Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

jueves, 5 de julio de 2012

Historia

El Marquesado de Salvatierra


LOS FRAILES CARMELITAS Y LOS HEREDEROS DEL MAYORAZGO

(continúa del número anterior)... En 1757, la segunda Marquesa de Salvatierra se aventuró en un juicio contra los hábiles religiosos, que culminó con la sentencia del 5 de septiembre de 1758 dictada a su favor por la Audiencia Real de la Nueva España que en lo esencial dice:

A pedimento de la parte de la Marquesa de Salvatierra en los autos que ésta sigue con el convento de los religiosos Carmelitas de la propia ciudad, sobre la restitución, amparo y posesión de las aguas del molino perteneciente a su Mayorazgo… se mandó que la contraria no le inquiete ni le perturbe en manera alguna, con lo respondido con la citada Marquesa al traslado que se le dio pidiendo se le mantenga en la posesión en la que ha estado y está del libre uso de las aguas que lleva la zanja o acequia madre, que va del río de dicha ciudad de Salvatierra para el molino de su Mayorazgo, sin otro desfalque por ahora que la necesaria y precisa para el riego de los solares y tierras de la cuadrilla situada por bajo de la acequia que llaman de abajo, contigua del expresado convento, quitándose cualesquiera toma que se le haya puesto para riego de los solares de la cuadrilla que nombran de arriba… Dijeron que mandan y se ampare y mantenga a la parte de la mencionada Marquesa de Salvatierra en la posesión del libre uso de las aguas que llevan la acequia madre que va del río de dicha ciudad de Salvatierra para su molino, quitándose cualesquiera torna o represa que se haya puesto en la referida acequia para el riego de los solares de la cuadrilla que llaman de arriba… y se notifiqué a los arrendatarios o sirvientes del mismo convento, no contravengan en manera alguna a esta determinación, pena de cuatro años de un presidio a los que fueren españoles y de doscientos azotes a los que no lo fueren…”

EL SEXTO MARQUÉS

Miguel López de Peralta Cervantes y Velasco nació en la ciudad de México en 1789, hijo tercero de Ana María Jerónima Altamirano Velasco López de Peralta, Marquesa de Salinas y Condesa de Santiago, quinta Marquesa de Salvatierra y novena poseedora del Mayorazgo y de Don Ignacio Gómez de Cervantes y Padilla Gentil Hombre de Cámara y Maestre de Ronda, fué el décimo y último poseedor, in tegrum del Mayorazgo (el 20 de noviembre de 1820 las Cortes Españolas abolieron los Mayorazgos en España y América), heredó el Marquesado en 1802.

En 1810 era propietario de 14 casas en la ciudad de México, vivía en la calle de Monte Alegre casi esquina con la primera de Relox. Desde el principio de la Revolución de Independencia, aun cuando no tomó las armas, simpatizó con el movimiento, él y su hermano, el Conde de Santiago, se ganaron la reputación de autonomistas.

El 24 de febrero de 1821, Iturbide redacta y proclama el Plan de Iguala con las bases para la Independencia; el 27 de septiembre del mismo año entra a la ciudad de México al frente del Ejército Trigarante, consumándose con este acto la Independencia. El día siguiente 28, se instaló la Junta Provisional de Gobierno integrada por 38 personas, entre ellas, el Marqués de Salvatierra, ese día se redacta el Acta de Independencia del Imperio Mexicano, firmándola entre otros nobles, el Marqués de Salvatierra; el 18 de marzo de 1822, un pronunciamiento militar proclama la Independencia absoluta y nombra a Iturbide Emperador de México. Los nobles mexicanos como el conde de Álamo, el Marqués de Vivanco y los demás incondicionales (el Conde de Peñasco, el Conde de la Cadena, el Marqués de Salvatierra y el Marqués de Uluapa), se unieron a los militares con mucha celeridad y organizaron la pléyade de personas que debían figurar en la Corte del Imperio; destacan en ella el Marqués de San Miguel de Aguayo, Mayordomo Mayor; el tercer Conde de Regla, Caballerizo Mayor; el sexto Marqués de Salvatierra, Capitán de la Guardia. Estos tres últimos habían firmado el Acta de Independencia. El hermano del sexto Marqués, José María de Cervantes; figura como uno de los ayudantes de Su Majestad. En la casa de la Emperatriz aparece como Dama: Doña Joaquina de Estanillo, Marquesa de Salvatierra, y como Damas Honorarias las tres hijas de la Güera.

