Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

martes, 10 de abril de 2012

Libro

HISTORIA DE LA MÚSICA POPULAR MEXICANA

Los Grandes Éxitos del Teatro de Revista
(continuación)

Reproducimos el siguiente anatema del poeta Luis. G. Urbina, publicado en El Mundo Ilustrado (junio de 1908).

La tanda es un divertimiento cómodo y barato. Nuestra pereza intelectual, nuestra flacidez moral, nos inclinan naturalmente del lado de un espectáculo frívolo y ligero, que no pide preparaciones previas, ni exige el ejercicio del pensamiento o del sentimiento, sino que, sacudiendo los instintos, excitando las maldades antropológicas, rascando e irritando las innatas perversidades, pone en los labios humanos una risa de fauno beodo y quema un grano de tentación torpe en las almas amodorradas. Las autoridades fruncen de cuando en cuando el ceño y dan órdenes prohibitivas y severas; hacen enmudecer una copla; destierran un epigrama ponzoñoso; retocan una frase cruda; le ponen camisa de fuerza a una mímica picaresca. Pero no cortan, no pueden cortar de raíz el árbol robusto de la tanda. Arrancan ramajes, mas el tronco queda en pie lleno de savia. A su sombra venenosa se tiende el público, displicente y ahíto, pero habituado ya al espectáculo como un mendigo a su bodrio. Nuestras obras nacionales, en el “género chico” hasta hoy, no son otra cosa que imitaciones burdas y tontas de las cacharrerías literarias ultramarinas. Cortamos sobre aquel viejo y corriente patrón, muestra fofa y mal tejida estameña artística. En todas partes hay “género chico” es verdad; sólo que en los grandes centros de civilización no constituye un espectáculo de primer orden. Son en cualquier rincón el refugio del gusto rufián y de la curiosidad extranjera.

Cualquier exceso que saliera del decoro indispensable podía ser reprimido por la dura mano de la censura. Por aquellos años, el Teatro María Guerrero, convertido en “la catedral de los autores del género chico”, presentó la obra del “sicalíptico” joven Carlos Fernández Ortega con bailables y couplets de José Torres Quintero titulada México festivo; el engendro fué suprimido de inmediato por sus frases de doble sentido y sus “calambures” al rojo vivo. Pronto, la empresa corrigió la obra y las familias que se habían ausentado del teatro pudieron concurrir a él sin temor al bochorno.

A principios de siglo, los teatros Principal, María Guerrero y Manuel Briseño acaparaban toda la producción nacional de autores del género chico, pero el Teatro María Guerrero continuó siendo antes y después de 1910 el “templo y palenque” más visitado y popular de cuantos teatros hubo dedicados al género.

Las obras mexicanas, generadas en abundancia, apuntaban hacia todos los temas posibles; en el María Guerrero se representaban El pájaro azul, Frivolidades, El país de la alegría y Don Juan de Huarache con críticas políticas, en el teatro Apolo aparecieron algunas piezas mexicanas como El baño de Venus y El rosario de Amozoc y en el Teatro Díaz de León se presentaba la popularísima Chin chun chan.

En la programación de 1911, aparece ya como zarzuelista uno de los más importantes creadores de música y canciones de revista, don Lauro D. Uranga, autor de la música de “Héroe del día”, “La onda fría” y “El rosario de Amozoc”. Esta última había sido criticada por El Diario, en su edición del 10 de julio de 1910, por hacer mofa del apóstol san Pedro y “desvirtuar con calembours de pulquería la serena belleza del cristianismo”, a más de que su música “no sonaba a nada y pasaba inadvertida”.

