Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

viernes, 11 de febrero de 2011

Rincon para niños


EL ELEFANTE Y LA HORMIGA

Que a un proboscidio corpulento y fuerte
un león destrozase
o algún tigre feroz despedazase,
es un hecho posible, bien se advierte;
mas que se diera traza
de privar de la vida a tal bestiaza
una débil hormiga.
Nadie lo ha de creer, aunque se diga.
El suceso parece una quimera,
pero, dicen, que fue de esta manera
-según reza una historia,
aceptada por fiel y verdadera-:
Vagando un elefante por la orilla
de una selva, pisó por accidente,
o adrede, a una hormiguilla
que quedó lastimada gravemente.
Mientras el pobre insecto se quejaba,
el monstruo, indiferente, continuaba
su camino, dejando
a la mísera hormiga renegando,
y queriendo, de manera sangrienta,
vengarse de la bestia corpulenta,
la que tranquilamente se reía
de cuanto el insectillo le decía.
Este, restablecido,
llegóse a la presencia
del gigante animal, y con paciencia
esperó, entre las hierbas escondido,
hasta que al elefante vió rendido
por un sueño profundo.
Olvidó el proboscidio que en el mundo
nos cercan los peligros; y en su anhelo
de hallar descanso grato,
durmióse largo rato,
extendiendo la trompa por el suelo.
La hormiga se aprovecha de tal cosa
y en la nariz del monstruo
se introduce furtiva y cautelosa.
Llega hasta la ternilla,
le aplica su aguijón y la acribilla.
En su afán implacable de venganza,
blande su dardo cruel robusta lanza;
y su tenaz empeño
hace perder al elefante el sueño.

El animal despierta, da un bramido;
por el dolor cruel enfurecido,
se resuelve; despliega
la trompa y la refriega
en las hierbas, las rocas y los troncos.
Sus rugidos fortísimos y roncos
a todo el que los oye dan espanto;
y la hormiga, entre tanto,
con ahínco feroz y dura saña
con tesón y con maña,
prosiguió la ternilla taladrando
y al gigante infeliz exasperando.
A tan largo martirio no resiste:
con su trompa los árboles embiste;
se confunde, se hiere, se aniquila,
se desangra…, vacila;
y al fin, desesperado,
a la muerte se rinde, destrozado.
Exangüe cayó al suelo;
y entonces la hormiguilla, sin recelo,
salió de la nariz ensangrentada.
Viéndose bien vengada,
profirió estas palabras: A ninguno
debemos agraviar de modo alguno.
Con mi ejemplo a los hombres les enseño
que ningún enemigo es tan pequeño
como una hormiga coja,
para tomar venganza, si se enoja.


LOS DOS LOBOS AMIGOS

Érase un Lobo anciano,
amigo de otro Lobo que era enano,
y al que constantemente acompañaba,
porque, más que estimarlo, lo adoraba.

A ciertas horas, todos los veían
siempre juntos; y juntos departían
francamente durante sus reuniones.

Jamás sus opiniones
se hallaron encontradas:
amigos se decían y camaradas;
y en fin tanto se amaron,
que su amor otros lobos envidiaron.

Por ligero accidente,
tal amistad cortóse de repente:
maligna calentura
puso al Lobo chaparro en la apretura
de no poder salir, en cinco día,
a realizar sus largas correrías
por ranchos, por rediles y por prados,
en busca de rebaños descuidados.

Mas ya convaleciente,
quiso probar la fuerza de su diente.

Abandonó el cubil con alegría
y vió a su viejo amigo que venía,
saltando peñas y pisando abrojos,
con un carnero. -¡Amigo, ante mis ojos,
dijo el enfermo, próvido has traído
lo que anhela este pobre entelerido!
¡Qué gusto nos daremos
con ese corderillo que tenemos!

-No eches el ojo, amigo, al corderillo,
pues que no te dará por el galillo.
-Es que me muero de hambre. –Importa poco.
Guarda dieta, cofrade, no seas loco.
-No quiero dieta; dame unos pedazos.
-No te los daré nunca ni a balazos.
Son dañosos, lo sé por experiencia;
si te los doy, recargo mi conciencia.

-Aunque me lleve el diablo, buen amigo,
dame un trozo no más. –Que no, te digo.
Pedírmelo es quimera:
¡qué necio sería yo si te lo diera!
¿No ves que es un pequeñito
y que lo necesito,
porque tal vez mañana
no encuentre qué comer? –¡Disculpa vana!
¿No eres mi antiguo amigo y compañero?
-Sí, mientras no me pidas el carnero;
pero si das en eso, camarada,
se acabó la amistad y ya no es nada.


José Joaquín Fernández de Lizardi

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