Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

sábado, 9 de abril de 2011

Fábulas

El Rincón para Niños
Los Niños y la Mariposa

Tras de una hermosa
mariposilla,
corren tres niños
por la campiña;
al bello insecto
los tres admiran,
y van y vienen
y alegres gritan.
Todos en ella
fijan la vista,
todos la buscan
llenos de envidia.
Uno el pañuelo
veloz agita,
otro da un salto
y otro se inclina;
la mano extiende
con gran delicia,
y se le escapa
cuando creía
que iba a cogerla,
y aquí la risa,
y aquí las burlas
y la alegría.
Pero tras tantas
vueltas perdidas,
el más ligero,
dándose prisa,
al fin alcanza,
la fugitiva:
"Albricias, dice,
yo quiero albricias";
y entre sus manos
la muestra viva.
Llegan los otros,
y aquí la riña:
Uno la coge
otro la estira,
y otro la estruja,
y en tal fatiga,
pierde las alas,
con que lucía
la desgraciada
mariposilla.
Y los muchachos,
¿quién lo diría?
¡Ay! una oruga
tan sólo miran.
Así son los hombres
van en la vida,
buscando bienes
que son una mentira.
Y tras mil luchas
y mil perfidias,
un desengaño
tan sólo miran.
¡Ay! en el mundo
tal es la dicha,
tal es la gloria
que el hombre ansía.

J R M




El Cordero y el Asno

No lejos de un cordero,
que a la sombra de un álamo dormía
el sueño de los justos placentero,
cierto borrico un día
en dulce calma y con placer profundo,
como el mejor gastrónomo del mundo,
fresca cebada sin cesar comía.
De pronto resonó, tras de la umbrosa
selva, el clarín vibrante
de tropa numerosa;
el previsor cordero, en el instante,
un gran salto dio de asombro lleno,
y "huye", dijo al pollino, a la cañada.
El borrico sereno,
cual si estuviera la llanura sola,
como el que nada ve, ni teme nada,
se abanicó las patas con la cola
y prosiguió comiendo su cebada.
-"Hay un peligro inmenso,
dijo el cordero, y pienso,
mirándote comer de esa manera,
¡oh mísero pollino!
que no sabes el bárbaro destino
que en poder de esos hombres se te espera.
-"¡Qué medroso es usted, cómo exagera!"
Le respondió el jumento;
márchese, pues, violento,
y déjeme en el borde del abismo,
que al fin para sufrir desgracias grandes
estar aquí o en Flandes
es para mí lo mismo.
Triste es mi condición y nunca medro;
pero la vida es corta,
y poco ya me importa
que se llame mi dueño Juan o Pedro,
que aunque nunca he tenido gustos malos
todos me dan de palos".

Caro lector, advierte
que es verdadero lo que el asno respondía;
que aunque cambie de dueños cada día,
jamás el burro cambiará de suerte.

J R M

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