Dentro de esta semblanza, no podrían dejar de mencionarse al lado del Teatro Principal y sus famosas tandas de opereta o zarzuela, a los actores, cantantes y personajes preferidos de la primera década de este siglo. Un actor consentido del público fué Anastasio Otero, Tacho, que el año 1910 era el mejor intérprete de los tipos del pueblo mexicano, en particular el pelado arrabalero, y puede considerarse un precursor del personaje “Cantinflas”. Él estrenó en 1904 el “payo” de Chin chun chan; y además de este personaje, inventó un charro muy gracioso en la revista Fiat de José F. Elizondo, así como un peladito arrabalero en el Pájaro Azul; trabajó en el Teatro Principal y en el Lírico, y al lado de Lupe Rivas Cacho creó toda una gama de personajes populares.

En los teatros de barriada, en donde se gestaba el género mexicano, surgieron otros personajes típicos que serían revividos en épocas posteriores. Emilia Trujillo, primera gran triple mexicana, dio realce a personajes de chinas, peladitas e inditas. Su “borrachita” de la revista México nuevo sirvió de modelo a infinidad de imitaciones. Pero la tiple cuyo recuerdo persiste a través del tiempo es sin duda la cantante española María Conesa, cuya presencia constante en los teatros ligeros de México duró más de cuatro décadas. Esta artista, toda una leyenda, célebre por su gracia escénica y agradable voz, tuvo la impecable costumbre de incluir en su repertorio y desde su primera gira un amplísimo muestrario de canciones mexicanas.

El repertorio de los teatros ligeros hasta 1911 permaneció más o menos ligando a los estilos y modas establecidas en el género. Una revista estrenada en 1904 constituyó el prototipo de lo que sería la típica producción de revista: la obra Chin chun chan, con música del español Luis G. Jordá y texto de José F. Elizondo; ingeniosa comedia de errores en un hotel de la ciudad de México con la cómica presencia del embajador de China en México, Chin chun chan obtuvo un éxito inmediato y tan duradero en los teatros de revista, que se siguió programando hasta el año 1946.

Cuando se habla del teatro de revista, la mayoría de los aficionados piensa en una representación con sketches más o menos improvisados, intercalados con una carretada de canciones. En realidad, lo que dio en llamarse “Teatro de revista” abarcaba muy diferentes géneros, estilos e intenciones. Por un lado y en un lugar preponderante, se encontraba la obra de contenido político. Su crítica sagaz, su burla despiadada que durante tantos años sufrieron, a veces con estoicismo y otras con impaciencia, los hombres públicos mexicanos nos da la medida del grado de libertad de expresión y crítica o total ausencia de ella que existió durante los diferentes gobiernos.

La revista México nuevo fué la primera obra de contenido político y como resultado fueron a dar a la cárcel sus autores, Ortega y Fernández Benedicto. Tenemos referencias de una obra puesta en 1907 titulada Rebelión, cuyo tema inspirado en la explotación de los peones del estado de Yucatán obligó a salir de México a sus autores Lorenzo Rosado y Arturo Cosgaya. Otra obra del mismo tenor y perseguida igualmente fué la zarzuela En la hacienda (1907) de Federico Carlos Kegel con música de Roberto Contreras. Su tema era revolucionario y con un tono apasionado llevaba a escena el maltrato de los peones y justificaba el asesinato de un hacendado abusivo.

Al lado de la crítica social, también se hicieron obras que presentaban la alternativa política del maderismo. Dentro de este grupo, hicieron época parodias como El tenorio maderista porque aparecía Madero, Bernardo Reyes, Porfirio Díaz y otros personajes del momento.

Los años más violentos de la Revolución no dejaron de ser glosados en revistas que, aparentando ligereza y despreocupación, no dejaban de arriesgarse tomando partido por uno u otro bando. El 14 de mayo de 1913, en pleno huertismo, José F. Elizondo y el músico Rafael Gascón estrenaron El país de la metralla. Tras de estruendoso éxito en numerosas representaciones, Elizondo se vió forzado a huir a La Habana a tiempo que Gascón, oculto en su domicilio, perdió la razón y falleció poco después.

(continuará…)

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