Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

lunes, 10 de enero de 2011

Salvatierra, ciudad novohispana que heredamos; hoy la queremos ciudad humanista y educadora.

Introducción

  A los ciudadanos preocupados por los alarmantes síntomas de una sociedad decadente, les dirigimos ese mensaje de ánimo social: la visión de la cultura que poseemos en la ciudad y la enunciación del rumbo que debemos tomar. ¡otra vez de pie!

  En el documento llamado Planta de la Ciudad de San Andrés de Salvatierra se nos revela la concepción humanista del renacimiento, el hombre, con su facultad de pensamiento libre, está en el centro del plano de la ciudad: la plaza mayor, un lugar imaginado para la reunión de todos los habitantes.

  Un espacio trazado con holgura, para poder ser un recipendiario que incluya a todos, a los hombres y mujeres del valle de Guatzindeo, por ello se explica la anchura de sus calles y corredores que hoy conocemos, de las amplias explanadas, sobre todo de la del jardín principal, donde podemos comprender que parten los corredores originarios hacia los cuatro rumbos del viento, y donde se reúnen, provenientes de los cuatro rumbos del valle, todos los habitantes en los días de fiesta y paseo. Hoy, en el centro está un kiosko, como testimonio de la importancia de la palabra, de los discursos cívicos, y de la música de bandas, para alegrar la sociabilidad de la ciudad. El centro de la ciudad es, entonces, el jardín desde su comienzo histórico.

  Ha sido el lugar donde se escribieron y, y se sigue, sobre escribiendo, los principales acontecimientos locales, sucedidos al ritmo de los cuatro grandes periodos de la historia de México; la conquista espiritual de la Nueva España, la independencia de México, las leyes de Reforma y el anhelo democrático de 1910. La Reforma Juarista nos dejó una imborrable huella, al dotar al ayuntamiento de edificio. El quiosco es el lugar central del monumental jardín, tierra natural para la asamblea pública, para la reflexión del sentido de la ciudad y, para la elección deliberativa de compromisos existenciales, tanto familiares, como para iniciar nuevos caminos, nuevas rutas en busca de otra ciudad posible en Salvatierra, una ciudad que le pertenezca a los niños y jóvenes, que ellos la construyan en libertad, y desde ahora.

  De ahí, del centro de la plaza mayor, parten los caminos de los cuatro rumbos del mundo citadino, para la búsqueda del sentido de la vida, y para la formación ciudadana de los salvaterrenses. Un pequeño sendero lleva al edificio de la asamblea eucarística, al templo mayor, donde habita el humanismo representado en murales, y retablos de bella expresión. Caminar hacia el santuario de Nuestra Madre Santísima de la Luz, es ir al encuentro del rumbo de la identidad histórica, de los valores perennes de la paz, la justicia, la libertad y la fe, que han distinguido a la ciudad desde su fundación.

  Este mismo corredor, lleva a los portales de la casa colonial, ella fue la habitación de un poeta que vivió una infancia amorosa, y que sería el traductor del Cantar de los Cantares y del Libro de Job, para la Biblia española, que es la versión poética de la lengua castellana: José Luz Ojeda López. El centro histórico es, analogando el verso más encomiado de José Luz, como una gotita de agua, que encierra la historia toda de México, en su reflejo de luz.

  Aunque, en la traza original, el camino del ayuntamiento era el opuesto al templo, al final, del centro parte un breve corredor adjunto al de la parroquia, que conduce al edificio de la asamblea municipal, a la Sala de Cabildo, donde están representados los signos de la diversidad del pensamiento político de la ciudad. Es un edificio con patios amplios, que alberga a los funcionarios municipales, quienes atienden las expresiones de los habitantes, según sus necesidades y proyectos, es la casa de todos.

  De uno más de los corredores, se puede llegar a la casa solariega donde vivió su infancia, el humanista Federico Escobedo y que, en el pasado, fue residencia rural de los marqueses de Salvatierra, además de casa de los franciscanos. Una casa que conserva los rincones antiguos del hogar mexicano, donde, los huéspedes con sensibilidad literaria, encuentran rincones de soledad para la ensoñación poética.

  Otro corredor, llega a la casona donde vivió su etapa de mayor producción poética, Ana María de López Tena, quien se refugiaba en su jardín hogareño, y en el jardín interior de su corazón, para crear una visión mística de su casa, para verla como la primera morada de la oración, abierta de par en par, y escuchar en las tardes el canto claro de las fuentes de agua y, en la noche, la lluvia que llora en la oscuridad.

  Como plaza abierta al mundo, y a sus conflictos, tiene corredores que llevan a la presencia de lo eterno de la historia, como el recuerdo imborrable de Miguel Hidalgo, que durmió en el mesón de la Luz, en su ruta a Morelia luchando por la Independencia de México. Fue la noche del 10 de octubre de 1810. Hoy, ese corredor conduce al espacio de libertad, diálogos críticos, de conversaciones abiertas al juicio de los asuntos públicos, y de formación de redes sociales de cooperación, en las cafetería del Portal de la Luz se constituye la asamblea pública de los ciudadanos libres.

