Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

lunes, 18 de junio de 2012

Leyendas

El Libro Prieto

Es prieto no negro.

Desde el momento mismo de la fundación se formaron en nuestra ciudad dos grupos de poder que determinaron, la vida económica, política y social, manejando nuestros destinos durante la colonia. Los grupos en cuestión fueron: el integrado por la familia López de Peralta que finalmente se consolidó por el reconocimiento del Marquesado de Salvatierra, junto con los Botello y los Esquivel y Vargas, todos ellos con el apoyo de los Religiosos Franciscanos. El otro; formado por Don Agustín Carranza y Salcedo, amigos y familiares con el apoyo de los Religiosos Carmelitas.

La principal fuente de poder estaba contenida en el Libro Prieto, dado la tradición jurídica de la época sobre la validez documental única. Contiene este libro los autos, cuadernos, actas y diligencias de la fundación de la Muy Noble y Leal Ciudad de San Andrés de Salvatierra. Es muy probable que en él se encuentren también convenios secretos entre los grupos de poder y de los personajes que intervinieron, y que al no ser cumplidos, dieron origen a los futuros problemas entre ellos, prolongándose éstos por más de un siglo.

Las noticias y testimonios documentales sobre la existencia y peregrinar de este libro a través de los tiempos de nuestra historia local, se reconstruyeron en la siguiente crónica:

En el año de 1660, veintiséis años después de la fundación de la ciudad, Don Agustín Carranza y Salcedo se encontraba radicado en la ciudad de Pátzcuaro, desterrado de Salvatierra por un grupo de vecinos afines a los López Peralta. Para 1662, Don Agustín solicitó el 24 de octubre de ese año al Capitán Julián Atristain, Alcalde Mayor de la Provincia de Michoacán, le fuera entregado el libro de la fundación en su calidad de fundador y Alguacil Mayor de la ciudad.

Por orden de Don Julián, se lo entregó en el año de 1663 Don Diego de la Cruz Sarabia, en su calidad de apoderado de la ciudad. En el mes de junio de 1687, según hace constar Domingo de la Barrera, Escribano Real; Don Agustín hace entrega del libro a Fray Alberto de la Madre de Dios prior del Convento Carmelita en Salvatierra, haciendo constar que se compone de 430 fojas útiles.

El 8 de noviembre de 1743, Fray Pedro de San Antonio prior del Convento del Carmen en ese tiempo, hace constar el testimonio de Pedro García de Olloqui de que el libro se halla en el archivo del convento y en la portada se lee la siguiente advertencia: “Para no poderlo prestar, téngase presente el capítulo 5n, 4 de nuestras constituciones en la segunda parte”.

En los tiempos de la Reforma, el libro fué guardado en la Hacienda de San José del Carmen por instrucciones del Padre Checa, provincial de la Orden de los Carmelitas. Quedando allí guardado durante el Porfiriato y la Revolución.

En el año de 1928, siendo Presidente Municipal Adolfo Vallejo Gómez, los vecinos del Pueblo de Urireo reclamaban tierras ejidales pertenecientes a la Hacienda de San José, su dueño Don Manuel Llamosa aducía que dicho pueblo ya tenía tierras ejidales dotadas desde la fundación y que podía probarlo. Para tal efecto se practicó una diligencia en cuya acta se hace constar que estuvieron presentes: el Sr. D. Ignacio Ortiz, secretario del H. Ayuntamiento; Don Manuel Llamosa, propietario de la Hacienda; los Sres. Don Jesús Ramírez Sosa, Don Remigio Villafuerte, Don Manuel Caballero Villagómez en calidad de testigos; y Don Alberto Bocanegra, administrador de la Hacienda. Por órdenes de Don Manuel Llamosa, el administrador mostró el libro de la fundación de Salvatierra, estaba forrado en piel

boa en color negro, dándose la instrucción en esos momentos de que dicho libro si bien podía ser consultado por los interesados, no debía ser sacado de ese lugar.

Por circunstancias políticas ajenas a la voluntad de Don Ignacio Ortiz el libro quedó en su poder, encomendado a la Srta. Mercedes Solórzano la realización de una copia de los documentos más importantes. Esta copia fué conocida por el Sr. Pbro. Don José Espinosa, Párroco de Salvatierra y por el Padre Fray Eliseo Ruiz González, O.F.M. Guardián del Convento de San Francisco.


