Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

lunes, 10 de enero de 2011

Narraciones

La Individualización de las Almas

Por : R.M.P.


  Amigos míos, voy a abordar un tema verdaderamente difícil para mí, lo cual siento como un escalofrío empezarlo, pero también no puedo estar tranquilo si no logro darle forma a manera de una pequeña teoría, sobre un aspecto, del cual casi nadie hace hincapié y que en mi concepto es necesario hacer referencia a él por tratarse de poner en claro un enigma, que a nuestros teólogos de la Religión Católica no han hecho caso de ello y que en su conocimiento daría a la fe cristiana un mayor fortalecimiento en bien de aquellas almas desorientadas o desanimadas por la pérdida de sus seres más queridos; ya que no existe un dolor más intenso ni más profundo, el ver que el ser amado, padres, esposa, hijos o amigos se alejan de nosotros para siempre…

  Esa es la impresión que tenemos, y nada nos consuela, ni siquiera las consoladoras palabras del sacerdote que hacen lo posible por calmar ese gran dolor. Es cierto que todo ese acontecer es un misterio y por eso se nos ha indicado que cometemos falta si tratamos de inconformarnos o de indagar lo que nos espera en definitiva más allá de la muerte y claro que no es prudente recurrir por ejemplo a la práctica del espiritismo o de la Tabla Ouija; o tratar en alguna forma de esclarecer ese misterio que es un Arcano de Dios. Por eso, la Iglesia prohíbe toda práctica aberrante que pone en peligro la estabilidad espiritual.

  De esa manera se hace más difícil tocar este punto. Sin embargo, es preciso siquiera tratar de comprender lo que sentimos y lo que vemos, así sea mediante las visiones de los videntes o predestinados que han visto con sus ojos físicos, algo de lo mucho que no podemos creer. Mas el tema a tratar, tampoco significa peligro alguno, ya que en esencia se refiere a la INDIVIDUALIZACIÓN DE LAS ALMAS, tan necesaria que es tener un concepto claro y lógico, de lo que somos y seremos, aún en el otro mundo. Vamos a plantear el asunto.

  Nuestros antepasados nos enseñaban: que en el otro mundo después de la muerte, nadie conoce a nadie. Ni los padres a sus hijos ni los hijos a sus padres, ni el esposo a su esposa, mucho menos a los amigos; que los únicos que se podían ver unos a otros eran los compadres de pila. Por lo demás, nadie reconoce a nadie. Esta doctrina de tipo panteísta, es inadmisible e insostenible, no resiste un examen lógico, mayormente cuando existen evidencias en contrario. Pues ¿de qué nos serviría encontrarnos en ese otro mundo si solo íbamos a encontrar sombras, sin rostro, posiblemente sin memoria, sin amor, sin anhelos? Nuestro padre, nuestra madre, nuestra esposa, nuestro hijo, podrían pasar frente a NOSOTROS SIN RECONOCERNOS POR LA FALTA DE IDENTIDAD PERSONAL.

  ¡Qué barbaridad! Sería el acabose. Nos sentiríamos completamente solos entre miles o millones de sombras, sin faz, sin fisonomía, sin forma a como fueron en este mundo terreno donde nos conocimos. Pero aún se afirma que en el otro mundo termina todo; sí, todo lazo de amor, afectos, ilusiones y sentimientos, inclusive hasta por afinidades artísticas y religiosas.

  Es cierto que cuando los discípulos preguntaron al Señor Jesús cómo sería eso de los esposos en el otro mundo: el Señor les respondió: que en el cielo ya no había ningún compromiso de tipo matrimonial. Es lógico que así sea por ser una nueva forma de vida, pero los afectos, los agradecimientos, el intenso amor… todo eso que forma parte de nuestra vida, creo yo, que eso no puede morir jamás. Es cierto que el amor que existe en el cielo es todo semejante al amor de los Ángeles. Pero los recuerdos de nuestros seres queridos; el deseo de estar con ellos por siempre y para siempre debe tener un sentido, una realidad por ser un pedimento muy íntimo de nosotros a nuestro Padre Dios. Y él sumamente amable y misericordioso nos lo puede conceder.

  Pero de un modo o de otro, necesitamos una identidad, una personalidad, es decir una fisonomía, y esta debe ser la que recibimos de nuestros padres al nacer, pues somos hijos de dos seres que se han fusionado en uno solo. Por esta fisonomía sabemos quiénes somos y cómo somos.

