones, guarachas, puntos cubanos, puntos guajiros y rumbas; también llegaron músicos cubanos que, deslumbrados por la buena acogida, terminaron por radicar en Mérida, ampliando y profundizando la impronta antillana. Ramón Gasque, llegado en 1843, inició una migración continua que culminó con la llegada del negro Benito Peñalver en 1890 y Cayetano de las Cuevas Balán en 1893.

Peñalver imprimía las canciones de moda en hojas sueltas, enseñando de viva voz la tonada y además la hacía de solicitado trovador de serenatas. Gracias a estas influencias, sextetos y quintetos de inspiración cubana predominaron en las serenatas de esa época. Por otra parte, el danzón llegó a Yucatán a fines del ochocientos, y entre 1895 y 1905 era frecuente su ejecución en bailes y celebraciones. La estrecha relación entre músicos cubanos y yucatecos se prestó a no pocas confusiones y expropiaciones: la canción “Ansias locas” del cubano Eusebio Delfín (1893) fué considerada por mucho tiempo como una canción yucateca. Canciones de Sindo Garay (1866) como “Guarina” y “La tarde”, formaban parte del repertorio habitual de los cancioneros yucatecos.

Al decir de Emilio Padrón López, esta primera época de la canción yucateca que abarca desde fines del siglo XIX hasta principios del presente siglo, podría considerarse una etapa aristocrática, toda vez que la mayor parte de sus autores creaban sus producciones para ser cantadas en las fiestas de las familias ricas de Mérida. Los trovadores Cirilo Baqueiro, Fermín Pastrana, Olegario Gasque y Francisco Sousa pertenecen a esa etapa.

Uno de los primeros compositores de guarachas yucatecas es el legendario Cirilo Baqueiro (1849-1910), mejor conocido como Chan Cil (apócope de la voz maya chichán que significa pequeño). Sus canciones iniciaron la primera gran época de la creación trovadoresca yucateca. Aunque nacido en Campeche, Chan Cil pasó toda su vida en Yucatán, en donde gozó de una popularidad y de una influencia enormes. Su habilidad como ejecutante de violín y la guitarra, así como su magnífica voz lo hicieron imprescindible en fiestas y serenatas. Aún se recuerdan anécdotas de su vida bohemia que ponen de relieve ciertas identificaciones ingenuas de los primeros cancioneros, como aquella que lo hacía recorrer las calles meridanas dando serenatas a las jóvenes, junto con el dramaturgo y peta José Peón Contreras (1843-1907), disfrazado de trovador medieval. Sin embargo, más que en su amplísimo anecdotario, la verdadera importancia de “Chan Cil” reside en sus propias creaciones que sentaron las bases y el estilo de la canción yucateca original.

Fruto de su colaboración con Peón Contreras fué la canción “Despedida”, que llegó a ser popular en los estados de Colima y Jalisco:

Despierta: luz de mis ojos
que aquí está tu trovador
que se viene a despedir:
niña que te guarde Dios.

Así como “En el Abismo”, vívido ejemplo del romanticismo local que no desdeñaba las poéticas influencias del español Gutierre de Cetina ni las irregularidades métricas:

En el abismo de tus negros ojos,
nacieron una noche mis pesares,
por eso son mis penas tan negras
y tan grandes.
Ojos que así me miráis
y que traspasáis el alma
robando impíos la calma
del corazón que burláis.

Cirilo Baqueiro fué también un precursor por la índole poética de las letras seleccionadas para sus canciones; su culteranismo lo llevó a musicar poesías de toda la gama de los romanticismos, desde el dramático “Un sueño” del mexicano Manuel M. Flores: “Anoche te soñaba vida mía, estaba solo y triste en mi aposento”, hasta las sentimentales “Campanillas de tu balcón” del español Gustavo Adolfo Bécquer, sin descuidar la creación propia que no desdeñaba comparar, al ritmo alegre de la guaracha, típicas mestizas con champán francés:

!Zas! Se sitúan frente a las rejas de la esquiva dama, le taladran el corazón con cuatro o seis sinfonías de esas que parecen interpretadas por angélico coro, y al día siguiente, es seguro que la insensible dirigirá una cartita al desairado joven que diga: ‘ven adorado mío’”. Lo interesante de este reclamo no es comprobar la existencia de la serenata como institución, sino la labor de músicos y trovadores que personificaban una tradición de suyo antigua.

Cuando la aurora viene
su fúlgido raudal
y empieza por las calles
la gente a transitar,
más blanca que la espuma
que hierve en el champán
alegre la mestiza
hasta el mercado va.

A partir de la obra de Chan Chil, la canción yucateca no prescindirá jamás de la letra “poética” escrita ex profeso por algún poeta local, o apropiada de las colecciones de poesía latinoamericana que desde siempre circularon ampliamente en la península.

(continuará…)

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