LOS FRAILES CARMELITAS Y LOS HEREDEROS DEL MAYORAZGO

Tiempo después de la muerte de Jerónimo López El Mozo, su hijo Gabriel tomó posesión del primer Mayorazgo de los tres que fundaron sus padres. En posesión de los bienes vinculados: tierras, ganado, etcétera, tiene el propósito de instalar un molino, para este fin solicita y obtiene el 16 de mayo de 1618 la merced para fundarlo “... en las tierras que tiene en Tarimoro so pena de perderlo si dentro de un año primero siguiente no lo tenía labrado, cultivado, moliente y corriente y con el aviso necesario para su beneficio y con que después que se haya hecho la presa y toma de agua la ha de volver a la madre corriente natural”, fué hasta el 28 de febrero de 1620 que se le dió posesión “del herido de dicho molino que se encontraba al pie del cu de piedra por donde pasa la zanja”, teniendo un año a partir de esta fecha para construir el molino de pan que nombraron de Zavala.

Veinticuatro años después Don Gabriel donó las tierras para la fundación de la ciudad y en el mismo año de 1644, los frailes carmelitas obtuvieron del virrey licencia para fundar un convento de su religión. Desde entonces los religiosos obtuvieron varias mercedes que fueron el engrandecimiento de su orden, logrando aumentar sus propiedades dentro y fuera de la ciudad, no obstante las imprecisiones de los linderos de las tierras cedidas por Don Gabriel con las de los linderos del licenciado Francisco de Raya y otros.

Para 1652, el molino se encuentra derruido y los religiosos carmelitas al corriente de esta situación piden se les conceda este sitio y dos solares para casas y huertas (5 de enero de 1652), merced que les concedió los solares. No obstante, para el 21 de mayo de 1663, los carmelitas habían tomado posesión sobre el herido del molino, de acuerdo con las confirmaciones de tierras que el Secretario de Gobernación había despachado, lo curioso es que años después, el convento vendió a Francisco Baes, en mil pesos oro común. Parte de estas tierras “sin el consentimiento para el comprador de vender y enajenar dichas tierras y únicamente se le autorizó a vender a Don Juan Jerónimo de Sámano y Turcios un predio de 112 varas de largo por 50 de ancho”, según escritura que otorgan los religiosos carmelitas el 11 de junio de 1686, la venta de Don Francisco Baes tiene fecha del 16 de junio del mismo año por cincuenta pesos oro común, según consta en escritura de esta ciudad y de esa fecha.

El 9 de octubre de 1687, Don Juan Jerónimo Sámano Turcios, segundo poseedor del Mayorazgo, “pide con el juramento y solemnidad necesarias se le devuelva original para su resguardo y conviene a su derecho tomar posesión judicial del dicho molino y del agua para uso de él”. Al día siguiente, 10 de octubre, Don Blas García Botello, Alcalde ordinario, dió posesión a Don Juan Jerónimo Sámano Turcios de dicho molino, de pan y de agua para uso de él “... y en señal de verdadera posesión entró al molino, abrió y cerró las puertas de la casa, y de la acequia sacó agua y la vertió en otra parte, e hizo actos de verdadera posesión quieta y pacíficamente”. Pasado algún tiempo, Don Juan Jerónimo decidió instalar un molino que había construido su padre Don Gabriel, “terminándolo a toda perfección y con suficientes galeras para almacenar cargas de harina, además de varias habitaciones para peones, seguramente otras fueron para el servicio particular de la familia porque edificaron un capilla con un notable retablo que se conserva en la sacristía de la iglesia parroquial”.

Años después, los religiosos demandaron a otro de los herederos del Mayorazgo, Don Juan Jerónimo López de Peralta a quien vencieron con su acostumbrada habilidad, obligándoles a buscar una transacción en la que le impusieron entre otras prestaciones a dejarlos tomar agua de la acequia, suficiente para regar 7 solares. Otros fueron los pleitos que se suscitaron entre los frailes carmelitas y los herederos del Mayorazgo; sin embargo, el juicio que tuvo mayor repercusión fué cuando los religiosos que tenían al sur y sureste del convento una gran extensión dividida en solares, llamadas las “cuadrillas bajas” (los 7 solares) irrigados con agua de la acequia madre; más tarde, compraron al vecino Diego Delgado unos sitios nominados “cuadrillas altas”, localizadas al oriente, entre los entonces callejón de Baes y el camino de Urireo; el convento a su vez los vendió a Nicolás de Gazca, quien rescindió de la compra-venta porque no servían para sembrar y porque carecía de agua.

