Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

sábado, 9 de abril de 2011

Poesía: La pedrada (parte 2)

La procesión se movía
¡Qué triste el sol se ponía!
¡Cómo lloraba la gente!
¡Cómo Jesús se afligía!...

¡Qué voces tan plañideras
el Miserere cantaban!
¡Qué luces que no alumbraban,
tras las verdes vidrieras
de los faroles brillaban!

Y aquel sayón inhumano,
que al dulce Jesús seguía
con el látigo en la mano,
¡qué feroz cara tenía!
¡qué corazón tan villano!

¡La escena a un tigre ablandara!
Iba a caer el Cordero
y aquel negro monstruo fiero
iba a cruzarle la cara
con el látigo de acero…

Mas un travieso aldeano,
una precoz criatura
de corazón noble y sano
y alma tan grande y tan pura
como el cielo castellano,

rapazuelo generoso
que al mirarla, silencioso,
sintió la trágica escena,
que le dejó el alma llena
de hondo rencor doloroso.

se sublimó de repente,
se separó de la gente.
cogió un guijarro redondo,
miróle al sayón la frente
con ojo de odio muy hondo,

paróse ante la escultura,
apretó la dentadura,
aseguróse en los pies,
midió con tino la altura,
tendió el brazo de través,
zumbó el proyectil terrible,
sonó un golpe indefinible,
y del infame sayón
cayó brotando la horrible
cabezota de cartón.

Los fieles, alborotados
por el terrible suceso,
cercaron al niño airados,
preguntáronle admirados:

-¿Por qué, por qué has hecho eso?...
Y el contesta agresivo,
con voz de aquellas que llegan
de un alma justa a lo vivo:
-"¡Porque sí, porque le pegan
sin hacer ningún motivo!

III

Hoy, que con los hombres voy,
viendo a Jesús padecer,
interrogándome estoy:
¿Somos los hombres de hoy
aquellos niños de ayer?

J M G y G

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