Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

viernes, 17 de diciembre de 2010

Celebraciones

LAS POSADAS


En Estados Unidos y América Latina, la Navidad se festeja gracias a una heterodoxa combinación de elementos del ritual europeo. En cambio, en México se hacen las "posadas", recordando la peregrinación de nueve días de María y José antes de encontrar un establo dónde poder dar a luz. Las posadas son fiestas tradicionales que se celebran en México desde hace 400 años, pero su origen aún es más remoto, pues se reconoce que esta tradición la practicaban nuestros antiguos mexicanos que celebraban las fiestas de honor a Huitzilopochtli, Dios de la Guerra. Durante 20 días, que se iniciaban el 6 de diciembre y terminaban el 26 del mismo mes, se hacían solemnes fiestas, entres las que destacaban la del 24 de diciembre y la del 25 en donde se obsequiaba a los invitados una suculenta comida, y unas estatuas pequeñas.




Los misioneros aprovecharon la coincidencia de las fechas e introdujeron la celebración del nacimiento de Cristo, el hijo de Dios, en lugar del llamado Huitzilopochtli. En lugar de celebrar los días de las fiestas prehispánicas introdujeron el novenario de José María, utilizaban para esto la representación del peregrinar de José y María de Nazareth a Belén, en la cual hacían la petición del abrigo y calor humano para el alumbramiento del Niño Dios, lo que incorporó la tradición de pasear a los santos peregrinos. Se reconoce que en el pueblo de San Agustín de Acolman se originó la práctica de las posadas y las misas llamadas aguinaldo, que se llevaban a cabo en los atrios de las iglesias. De los atrios y patios de iglesias y conventos, pasaron las posadas a los barrios y vecindades en donde se añadió el famoso ponche, la bebida típica hecha a base de tecojote, caña, canela, pasas, guayabas y manzanas.

Las que en un principio fueron celebraciones religiosas, se convirtieron en fiestas familiares y caseras. Al paso del tiempo se hicieron costumbres de la vida familiar mexicana, en donde los vecinos participan en la compra de frutas, dulces, piñatas y adornos como farolitos de papel. De repente, con estos sencillos elementos sigue la quiebra de las piñatas, en donde los gritos, aplausos y cánticos se velan por las luces de bengala, cohetes, buscapiés y silbatos. Todo se conjuga y se crean las nueve fiestas más sentidas y fascinantes de nuestro México mágico.


LA CENA DE NAVIDAD


Entre el 4 y 25 de diciembre de cada año, alrededor de 1,000 millones de personas –ese tercio de la humanidad que responde a la cultura cristiana- se reúne en torno a la mesa navideña. Ante sus ojos el pavo navideño –esa sustitución del cordero pascual de las fiestas judías- preside el festín en cualquier mesa bien instalada. Hay qué recordar que las fiestas de navidad de occidente tienen mucho de una gran comilona, a la cual están invitados los familiares y amigos más cercanos. Es quizás la única oportunidad que tienen las familias de estar cerca, a pesar de que muchos de sus integrantes viven lejos. De hecho, la cena de navidad es un reencuentro con la intimidad familiar, desgranada a lo largo de todo un año.

La cena navideña se empezó a celebrar en Europa como signo de la abundancia que Cristo trajo. Se invita gozarla después de la misa de gallo pues se estimula la reunió y la reflexión familiar en torno a Dios. En la actualidad la cena de navidad se ha enriquecido grandemente, pues todos los componentes que la integran han sido sabiamente manejados por nuestras mujeres dándoles un exquisito toque mexicano. Esto quiere decir, que en la gran mesa de navidad nos encontramos con platillos que heredamos de nuestros antepasados indígenas, mientras que otros platillos fueron creados por las barrocas manos de las mujeres de la Colonia y finalmente compartimos platillos españoles y de otras partes del mundo. De esta forma, alrededor de la cena más íntima del año, nuestras familias degustan romeritos en revoltijo, bacalao a la vizcaína, pavo horneado, guajolote en mole, ensalada de betabel, pierna de cerdo, capirotada, pastel y ponche navideño.




