Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

lunes, 18 de junio de 2012

Biografía

Gonzalo Chapela y Blanco

Gonzalo Chapela y Blanco Montañez nació en Tingambato, Mich. el 12 de septiembre de 1910. Estudió en Morelia en el Seminario Diocesano y en la Escuela Libre de Derecho. Radicó durante muchos años en la Ciudad de México, dedicado a la docencia en colegios particulares y al periodismo, salvo una época en que fué Diputado en el Congreso de la Unión. Desde 1941 fué editorialista del diario Novedades. Un desgraciado y sentido accidente lo apartó del periodismo en 1968, pero continuó trabajando sin descanso; en los últimos años de su vida, se encontraba trabajando en un Tratado de Lógica.

La obra poética de Chapela fué muy breve. Sólo publicó Romance de la novia de piedra, que contiene romances sobre lugares y personajes de Morelia. Existen otros poemas y canciones suyos que quedaron dispersos, de entre los que se pueden mencionar Yunuén y El ala rota. La poesía de Gonzalo entra en el marco de la obra romántica, en la línea de la de Fray Manuel Navarrete. No hay duda de que siempre fué un poeta estimable. Le presentamos aquí sólo un fragmento del poema El ala rota:


“Que bueno eres, amigo -he entendido
sin duda sus palabras-
al tratar de librarme de la muerte
que ya siento cercana.
Si te dueles de verme acongojado
con mi mortal herida,
es que sabes también de ese punzante
amor que martiriza.
Tú que sabes las penas de la vida
y los amargos llantos
que nos hace verter cuando perdemos
al ser que tanto amamos,
bien puedes comprender que mis gemidos
no son porque mis alas
no pueden sostenerme ya en la altura
sobre la tarde pálida.
No lloro por la herida que me arranca
poco a poco la vida,
ni es tampoco la causa de mi duelo
la noche eterna y fría
que, cerrando mis ojos lentamente,
va borrando implacable
la imagen de las cosas que se esconden
como en oscura nave.
Mi pena es más oscura y más amarga:
la herida que me aqueja
es el dulce recuerdo de mi amada
que tan lejos se encuentra.
Mañana, al asomar la rubia aurora
con su manto dorado,
debíamos emprender juntos el vuelo
otros aires buscando;
mas quisimos volver por un instante
a platicarnos quedo

los mágicos arrullos amorosos
que escucharás atento.
¿Quién sabe si otra vez cuando retorne
la alegre primavera,
mi amada guardará vivo el recuerdo
de esta noche sangrienta?
Si algún día, cuando pases por la tarde
debajo de este cedro,
encuentras a mi dulce compañera,
¿le dirás que me muero
pensando en el idilio quejumbroso
que soñamos eterno
y que, muerto, cumplí de recordarla
mi postrer juramento?
Ya me voy a morir. Gracias, amigo.
Me trajiste el consuelo
de escuchar las congojas de mi pecho
y el gemir postrimero…”
…Y ya no dijo más, cerró sus ojos
para siempre a la vida
y su cuerpo quedose desmayado
como rosa marchita.
Su cadáver se enfrió rápidamente
entre mis manos trémulas,
al tiempo que una ráfaga cantaba
en las ramas escuetas.
Por encima de los montes fue llorando
desde la humilde ermita
el son arrullador de una campana
su postrer despedida.
El viento de la noche iba arrastrando
como revuelta huesa
los restos de un verano esplendoroso:
ramajes y hojas secas.


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