Posteriormente, en 1936 el Sr. Cura Espinosa encargó al profesor Jesús Gutiérrez realizar una investigación documental para formar una historia de Nuestra Sra. de la Luz, con autorización de Don Ignacio, el Prof. copió del Libro Prieto hasta la foja 22, información que fué conocida también por nuestro historiador Don Melchor Vera.

A la muerte de Don Ignacio, sus herederos entregaron el libro al Padre Fray Nicolás de San José, Prior del Convento del Carmen en Salvatierra, para incorporarlo finalmente al archivo histórico de la Provincia de los Carmelitas Descalzos en México.

Pero, ¿Quiénes son los actores protagónicos de la fundación y por ende, los personajes centrales de libro?

Ellos son:.

Don García Sarmiento de Sotomayor, Conde de Salvatierra y Marqués de Sobroso; fué Virrey de la Nueva España del 23 de noviembre de 1642 al 13 de mayo de 1648. Despachó la Real Cédula de Título de Ciudad de San Andrés de Salvatierra el 9 de febrero de 1644.


Don Gabriel López de Peralta, nació en la Ciudad de México en 1593, proporcionó las tierras para la fundación de la ciudad y al no recibir las contraprestaciones esperadas a cambio como buen vasallo de su Majestad, entabló un juicio contra el Rey ante el Consejo de Indias. Por decreto del 3 de diciembre de 1707 recibió el título de Marqués de Salvatierra, con transacciones de derechos de una renta anual de 6000 pesos.

Los Marqueses de Salvatierra han sido por heredar dicho título nobiliario:

1ª. Marquesa.- Doña Francisca Catalina Jerónima López de Peralta Sámano Turcios Luyando y Bermeo, que fué casada dos veces; Don Pedro de Eguarez Fernández de Híjar y en segundas nupcias con Don Diego Urrutia de Vergara Flores de Valdés. Del primer matrimonio fué la

2ª. Marquesa.- Doña María Josefa López de Peralta Sámano Turcios y Eguarez, que murió sin sucesión, pasando el título a su sobrino

3er. Marqués.- Don Juan Lorenzo Gutiérrez Altamirano Velasco López de Peralta Albornoz Castillo y Urrutia de Vergara, que además era octavo Conde de Santiago, octavo Marqués de Salinas y séptimo poseedor del primer Mayorazgo de Gabriel López de Peralta. Casó con Doña María Bárbara de Ovando y Rivadeneyra, de quien entre otros hijos tuvo a la

4ª. Marquesa.- Doña María Isabel Jerónima Altamirano López de Peralta y Ovando, que además era la décima Condesa de Santiago, murió sin sucesión y su hermana fué la

5ª. Marquesa.- Doña Ana María Jerónima Altamirano Velasco López de Peralta y Ovando, undécima Condesa de Santiago y décima Marquesa de Salinas. Casó con

Don Ignacio Lionel Gómez de Cervantes Padilla, de quien tuvo entre otros hijos al:

6º. Marqués.- Don Miguel Jerónimo López de Peralta Cervantes Velasco, que fué el último poseedor integrum del primer Mayorazgo. Firmó el Acta de Independencia de México, fué Capitán de la Guardia Imperial de Iturbide, Consejero de Estado, Gran Cruz de la Orden de Guadalupe, General de la República y Gobernador de Distrito Federal. Casó dos veces y de su segunda esposa Doña Joaquina Estanillo tuvo entre otros hijos al

7º. Marqués.- Don José Cervantes Estañillo, que casó con Doña Manuela Cortázar de Cevallos, hija del General Don Luis Cortazar, del Ejército Trigarante, y Conde la Presa de Jalpa y de Rábago. Tuvo una hija que fué la

8ª. Marquesa.- Doña Dolores Cervantes y Cortazar que casó con Don Antonio Riva y Echeverría. De este matrimonio fueron hijos

El 9º y 10º. Marqueses de Salvatierra.