  Al respecto un profundo pensador espiritista y filósofo el Ing. Ernesto Bozzano, en una preciosa disertación aparecida en el libro titulado "El Problema de la Existencia" se expresa así, sobre la individualización de las Almas: "El fin de la vida es la individualización de las almas" Esta es la definición que aludimos más arriba al expresar nuestra intención de examinar más íntimamente el misterio de la vida para descubrir un principio más profundo, más fundamental, más original, que tuviera relación con la génesis misma de la vida humana, etc., etc.

  El mismo autor Ing. Bozzano transcribe un concepto al respecto, escrito por el poeta Inglés John Keats de mucha significación filosófica y hasta científica, dice así: "si os place, llamad al 'El valle donde se fabrican las Almas', y comprenderéis entonces cuál es la finalidad del mundo. yo digo: FABRICA DE ALMAS con intención de establecer una distinción entre el alma y la inteligencia. Puede haber inteligencia –chispa de lo divino- en millones de seres… pero no serán almas en tanto no hayan adquirido identidad, en tanto no se convierten en personalidades… ¿Y cómo pueden crearse las Almas? ¿Cómo esas chispas divinas podrán adquirir una identidad individual… de manera que posean un sello personal y especial para cada individuo?

  Resulta evidente que solamente podría conseguirse por medio de un mundo de tribulaciones y dolores, se quiere obtener que una inteligencia se transforme en alma? De manera es que tanto Bozzano como el poeta inglés, se expresan en torno de esta incógnita. El mismo libro cita otros pasajes semejantes donde se trata de demostrar que ante todo el espíritu necesita y por eso la posee, una personalidad única, diferente a las demás personalidades de millones de seres, aunque idénticas en su naturaleza divina. Aquí está precisamente la Grandeza de Dios. Por ejemplo, en el cielo en su Santo Reino, se encuentra el Padre Pío, como también se encuentra San Antonio de Padua, son seres diferentes, pero de la misma naturaleza divina; por ser creados por el mismo Dios, pero con una personalidad propia que nació en el planeta tierra.

  Planteadas así las cosas, seríamos muy necios, si negáramos que cada uno de nosotros posee su propia individualización personal que distingue a una persona de otra. Por ello, damos por hecho que no todos los espíritus o almas son iguales. Por lo mismo, cada quien tiene sus propias aspiraciones, sus propios gustos y además sus propias predisposiciones en la elección de un oficio o profesión; y hasta en el gusto al elegir a un amigo o a una esposa. Pero, ¿cómo se adquiere esta personalidad? He aquí el problema, el meollo del asunto. Dirán algunos: eso lo da el Señor. Por supuesto que todo nos lo da Él. Pero podremos siquiera entrever ¿Cuál es su mecanismo? Bueno, aquí es donde he formado un concepto, que de ninguna manera es irracional, sino lógico, porque lo vemos a diario, pues nuestra propia fisonomía tiene un origen. Que es la realidad, queramos o no, hela aquí en punto y aparte.

  Es evidente que antes de encarnar el espíritu en nuestro diminuto cuerpo, tal espíritu no tenía forma, pues era el soplo de Dios, como lo explica el Libro del Génesis de la Sagrada Biblia, o sea: substancia inmortal de origen divino. Y aquí es donde empieza la participación del hombre y la mujer, en los planes de Dios. Es como si Él hubiera dicho a la primer pareja que pobló el mundo.

  Ustedes fabricarán cuerpos y Yo les daré las almas o espíritus, para que quede creado así el hombre perfecto. Por eso, al morir el cuerpo físico, el espíritu se separa de ese cuerpo, pero ya llevará en sí una fisonomía, una individualidad o personalidad, que moldeó el cuerpo, que abandonó por causa de la muerte física de ese cuerpo temporal y que ese espíritu ocupó por un determinado tiempo y que en adelante vivirá en el cielo, o en cualquier otro lugar con la faz que le proporcionaron sus padres terrenos, por la cual será reconocido por Dios y por sus padres y demás seres queridos y esa faz no la perderá jamás y tendrá las mismas facultades de ver, oír, gustar, razonar, amar y sentir con mucha más intensidad que como lo sentía en la tierra, y si a esto se le agrega que tomó el camino de la Santidad, el Señor le dará una mansión de belleza indescriptible dentro del paraíso celestial donde habitará por los siglos de los siglos, santos: AMÉN. En virtud de que en el Más Allá no existe el tiempo, todo es perenne o eterno.