  Una última descripción de los corredores del jardín, se refiere a la calle que conduce a la temible cárcel municipal, y a la cantina donde, Roque Carbajo, escribió la canción Hoja Seca. Por ello, decimos que el espíritu, de sensibilidad poética, de la comunidad del centro histórico, vaga buscando antiguas y nuevas metáforas para atrapar, con versos, flores, prados, árboles, matorrales, fuentes y colores cuando pardea las tardes, y así lo dijo Tamiro Miceneo:

  "Lo que en natura contemplar agrada, pláceme en verso trasladar, y escribo". Poema en latín de Rafael Landívar, traducido por Federico Escobedo.

  El jardín es el centro, tanto de un conjunto arquitectónico, como de la inspiración artística, que motiva a que Salvatierra, sea un lugar alabado por los visitantes, por los vecinos que ahí viven y que conservan el ideal poético como lo hizo Humberto Mosqueda, Antonio García, Lisandro Nieto y que ahora llevan Carlos Nava, Alfonso García y Raúl Sánchez, quienes son privilegiados con la imaginación pastoril. Los vecinos del jardín sienten a la ciudad como Rafael Landívar quería a América, como una Arcadia.

EL DERECHO A LA CIUDAD EDUCADORA QUE QUEREMOS


  Todos los habitantes de una ciudad tendrán el derecho a disfrutar, en condiciones de libertad e igualdad, de los medios y oportunidades de formación, entretenimiento y desarrollo personal que la misma ofrece. El derecho a la ciudad educadora se propone como una extensión del derecho fundamental de todas las personas a la educación. La ciudad educadora renueva permanentemente su compromiso con la formación de sus habitantes a lo largo de la vida en los más diversos aspectos. Y para que ello sea posible, deberá tener en cuenta todos los grupos, con sus necesidades particulares.

  En la planificación y gobierno de la ciudad se tomarán las medidas necesarias encaminadas a suprimir los obstáculos de cualquier tipo, incluidas las barreras físicas, que impidan el ejercicio del derecho a la igualdad. Serán responsables de ello tanto la administración municipal como otras administraciones que incidan en la ciudad, y estarán también comprometidos en esta empresa los propios habitantes, tanto a nivel personal como a través de las distintas formas de asociación a las que pertenezcan.

  La ciudad promoverá la educación en la diversidad, para la comprensión, la cooperación solidaria internacional y la paz en el mundo. Una educación que combata cualquier forma de discriminación. Favorecerá la libertad de expresión, la diversidad cultural y el diálogo en condiciones de igualdad. Acogerá tanto las iniciativas de vanguardia como las de cultura popular, independientemente de su origen. Contribuirá a corregir las desigualdades que surjan en la promoción cultural producidas por criterios exclusivamente mercantiles.

  Una ciudad educadora fomentará el diálogo entre generaciones, no sólo como fórmula de convivencia pacífica, sino como búsqueda de proyectos comunes y compartidos entre grupos de personas de edades distintas. Estos proyectos deberían orientarse a la realización de iniciativas y acciones cívicas cuyo valor consista precisamente en su carácter intergeneracional y en el aprovechamiento de las respectivas capacidades y valores propios de las distintas edades.

  Las políticas municipales de carácter educativo se entenderán siempre referidas a un contexto más amplio inspirado en los principios de la justicia social, el civismo democrático, la calidad de vida y la promoción de sus habitantes. Las municipalidades ejercerán con eficacia las competencias que les correspondan en materia de educación.

  Sea cual fuere el alcance d estas competencia, deberán plantear una política educativa amplia, de carácter transversal e innovador, incluyendo en ella todas las modalidades de educación formal, no formal e informal y las diversas manifestaciones culturales, fuentes de información y vías de descubrimiento de la realidad que se produzcan en la ciudad. El papel de la administración municipal es establecer las políticas locales que se revelen posibles y evaluar su eficacia; además de obtener los pronunciamientos legislativos oportunos de otras administraciones, estatales o regionales.

  Con el fin de llevar a cabo una actuación adecuada, las personas responsables de la política municipal de una ciudad deberán tener información precisa sobre la situación y necesidades de sus habitantes. En este sentido realizarán estudios, que mantendrán actualizados y harán públicos y establecerán canales permanentes abiertos a individuos y colectivos que permitan formular propuestas concretas y de política general. asimismo, el municipio en el proceso de toma de decisiones en cualquiera de los ámbitos de su responsabilidad, tendrá en cuenta el impacto educativo y formativo de las mismas.

Salvatierra, Gto., a 29 de Octubre de 2008.

P. Z. Á.




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