De todos los platillos exquisitos, destaca sin duda, el pavo. ¿Quién podría concebir la celebración de la Nochebuena si el pavo tradicional? El pavo, guajolote, cócono, guilo o Meleagris mexicano, como se le conoce científico, se debe a México; pues antes de Cortés, el mundo ignoraba la existencia de esta ave cuya carne proporciona un manjar fantástico. La humanidad conoció por primera vez de la existencia de esta ave en 1517, al ser capturado un ejemplar por Fernando de Córdoba en la Península de Yucatán. Y tras sólo tres años más tarde, los primeros guajolotes llegaron a Europa, en donde rápidamente se les reconoció por su excelente carne. Desde entonces, el pavo ingresó a la alimentación humana y años más tarde, ocupó un lugar fundamental en la gastronomía navideña.


LA NAVIDAD EN MÉXICO


La Navidad es la fiesta más vieja del mundo cristiano y cada año va tomando más arraigo en los hogares y mayor auge y esplendor en todos los países, al grado de que casi es una fiesta universal, aún en los pueblos no cristianos. Sin embargo, en cada país cobra notorias diferencias de acuerdo a la propia personalidad de sus habitantes. Podemos aceptar que las fiestas son la expresión de un pueblo, de ahí la gran importancia de conocerlas para conocernos y valorarnos a si mismos. Como sucede frecuentemente, las fiestas generalmente se realizan sin conocer sus razones de ser, por lo que en este texto hemos prestado mucha atención al origen de nuestras tradiciones mexicanas.





Se reconoce que en los primeros tiempos de la iglesia no era celebrada la Navidad, y no fué sino hasta el año 300 d.C., que la Iglesia Latina comenzó a conmemorar el nacimiento de Cristo. Sin embargo, en todos los países donde tradicionalmente se festeja la Navidad, las costumbres inventan interesantes variaciones, todas ellas divertidas y jubilosas. De esta forma, conocemos que los holandeses hacen una verdadera ceremonia de los regalos navideños y los niños de estos europeos sueñan ilusionados con la procesión que encabeza Sinter Claus (Santa Claus) en un caballo mitológico llamado Peter. Los niños holandeses dejan en las ventanas de sus casas sus zapatos cargados de zanahorias y paja para los caballos de estos mitológicos personajes, quienes en genuino agradecimiento los cambian por sendos regalos. En cambio, en Noruega los niños suelen colocar un árbol de Navidad para los pájaros, el cual es decorado con semillas amarradas, mientras que dentro de sus casas cuentan con el Árbol que recibe los grandes regalos de un simpático duendecillo llamado Julenisse, que es representado con rasgos afilados, pequeño de talla y vestido con prendas rojas.

En cuanto a nuestro mágico país, la festividad de la Navidad es increíblemente rica, pues está adornada por los nacimientos, el árbol de Navidad y su espectacular decoración, las posadas, los villancicos, la codiciada colación y la sabrosísima cena de navidad. El acontecimiento central de las celebraciones navideñas parte con la puesta del nacimiento, el cual es un rito característico de los países de formación católica. Su origen se remonta al ascético San Francisco de Asís, fundador de la orden franciscana, quien entre los años 1200 y 1226 reprodujo en vivo el misterio del nacimiento de Jesús. La idea de reproducir el nacimiento se popularizó rápidamente en el mundo cristiano, utilizando figurillas de barro y madera. El árbol de Navidad, en cambio es un invento protestante. La tradición se le atribuye a Lutero, quien conmovido por la postración de una de sus sobrinas, le llevó hasta su habitación una rama de pino con nieve, para que la niña no se sintiera tan aislada de la naturaleza. Luego aparecieron los regalos como ritual navideño, y la rama de pino se sustituyó por el frondoso árbol de navidad, el cual se cubrió magistralmente con figuras, luces y esferas.

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