Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

viernes, 13 de mayo de 2011

Leyenda

La Llorona de Guanajuato

Una de las más viejas leyendas de estos contornos, que no por antigua, pierde actualidad, sino por el contrario se reproduce con inaudita frecuencia, es la aparición de una mujer de cabellera desordenada y abundante que llora sus penas en medio del silencio de la noche, cuando todo parece estar en la más absoluta quietud. Desde los tiempos de la dominación española, nuestros más insignes poetas y escritores se ocuparon del tema y hasta hubo alguien que lo llevó al teatro.

Manuel Carpio, Juan de Dios Peza, Vicente Riva Palacio y otros más, dieron espacio y escenario en sus letras a la mujer en pena. Y, sobre todo, ¿qué trasnochador que la haya visto y oído no refiere la fantástica aparición con riqueza de detalles que hacen temblar de espanto?

Horrible y aterradora, nos decía hace poco un amigo que, pese a su innegable valor y bien probada hombría, sufrió encrespamiento de nervios al narrar el suceso. Con decir a ustedes que hasta se alejó de la parranda por varios meses, nada más por llevar muy hondo el impacto de aquella visión. En estas retorcidas callejas de Guanajuato, el gemido largo y lastimoso ha tenido eco en los rincones más callados, después de las 11 de la noche, cuando no hay en los callejones más alma que el minero que viene del turno de la noche, cansado de rendir la jornada, o bien el trasnochador, que a esas horas, ya sin encontrar donde seguir la juerga, ve obligado el retorno al hogar.

Lo curioso es que el motivo de tanto dolor difiere de lugar en lugar y de persona a persona. Unos dicen que es la casta novia que en vísperas de casarse perdió al bienamado galán y enloqueció ante el desgarramiento que le produjo el fracaso amoroso. Otros cuentan que es la sombra doliente de una viuda que, a la muerte de su esposo y quedar desamparada, llora por la angustia de ver a sus hijos hambrientos, falleciendo en su presencia, sin poder remediar su situación y con gritos desgarradores llora su miseria.

Otros refieren que es la mujer dulce y buena a quien el marido quitó la vida en un arrebato de infundados celos, que vienen a probar su inocencia. Aquí en Guanajuato hay una versión particular que vaya referir a quien estas líneas leyere: tiempos de bonanza minera, cuando el dinero se gastaba con esplendidez. Se trataba de una hija de noble familia rica y opulenta, con todos los atributos que hacen bella y codiciable a una mujer. Sus padres la procuraban con singular esmero, pero los hombres la cortejaban con incansable galantería. En medio d esta lucha callada vivía esta linda criatura, hasta que un día ¡oh sorpresa! Del balcón de su alcoba colgada encontraron una soga hacia la calle.

La doncella de la bella joven es la primera en dar las voces de alarma. El lecho estaba intacto pero la alcoba vacía. Mil conjeturas se hicieron en torno al suceso.

Pasa el tiempo y de una de las casas que dan a lo que fue el río de Guanajuato, hoy Calle Hidalgo, a las doce de la noche, vistiendo un camisón blanco que llega hasta el suelo, sale una mujer que en brazos lleva un bulto pequeño envuelto en harapos, y caminando por Cantarranas llega a la Plaza del Hinojo; allí, en el quicio de la puerta, lo deposita. Entonces, como espantada de su propia acción, exhala un alarido desgarrador, hondo y largo, que perfora los oídos y se posesiona de quien lo escucha…

Ya el lector se habrá percatado cuál habrá sido la inocente travesura de la “Llorona”

Tomado del Libro: “Leyendas de Guanajuato, Historia y Cultura”

Nos gustaria saber lo que piensas del blog, escribe un comentario (* campos obligatorios)