El noveno Marqués Don Antonio Riva y Cervantes, que murió en los años treinta en un accidente de aviación al dirigirse a su hacienda de la Gavia, en el Estado de México. Murió sin sucesión, pasando el título a su hermano el décimo Marqués de Salvatierra Don Luis Riva y Cervantes, fallecido el 2 de abril de 1939 en la Ciudad de México. Fué casado con Doña María Concepción de Landa y Lozano, de quien tuvo varios hijos, uno de los cuales debería ser el siguiente Marqués de Salvatierra.

Don Agustín Carranza y Salcedo es el personaje más importante en el desarrollo histórico de la fundación, era pobre pero se distinguía por su preparación, ejerció el oficio de Escribano y fué Alguacil Mayor del primer ayuntamiento de nuestra Ciudad.

Principal gestor de la fundación; nación en Zalaya –hoy Celaya- al decir de unos, otros afirman que nación en Valladolid –hoy Morelia- murió el 11 de agosto de 1688, fué sepultado en la capilla mayor de Ntra. Sra. Del Carmen por privilegio concedido por el definitorio de la Orden. Fray Agustín de la Madre de Dios nació en el año de 1610, apoyó a Don Agustín a todo lo largo del proceso, fué cronista de la Provincia carmelita, celebró la misa del Espíritu Santo en acción de gracias por la fundación de la Ciudad, murió en el año de 1662.

Las Brujas

¡No me vas a creer lo que te voy a contar! Exclamó Don Glaciano mirándome fijamente a los ojos, allá en su casa en una de esas escabrosas pero simpáticas callecitas del Molino de Ávila. A sus casi noventa años, su lucidez mental me impresionó, parecía que sus vivarachos ojos negros como capulines osbre la piel enjuta y la barba blanca, querían salirse de su lugar.

Me dijo: allá por el año de 1918 lo recuerdo bien, aunque apenas era yo un niño pasó algo terrible aquí en el Molino. El tlapiche trabajaba a todo lo que podía, vieras qué bonito piloncillo salía y el carrito que venía sobre rieles desde San Buenaventura jalado por una mula no paraba trayendo la caña.

Había pocas casas cerca del Molino, ¡unas cuántas!, casi todas pegadas al canal.

Esa tarde de sábado ya se había metido el sol, estaba obscureciendo sobre los cerros cuando de pronto se propagó entre nosotros una noticia; se había perdido el niño chiquito de Doña Juana, la esposa de Senobio; el encargado de la lumbre para hacer hervir la miel. De inmediato los hombres mayores dejaron la platicada y las mujeres salieron de sus casa, los chiquillos nomás hacíamos bola, pero nos dábamos cuenta de la gravedad de lo sucedido.

Todos; hombres, mujeres y chiquillos lo buscamos por todas partes: en la casa grande de la hacienda, en el tlapiche y en todas las tablas de sembradío. Unos lo buscaron en todo el camino viejo a Salvatierra, otros se fueron con permiso del patrón a cerrar la compuerta del río para secar la acequia por si se hubiera caído y ahogado.

Ya caída la noche, obscura y negra como boca de lobo en la que no hay luna y no brilla ni de milagro alguna estrella, todo era un silencio que parecía velorio; no lo encontramos por ninguna parte.

Muy entrada la noche, cuando el sereno gritaba la hora allá en Salvatierra para que ya nadie anduviera en la calle, vimos unas luces que surcaban el cielo. Venían en todos lados; de por el rumbo de San Nicolás de los Agustinos y la Laguna de Yuriria; otras de las lomitas del Ranchito de El Salvador; y otras de por acá por la estación del tren. Todas se dirigían pa’ el Cerro Pelón.

Uno de los hombres mayores y más viejos, gritó; ¡Son las malditas brujas!, ¡Ellas se llevaron al niño! Contestó otro. Me lo contó mi abuelo, me dijo que se lo dijo su abuelo; las brujas son seres horripilantes que se juntan a hacer su festín de sangre los sábados por la noche en el Cerro Pelón, no ves que ese no tiene cruz, la pusieron en el otro cerro- se refería al Cerro de Tetilla-, casi siempre llevan un niño pequeñito que se roban cuando la mamá se descuida.