Como consecuencia, no encontrando otra forma más económica para irrigar sus tierras, los religiosos colocaron en la zanja del molino una represa y la correspondiente toma que desviaba el agua hacia sus tierras (existe un mapa en el que se demuestra el lugar de la represa en tierras de la hacienda de La Esperanza); al desviar el agua, la corriente decrecía tanto que no podía moverlo. Ante esta situación, en 1757, la segunda Marquesa de Salvatierra se aventuró en un juicio contra los hábiles religiosos, que culminó con la sentencia del 5 de septiembre de 1758, dictada a su favor por la Audiencia Real de la Nueva España que en lo esencial dice:

A pedimento de la parte de la Marquesa de Salvatierra en los autos que ésta sigue con el convento de los religiosos Carmelitas de la propia ciudad, sobre la restitución, amparo y posesión de las aguas del molino perteneciente a su Mayorazgo... se mandó que la contraria no le inquiete ni le perturbe en manera alguna, con lo respondido con la citada Marquesa al traslado que se le dio pidiendo se le mantenga en la posesión en la que ha estado y está del libre uso de las aguas que lleva la zanja o acequia madre, que va del río de dicha ciudad de Salvatierra para el molino de su Mayorazgo, sin otro desfalque por ahora que la necesaria y precisa para el riego de los solares y tierras de la cuadrilla situada por bajo de la acequia que llaman de abajo, contigua del expresado convento, quitándose cualesquiera toma que se le haya puesto para riego de los solares de la cuadrilla que nombran de arriba...

Dijeron que mandan y se ampare y mantenga a la parte de la mencionada Marquesa de Salvatierra en la posesión del libre uso de las aguas que llevan la acequia madre que va del río de dicha ciudad de Salvatierra para su molino, quitándose cualesquiera torna o represa que se haya puesto en la referida acequia para el riego de los solares de la cuadrilla que llaman de arriba... y se notifique a los arrendatarios o sirvientes del mismo convento, no contravengan en manera alguna a esta determinación, pena de cuatro años de un presidio a los que fueren españoles y de doscientos azotes a los que no lo fueren...”

(continúa en el próximo número)

Tomado del Libro: “El Marquesado de Salvatierra”
de Francisco Vera Figueroa


Historia y Evolución de Salvatierra

El Mundo Prehispánico de Salvatierra; Frontera de Culturas

Los Chichimecas; la vuelta de los bárbaros (continuación)

Eran diestros en el uso del arco y la flecha, desde su infancia, recibían una esmerada educación de sus mayores, pues su supervivencia dependía en mucho de tal pericia, pasaban su existencia en guerra constante con otros grupos de chichimecas, por el dominio temporal de un territorio rico en frutos y animales, por el hurto de las mujeres jóvenes, por las incursiones que hacían a pueblos sedentarios en busca de objetos que robar, o simplemente, por el placer de matar, lo que verdaderamente les brindaba un gran júbilo, pues el que más mataba semejantes, era reputado como el más valiente, y esto, era su máximo orgullo.

Ligeros en su andar, debido a su poca carga, todo lo que llevaban en sí, eran sus armas, la escasa ropa que portaban y los críos de pocos meses de nacidos, cuando se estaban quietos en un lugar, normalmente lo escogían en lo más abrupto de la montaña, en desfiladeros o pequeños valles que tuviesen cuevas u orquedades, o construían chozas de zacate u otras yerbas en forma cónica o simples tallados totalmente transitorios y deleznables, pues cuando partían, nada se llevaban.

En la vida comunitaria y familiar, incineraban a sus muertos, guardando las cenizas en una pequeña bolsa que llevaban consigo, eran monógamos, pero la mujer estaba sujeta al hombre como un animal, si un hijo nacía con defecto físico, lo abandonaban para que muriese, igual suerte sufría, si la madre moría en el parto, se le enterraba junto con ella, aún vivo, si nacían gemelos, se abandonaba al más débil, practicaban el canibalismo sagrado, no eran dados a trabajar y su único esfuerzo era ejecutar la caza y la guerra.

Los Tarascos y el Reino de Michoacán, sus dominios en los Valles Abajeños

Hacia el año de 1250 d.C, en el tiempo de las migraciones de los pueblos nómadas del norte, un grupo de chichimecas llegó a Zacapu dirigido por Iré Thicatame. El lugar de su procedencia es dudoso, pero pudo ser la sierra Tarasca, o bien los valles del norte entre los actuales estados de Guanajuato, Jalisco y Michoacán. Con el tiempo, surgió el Señorío Tarasco en las orillas del lago de Pátzcuaro, se considera al emperador Tariácuri como el verdadero fundador del reino Purépecha, extendieron sus dominios por todo el estado de Michoacán y parte de los estados de Guanajuato, Jalisco y Colima.

