Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

lunes, 15 de agosto de 2011

Abuelita (Tango)

Tiene la vista cansada
como cansado el andar
y ya se empieza a encorvar
por los años agobiada.
Su cabecita plateada
que termina en un rodete
la peina tirante y fuerte
apenitas levantada.
Se quiere meter en todo
a pesar de que el doctor
veinte veces le prohibió
que trabaje de ese modo.
Pero encontró el acomodo
de amasar para las hijas
y los sábados en fija
tiene harina hasta en los codos.
Visita que hace a la nuera
es visita de inventario
abre roperos, armarios
y en todos lados husmea.
Y la otra que la espera
esconde lo que compró
porque peso que gastó
origina una pelea.
A los yernos los defiende
del ataque de las hijas
que nunca han sido prolijas
que al marido no lo atienden.
Y el otro que no la entiende
se queda lo más contento
y no sabe que por dentro
la vieja lo compra y vende.
Está lista a cualquier hora
en defender a los nietos
que siempre salen absueltos
con tan buena defensora.
Porque los hijos ahora
se olvidan de lo que fueron
y al contar lo que le hicieron
pasa a ser acusadora.
Después saca unas monedas
que tiemblan entre sus dedos
pero al oír: ¡Caramelos!
vuelve a cerrar la cartera.
Y mientras todos esperan
a los padres les pregunta
cómo ha sido la conducta
de una semana entera.
Entonces viene el revuelo
y al que dijo la palabra
se le dibuja en la cara
la ve corta de un puchero.
Y llora con desconsuelo
pero entonces la abuelita
le seca las lagrimitas
con la punta del pañuelo.
Y si se queda a almorzar
quieren estar a su lado
y hay que comer apretados
por no oírla rezongar.
Y para desautorizar
lo que la madre contó
todo el mundo terminó
la sopa sin protestar.
Abuelita, abuelita cachacienta
que por riguroso turno
vas visitando ese mundo
que comprende tu existencia.
Tu disculpable impaciencia
la justifica tu edad
sos, sos la vida que se va
con su carga de experiencia.
Cuando veo tu figura
siempre vestida a la antigua
que al bostezar te santiguas
con tu creyente ternura.
Me siento más criatura
y sin saber abuelita
me dejás la monedita
de tu infinita dulzura.

H G

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