  Dirán algunos: ¡Este Señor Mújica es un iluso!, casi se voló la barda. No creo merecer estos honores, pero vean ustedes lo que nos dice el Padre Engelbert Krebs , eminente Profesor de Teología en su bellísimo librito "El más Allá" dice: "Pero cuando comience para el alma, que ha salido de este mundo, la feliz realidad de verse en compañía de todos los santos, entonces, iluminada por la luz de la gloria verá las almas de sus hermanos no ya por medio de conceptos imperfectos, sino en la esencia divina, y las conocerá como él mismo es conocido por Dios (Cor. 13-21).

  Entonces es cuando la madre conocerá tan íntimamente a su hijo, que nada habrá en él oculto a sus ojos. El esposo verá entonces con toda claridad la verdadera hermosura y la profundidad del alma de su esposa, cuyos rayos dieron luz y calor a su alma durante su vida terrena. Entonces, el director espiritual verá patentes en toda su rica y variada plenitud los misterios de las almas, cuya dirección le estaba confiada. Entonces todos conocerán a todos; y una de las más excelsas alegría de la bienaventuranza será el poder admirar la historia de cada alma, y los caminos ocultos por los que Dios la ha llevado"

  Estos bellísimos pasajes de este maravilloso libro, fueron sentidos, intuidos y escrito por ese gran teólogo Alemán Engelbert Krebs, que es de la talla de un José Ratzinger, hoy Papa con el nombre de Benedicto XIV, de un Karl Rahner, de un Mario Von Galli y otros de igual nivel moral e intelectual.

Como he pensado anteriormente: los cuerpos físicos son los que modelan, dando forma al espíritu. Porque éste, cuando entró al cuerpecito del nuevo ser (desde el embrión) no traía forma o faz, por lo mismo carecía de una individualización que lo distinguiera de los demás. ¿No es esto una maravilla de Dios? ¿No es esto reconocer que la misión del matrimonio en este mundo es sagrada? Más si este matrimonio se verifica ante la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo claramente debe tener un mayor mérito en el Más Allá.

  Si se ven las cosas de esta manera, ¿No es una ceguera no darle toda la importancia que tiene el matrimonio cristiano? ¿No es acaso un error de los tiempos modernos imitar las costumbres de nuestros vecinos del norte, cambiar de pareja, como cambiar de calcetines? En este aspecto están mal y nos vienen enseñando a nosotros los mexicanos a hacer mal estas cosas, cuando las estábamos haciendo bien?

  Pero volviendo al punto que veníamos tratando, alguien nos puede preguntar cual es el interés del autor de este artículo en presentarnos este tema? Sencillamente respondo: no puedo soportar a quienes afirman que en "El Más Allá" perdemos nuestra individualidad, que allá no somos más que sombras, semejantes a zombies, que jamás volvemos a ver a nuestros seres queridos y que vamos a estar en un mundo de tinieblas, solos, absolutamente solos, pues el no reconocerse unos a otros, si solo vamos a ver sombras obscuras, entonces eso no es ninguna gloria, ya no digamos un purgatorio o un infierno, pues esos lugares son subjetivos.

  Esa doctrina de la negación de toda identidad personal conduce al hombre a la desesperación y al miedo a la muerte. Y es que nuestro espíritu es luz, no oscuridad, por eso, en este mundo aspiramos a ver el Sol, y en el Más Allá esperamos ver la luz de la gloria, para nosotros y para nuestros seres queridos. Pues es una esperanza que surge de lo más íntimo de nuestro corazón y es además una promesa de Nuestro Señor Jesucristo. Por eso a diario nos ofrece nuestra religión cristiana la sagrada Eucaristía para reforzar nuestra fe y convicción firme para militar en los ejércitos del Señor Jesús.

  Pero para luchar con entusiasmo en cualquier terreno y en cualquier tiempo por la causa de Cristo, necesitamos sentirnos ser nosotros mismos, desde que empezamos a nacer como lo ha dispuesto el Señor. Bueno, amigos míos, este artículo toca a su fin, ¿Acaso no nos gustaría, poseer por siempre la faz que nos dieron nuestros padres? Y o pienso que vale la pena comportarnos bien, y aconsejar a las generaciones venideras, que les hace un bien casarse como Dios manda, como lo está escrito en sus sagrados mandamientos que contiene la Sagrada Biblia Católica, y no hacerle caso al demonio que constantemente nos está empujando para apartarnos del recto camino que nos conduce a nuestra salvación. Bueno amigo lector, si eres soltero, cásate como Dios manda y verás cuánta dicha te espera en este y en el otro mundo.

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