Permitieron a los matlazincas establecerse en Charo, a los pirindas en Salvatierra, y utilizaron a los otomíes para poblar sitios estratégicos en Acámbaro y Yuririapúndaro, para detener los embates de las tribus errantes del norte. La parte de bastante extensión del estado de Guanajuato que estuvo bajo sus dominios son los Valles Abajeños, región donde se encuentra nuestro municipio.

La cronología del reino de Michoacán por sus emperadores, comienza con Iré Thicatame, se estableció en Zacapu y sometió a Zirán Zirán, señor de Naranzán; Sicuir Achá, cambió su capital a Huayameo y destruyó Naranzán; Pahuappame I, Huappani I y Curátame I, fueron reyes pacíficos; Pahuátame II y Huappani II, gobernaron juntos y murieron juntos, cambiaron su capital a Pátzcuaro; Zétaco y Aramen, llevaron una vida licenciosa y desordenada; Tariácuri, hijo de Pahuáppame II, se le considera el fundador del Señorío Tarasco de Pátzcuaro, dirigió la conquista de los michoacanos y de un gran territorio, logró la unificación de sus dominios, y a su muerte en 1440, el reino se dividió en tres señoríos; Curátame II, hijo de Tariácuri, arrojó del trono a su padre y murió a manos de los príncipes purépechas; Hiquingare, hijo de Tariácuri, murió en 1450; Hiripan cambió la capital a Ihuatzio, murió también en 1450; Tanganzoan I, hijo de Aramen, cambió la capital a Tzintzunzan, unificó el imperio, murió en 1454; Tzitzipandácuare, venció a los tecos y a los aztecas en 1480, conquistó además Colima y Zacatula; Zangua, derrotó por segunda vez a los aztecas y les negó su ayuda contra los españoles, murió en 1520; y Tanganxoan II se rindió a los españoles en 1522, fué bárbaramente sacrificado por Nuño de Guzmán, el 29 de enero de 1530 en Conguripo, Michoacán .

Evangelización y Colonización del Valle de Huatzindeo 1526-1644


Los Orígenes de la Colonización y Evangelización de Salvatierra

Al periodo colonial de 118 años, que transcurren entre la llegada de los primeros misioneros Franciscanos a Acámbaro y la fundación de la ciudad de Salvatierra, se le puede llamar periodo prefundatorio salvaterrense, por lo trascendental en la conformación de nuestro municipio y ciudad. Era natural que después de la rendición del emperador de los tarascos, Tanganxoan II a los españoles y el reconocimiento al rey de España como soberano, éstos aprovecharon la estructura política del reino de Michoacán, para explorar y colonizar estas tierras, siempre en busca de riquezas.

Tal aprovechamiento, se puso de manifiesto al refundarse a la española los pueblos de Acámbaro en 1526 y Yuririapúndaro en 1540. Fueron éstos, centros de actividades y acciones misioneras emprendidas al Norte del río Grande (Lerma), siendo por tanto, nuestro territorio municipal uno de los primeros en recibir esta influencia.

Los misioneros Franciscanos procedentes de Acámbaro, fueron los primeros en arribar a estas tierras. Fundaron las primeras doctrinas en Urireo, Eménguaro y Huatzindeo, con amorosa entrega y desinteresada pobreza, instituida en ellos por su seráfico fundador, el Patriarca de Asís.

El sueño franciscano en convertir estas tierras en el imperio anunciado en el Apocalipsis, abarcó los terrenos de lo político, lo cultural y lo literario, con el objeto de construir una sociedad cristiana limpia de modelos europeos, donde se rescatara la identidad propia de una nacionalidad naciente, y prepararla para el fin de los tiempos.

En 1540, llegaron los religiosos de la orden de San Agustín a Yuririapúndaro para adentrarse en el valle de Huatzindeo, fundaron el pueblo de Santiago Maravatío en 1540, posteriormente, en 1557, la hacienda de San Nicolás, y después, su convento en el viejo pueblo de San Felipe Tiristarán en 1665. Sería la fundación de la hacienda la que proporcionó mayores recursos a la provincia Agustiniana de Michoacán.

Fueron muchos pueblos en el valle los que en esta época desaparecieron sin dejar huella. Es en la Relación de Zelaya (1580), incluida en las Relaciones Histórico Geográficas de Indias, dispuestas por el Consejo de Indias en 1577, por Cédula Real emitida por el rey Felipe II, donde ya aparecen como sujetos a la alcaldía mayor de Celaya, los corregimientos de Acámbaro y Yuririapúndaro. Consigna como sujetos al pueblo de Acámbaro los asentamientos de Ménguaro, Urireo y Chochones. Al pueblo de Yuririapúndaro estaban sujetos los pueblos de Eménguaro, Tiristarán y Santiago Maravatío.

