Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

martes, 10 de abril de 2012

Poesías

La Vida Sigue


Que no me tumbe el odio,
menos el rencor,
ni aquella tristeza,
ni aquel dolor.
Porque existe la vida
como sigue el amor
y nada se termina
mientras exista “Dios”.

Son grandes los mares
y todos los ríos
y no se han secado,
siguen siempre activos.

Florecen los cerros,
aquellos más muertos,
dan sus florecitas
aún los desiertos.

Y dan su perfume
que sube hasta “Dios”
la ruda y retama,
el mirto, el cedrón.

Todo es armonioso
bello, esplendoroso
el cielo estrellado
el sol luminoso.

El cuerpo descansa
al anochecer
y vuelve el movimiento
al amanecer.

Que siga la vida
con sus mil colores
con sus noches bellas
y sus ruiseñores.

Y yo enamorada
de este hermoso ser
rezo el Padre Nuestro
al anochecer.

I S J.


Tiempo de Perdón


Es la mano del frustrado anhelo
del que nunca amó y tiene celo
es el que su alma ruda entristecida
porque nunca logró vencer la vida.

Es el pensamiento malo,
de aquel que nunca amó a su hermano.
Es en total que no logró su anhelo
y estrujó en su pecho, su brutal despecho.

No pensó en el tiempo limitado
en que mejor es salir vencido
y buscar otro tiempo para vivir en paz
y no desesperado.

I S J.

Petición

No me aleje Señor de tus destinos,
ni esté sediento de placeres vanos,
porque frágiles somos los humanos,
que olvidamos designios tan divinos.

Que me duela Señor ver los espinos,
que a tu frente ciñeron los romanos,
sean tus llagas estampas en mis manos
y me hiera la piedra en los caminos.

Contrito ante el altar esté contigo,
de dolor exhalar si es necesario,
sé para mí ¡Mi Dios! como un amigo.

No me dejes estar tan solitario,
ni dejes que me aceche el enemigo,
ayúdame a llegar a tu santuario.

J. D S R


¿Qué Miras en el Pobre…?

¿Qué miras en el pobre, Jesús mío,
sino su pequeñez y su torpeza?
Y sin embargo le abres tú la presa
de tu amor y lo inundas como un río.

Soy ese pobre y con escalofrío
miro que ingrato te cerré mi pieza,
menosprecié tu amor y tu riqueza
y me quedé desnudo, muerto y frío.

¿Cómo pude negarme a tal amor
y tal riqueza despreciar perdido
si eres mi única herencia tú, Señor?

Perdona que tan cruel te haya ofendido
y con tu gracia abre mi corazón
a la ternura de tu amor herido.

Tomada del Libro: “Mi Desierto, Poesías”
del Padre Rafael Alcántar Mondragón




“No me mueve, mi Dios”

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor de tal manera
que aunque no hubiera cielo yo te amara,
y aunque no hubiera infierno te temiera.
No me tienes que dar por qué te quiera,
porque aunque cuanto espero no esperara
lo mismo que te quiero te quisiera.

Fray M de G


Los Niños

Una ves estaba en un lugar
observando a unos niños que jugaban;
corrían uno tras otro y saltaban
tomados de la mano hasta formar
un círculo y luego así cantaban:

“Papito Jesús, Te queremos ver,
llévanos al Cielo, Te queremos conocer;
porque somos niños, Tú nos quieres bien,
nos das alimento, nos das de beber.

Cuida a mi mamita, socorre a papá,
los queremos mucho, nos aman también;
Papito Jesús, a todos los hombres
hazles entender que los amas mucho,
que se porten bien.

Que ya no haya guerras, que no haya rencores,
nosotros los niños, seremos mejores.

Diosito querido, Papito Adorado
bendice a los niños, a quien amas tanto
queremos un día, estar a tu lado”.

Me quedé conmovido al escucharlos,
la inocencia de un niño es admirable;
sólo el ruego de un niño logrará
que el amor en el mundo se propague.

Jesús ama a los niños
con gran predilección;
quien su inocencia agreda
con maligna intención,
jamás en la otra Vida
recibirá el perdón.

Los niños son como árboles pequeños,
ayúdalos a crecer fuertes y sanos
y así puedan vivir: sirviendo a Dios
a la patria y a sus hermanos.

J. E R B.

Primavera en Otoño

Llegó por fin la primavera
cargada de perfumes y de cantos;
las flores de vastísimos colores
alegran nuestros campos y jardines;
los pájaros se ven alborozados
con cantos cual si fueran mil violines.

La lluvia entre los montes forma arroyos,
llevando en su caudal el agua fresca,
que mitigue la sed de los ganados,
y hará que nuestros campos reverdezcan.

En este marco esposa mía,
en un mes de abril soleado y bello,
unimos ante Dios los corazones
y entre el tuyo y el mío se formó
un solo corazón, colmado de ilusiones.

Cuarenta y ocho años han pasado,
Dios nos ha permitido llegar a ellos,
sigues siendo mi amor, tan esperado,
Dios nos premió con unos hijos buenos,
que con gran devoción nos han amado.

Se siente en nuestro Hogar tu gran presencia
y el calor maternal que tú le infundes,
y cuando alguna vez de él te ausentas
cuando algún imprevisto lo requiere,
se siente la nostalgia de tu ausencia,
y con la soledad, todo es tristeza.

Quiera el Señor que estemos tan unidos
como cuando vivimos nuestra boda,
han pasado los años y seguimos
recordando los dos aquella historia;
el Señor es el dueño del Destino;
a Él amarnos por siempre prometimos.

J. E R B.

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