La más vieja y fea es la primera que le clava sus pestilentes colmillos para chuparle la sangre todavía vivo, luego le siguen las demás. Se comen su carnita tierna y sus huesitos los ponen a secar al sol, luego los muelen para hacer sus polvos y filtros mágicos. Viven en casuchas sucias y malolientes que visitan sólo aquellos, que las necesitan para pedirles sus servicios, buscando hacerle el mal a alguien.

Cuando se roban a una niña la educan para que se haga bruja de grande y, ¿sabes cómo se hacen brujas? Se acuestan con el diablo y éste les da un beso que se les queda marcado en la piel para toda su vida. Después de eso, ya no pueden dejar de ser brujas.

Me despedí ya tarde de Don Glaciano y sólo atiné a pensar: ¿por qué no levantamos la vista más seguido para mirar al cielo?

Leyendas Tomadas del Libro: “Leyendas, Cuentos y Narraciones de Salvatierra, Segunda Parte” de Miguel Alejo López

La Casa de las Brujas

Si alguna noche de luna menguante, en horas de la madrugada, el lector deambula distraído por el Paseo de la Presa, a la altura del Jardín Ignacio García Tellez, y por un descuido se detiene a contemplar una residencia de aspecto inusitado para la ciudad, le advertimos y rogamos que se conduzca con cautela. Tal vez, Dios no lo quiera, llegue a sucederle un espantoso incidente, por lo que queremos ponerlo sobre aviso.

Con toda seguridad, por una de las ventanas se asomará una mujer joven con un quinqué de llama temblorosa. Gracias a esa luz, se podrá ver, además de su piel muy blanca, el oscuro y abundante cabello sujetado por una peineta así como la expresión vacía de sus ojos. Sin mediar palabra, con cierto ademán suave y convincente, ella invitará al distraído lector a que ascienda por una de las escaleras y pase al interior de la casa.

Si se acepta la invitación, acto inevitable, el forastero se encontrará en una habitación en penumbra. Escuchará entonces voces agudas provenientes del fondo de ese cuarto. Se descubrirá que esas voces pertenecen a dos ancianas, a quienes hallará sentadas cerca de una chimenea donde arden y crepitan unos leños.

Unas de ellas le ofrecerá que tome asiento en un sillón de alto respaldo al tiempo que pondrá en una de sus manos un vaso apetitoso de vino oscuro y caliente. Esta mujer, vale decirlo, tiene una cabeza temblorosa, las mejillas arrugadas y flácidas, la nariz acaba liada y en la boda dos o tres dientes. Su torso, totalmente encorvado, la hace parecer un monstruo de aspecto impreciso.

Al visitante de pronto le parecerá que las manos de aquella anciana tendrán semejanza con las de un buitre, como lo son en efecto. Pero en esta circunstancia es preferible no dar muestras de temor y sobresalto, la otra anciana por su parte no dejará de mostrarse indiferente, si bien mantendrá su mirada clavada en la figura del intruso.

En el ánimo de esta persona el deleite de ese vino producirá su natural efecto y aquel ambiente escalofriante no tardará en ser agradable. Lo más seguro entonces es que la anciana de la joroba le insinúe pasar la noche dentro de esa casa, cerca de la joven de piel blanca, a lo cual será difícil negarse, de nueva cuenta. Y he aquí nuestra advertencia, si aún se tiene valentía suficiente, niéguese.

Un pozo con ratas, alacranes, serpientes y tarántulas; una cama que se transforma en ataúd hermético; o un filtro mortífero con aspecto de elixir amoroso, probablemente sean los elementos que te lleven al término de tu noche y de la vida. Y, óyelo bien, no es leyenda.



¡Roguemos a Dios que tus horas no acaben de este modo! Aunque haya algunos que afirman, a la luz del día, que en esta casa jamás de los jamases nada ha sucedido, que se vive en ella como Dios manda; aunque haya quienes declaren que la casa se denomina de las Brujas porque su estilo arquitectónico es semejante al de ciertas residencias holandesas. Por sí o por no, lector amigo, no detengas tu paso más de lo necesario ante la reja de este inofensivo edificio en ninguna noche de luna menguante

Tomada del Libro: “Leyendas de Guanajuato, Historia y Cultura”

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