Estas fundaciones son de tal importancia para nosotros, porque nos antecedieron y después nos conformaron, económica y socialmente como ciudad y municipio.

Los Misioneros Franciscanos y la Fundación de Acámbaro

El capitán general, D. Nicolás de San Luis Montañez, conquistador, fundador y poblador de las fronteras de chichimecas, cacique de Jilotepec y descendiente de la estirpe imperial de Moctezuma, fundó el pueblo de San Francisco de Acámbaro, el 19
de septiembre de 1526, con indios tarascos y otomíes. En ese mismo año, el tesorero del reino, D. Alonso de Estrada, a nombre del rey Carlos V mandó construir la iglesia y el convento de Santa María de Gracia de Acámbaro en compañía de los religiosos: fray Antonio Balmul y fray Juan Lazo, procedentes de Jilotepec. Fueron estos frailes, los primeros apóstoles de la evangelización en tierras guanajuatenses.

Era natural que a medida que iba siendo explorado el territorio al Norte del Río Lerma, se iban colonizando tierras, sobre todo, aquellas más favorecidas por la naturaleza, agrupándose los hombres con más facilidad donde hallaban mayor abundancia de dones naturales. Nuestro valle tan rico en toda clase de productos, abundante agua, hermoso clima y magníficas tierras cobijadas y protegidas por altas montañas, tenía que ser forzosamente objeto de atención y deseos de los pobladores que iban llegando rápidamente, organizando la nueva nación.

Las primeras misiones evangelizadoras que llegaron al valle de Huatzindeo se debieron, después de la fundación del pueblo de San Francisco de Acámbaro, a dos hechos que determinaron su impulso a partir de este centro de operaciones. El primer hecho fué la erección canónica de la Diócesis de Michoacán el 18 de agosto de 1536, y el advenimiento posterior de su segundo obispo D. Vasco de Quiroga, gran impulsor de la evangelización y protector de los indios. El segundo hecho importante fué la designación de fray Juan de San Miguel como guardián del convento de Acámbaro en 1546, fué él quien emprendió la labor de evangelizar en esta región a los agresivos chichimecas, catequizó a los naturales de los viejos pueblos de Eménguaro y Tarimoro.

Son tres los testimonios históricos documentales que en relación con las actividades misioneras franciscanas, consignan las doctrinas y los pueblos asentados en el valle. El primero es la Relación de Zelaya, documento fechado en 1580, en el que se mencionan como asentamientos sujetos al pueblo de Acámbaro: Eménguaro, Urireo y Chochones. El segundo documento es el Decreto del Concilio Mexicano, realizado en 1585, para organizar la Iglesia de la Nueva España, en él, se determinó la fundación de un convento en Huatzindeo que atenderían los religiosos Franciscanos. Y por último, en las actas y acuerdos del primer Capítulo Provincial Franciscano celebrado en el año de 1590, en el convento de Santa María de Gracia de Acámbaro, donde ya figuraba Huatzindeo con el carácter de convento.

Era pues, lógico, que en el siglo XVI, estos frailes misioneros, visitaran las doctrinas y asentamientos en el valle, en su paso de Acámbaro a los conventos establecidos al Norte de la Frontera natural del río Grande, como los de Celaya y Querétaro.

La Fundación de Urireo

Urireo es un vocablo purépecha que significa: nariz a adelante, en náhuatl, se pronuncia tlayacac o tlayacaque del vocablo teyacacantiuh, que significa: ir guiando a otro. En el siglo XVI, se le daba este nombre a los indios catequizados que servían de guías a los misioneros, cuando salían a administrar los sacramentos. El asentamiento más antiguo que se conoce en los terrenos de Urireo se remonta a la época prehispánica, en lo que hoy es Cóporo, poblado en esos tiempos por indios otomíes.

Dentro del proceso de la conquista y colonización española, el primer virrey de la Nueva España, D. Antonio de Mendoza, concedió una merced de tierras por un sitio de ganado mayor en las inmediaciones (probablemente fueron las actuales tierras que hoy ocupa Ballesteros) del actual pueblo, a un español de nombre Bernardino Vocanegra, aproximadamente en el año de 1540.

Tomado del Libro: “Historia y Evolución de Salvatierra”
de Miguel Alejo López

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