Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

martes, 6 de marzo de 2012

Rincón para niños

Libro “Alma Latina”

El Pequeño Patriota

-¿A dónde vas, hijo mío?
-Al combate, a la victoria,
suena el clarín de la gloria,
y pienso escribir con brío
mi nombre ilustre en la historia.

-¡Es grande tu atrevimiento!
-Madre, el mundo lo proclama:
cuando la patria nos llama
con tan noble sentimiento,
¿qué corazón no se inflama?

-¿Y qué buscas delirante
tras de la ruda batalla?
-Ver mi bandera triunfante
entre el polvo que levante
el bote de la metralla.

-¡Ay, hijo, temo perderte,
me agita la pena fiera!
-si me es adversa la suerte,
¡cubran mi lecho de muerte
los pliegues de mi bandera!

V R P

El Brahman y su Mangosta

La mujer de cierto Brahman, teniendo precisión de ir a comprar cebada al pueblo vecino, dejó a su hijito al cuidado de su marido, y se fué.

En esta ocasión, el rey hizo llamar al Brahman para proceder a un sacrificio.

Cuando recibió aquella invitación el Brahman, que era pobre, se dijo: “Cuando se trata de realizar una buena acción debe uno darse prisa, pues de lo contrario el tiempo se lleva el fruto de la obra. Pero aquí no tengo a nadie que cuide del niño. ¿Qué voy a hacer?... Voy a confiárselo a esta mangosta a la que doy de comer como si fuera hija mía”. Así lo hizo y se fué al sacrificio.

La mangosta vió de pronto a una negra serpiente que se dirigía a la cuna del niño. Se lanzó valientemente sobre el reptil aplicándole sus puntiagudos dientes en la garganta, lo mató.

Cuando vió regresar al Brahman, corrió a su encuentro, con la boca y las patas ensangrentadas y se arrastró a sus pies. El Brahman, viéndola en aquel estado, creyó que había matado a su hijo y mató a la mangosta.

Entró rápidamente a su casa y allí vió a su hijo sano y salvo y a la serpiente muerta. Comprendió entonces que la mangota había salvado a su hijo; y viendo que había castigado con la muerte al gracioso animal que le había conservado lo que él tenía de más querido en el mundo, cayó en profundo abatimiento.

Nunca debemos dejarnos llevar de la cólera antes de conocer la verdad; porque la verdad a veces tiene engañosas apariencias.
Apólogo Hindú

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