Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

martes, 10 de julio de 2007

Un poeta vital.

Yo siempre pensé que los poetas bucólicos, arcádicos, pindáricos, eran fríos y tediosos. Y este pensamiento está muy difundido. Nuestra mentalidad no es la mentalidad de antaño; nuestros cánones poéticos no eran sus cánones; nuestra visión del mundo no era su visión.

Pero ahora que he vuelto a una página ya pasada de nuestra historia literaria, cuando he vuelto a mis añoranzas de profesor de cultura greco-romana, y he vuelto a escuchar tanto nombres célebres de la antigüedad, (el dios Cronos, las Piérides, el Tíbur, las Castálidas, Febo, el Lacio, Virgilio, Horacio ....) me da gusto el compartir esos sentimientos culturales, que han dejado en nuestras vidas un perfume de sabiduría escondida.

He vuelto a saborear, a través de D. Federico, esos retorcimientos de los versos, esa latinidad en las oraciones gramaticales, eso que muchos llamarían cierta “pedantería, pero que yo llamo la doma soberbia del lenguaje, ¡Ya quisieran muchos que se llaman literatos tener un control y un conocimiento del lenguaje como Escobedo! Ese sabor arcaico, esa preñez de ideas, ese manejo exacto y variado de las rimas, esa sonoridad del verso y de la estrofa, esa arrogancia del pensamiento.

Pero para un curioso como yo, algo faltaba: asomarme al alma del hombre, del hombre poeta. El Arcada no es un personaje de comedia o de tragedia griega. Es un hombre como todos los hombres, es un ser que sufre, que tiene nostalgias, que goza los paisajes, que mira hacia el futuro oscuro, que añora tiempos idos, que es existencial aunque bajo ropaje diferente. La “Santa Poesía” está llena de madrigueras y de grietas. y el poeta es el hombre que ama y sufre; que siente la vacuidad de la vida y el advenimiento de la muerte, que sabe sorber lágrimas y dar besos; que lo mismo sube al Parnaso sublime que se abaja a acariciar el alma de una niña. Ese es D. Federico.

Poeta agradecido: le imponen una medalla al mérito, y él responde con un Canto:

Esta triunfal medalla

que rutilar sobre mi pecho veo,

pide hombres de batalla,

no la mezquina talla

de un pastor, cual Tamiro Miceneo.

Cantos conyugales: A través de sus obras canta el amor de las parejas, de los esposos, de todos aquellos que se han perdido “en el mar del amor”.

Tristeza ecológica: Es suya una clásica elegía al Bosque de Chapultepec. Ese bosque ya no es ahora aquel de mi tempana edad. El prefiere “la salvaje belleza arcaica”, cuando no había esa sofisticación moderna (Se moriría de pena si lo contemplara después de medio siglo) “Hoy en mi edad madura, al visitarte, casi te desconozco. La culpa la tiene el progreso y “Cronos implacable”.

Angulus ridens: Es un bucear por ese estanque limpio de sus recuerdos, Ofanto, el Tíbur fértil, la fuente Bandusia, el parque nido de las Gracias. También Federico sabe y tiene el regusto del sueño.

Los ríos: No hay poeta que en su breve o larga vida no se haya detenido a sacar una lección vital de las corrientes de agua. A nuestro poeta le encantan los “taciturnos ríos”, aunque son más peligrosos:

No temáis a los ríos estruendosos

que braman iracundos,

temed a los que corren silenciosos

¡Esos sí son profundos!

Un río con sauces le hace decir que los sauces expresan su ternura al inclinarse y besar sus aguas. Y recuerda: “Nuestras vidas, dijo ya un poeta, son los ríos”. Todos atravesamos la tierra para llegar a la muerte. Se repite el eterno “todo pasa”.

El mar: “Del hidrópico mar vivo traslado - es el sediento corazón que pena”. y nos pregunta: “¿Sabes qué es el mar? Atravesar la tierra e irnos a otras riberas. Ante ese inmenso lienzo azul que nunca se sosiega, el poeta piensa que el corazón humano es más profundo que el mar.

Tristeza por la vejez: Los poetas más serios, también envejecen y les duelen los años pasados. Una niña le pide consejos a D. Federico y él le responde con un poemita “para su álbum”: (Sero a me flagitas rosas), tardíamente me pides rosas. Yo sólo puede brindarte abrojos “porque mis flores todas han muerto”.

El llanto: “Llorar, siempre llorar”.

Las lágrimas comienzan en la cuna

y corren sin parar hasta la muerte.

El mundo es un mar de llanto y mientras más vivimos más lloramos. ¡También los Arcades lloran!

Dolor por la calumnia: (aunque sea ajena). Y concluye que al fin y al cabo “post nubila ....Phoebus”, se hará la luz después de la niebla.

La vida: Es otro tema existencial para todo poeta. En un soneto el la describe como un juego de ajedrez. la vida es esa guerra en un tablero: días blancos y días negros. En esta guerra todos deseamos estar rodeados de corceles y alfiles. hasta que venga el “jaque mate”.

Las rosas: No podía dejar el tema de las rosas, de su estructura, de sus lecciones que nos dan a todos los mortales. Surgen con lozanía; presumen sus gloriosos tonos, pero .... “ya a la tarde perdieron sus colores”. Todo se marchita, como las rosas, como la vida. Las flores en medio de la nieve no se consumen por el fuego que sube de la entraña.

Nadie pensaría que bajo esa losa de mármoles, de plintos rotos, de acrópolis demolidas por el tiempo, de fuentes míticas, de Gracias y de Ninfas, estuviera latente la entraña viva de un hombre que piensa, que sueña, que siente que vive y muere. El recuerdo de su madre le hace un nudo en la garganta; el río que pasa por Salvatierra lo hace llorar sentimientos internos y el poeta se sumerge en la nostalgia. Ama los amaneceres, los paisajes del terruño, los crepúsculos teñidos de oro y grana. Y todo esto lo eleva al Creador de tanta belleza, y nos dice que tanta hermosura es el nuevo paraíso con que Dios “quiso indemnizarnos”.

Y termino. Rindo un homenaje al Arcade Tamiro Miceneo, gloria de Salvatierra, que para nosotros los hombres de acá abajo y de otra estirpe, está demasiado alto. Rindo homenaje sincero a Federico Escobedo Tinoco, nativo de esta hermosa ciudad provinciana, a la que, en sus últimos años, le dedica un poema en latín y español, que intitula “Carmen Saeculare” del cual, ya para terminar, tomo estos tres versos latinos:

Belli horrendos

pacis, nunc, Salvaterrenses,

vexillum levate!

Que yo, esta tarde, repito emocionado: “Salvaterrenses, levantad la bandera de la paz sobre las horrendas espadas de la guerra”. Esto deseaba un hijo ilustre de esta ciudad, y esto mismo les deseo yo.

Alfonso Castro Pallares

“Religión y poesía en Guanajuato:

El Reverendo Padre Federico Escobedo”

SILVERIO SEGOVIANO MARIN

“Religión y poesía en Guanajuato: El Reverendo Padre Federico Escobedo”

Silverio Segoviano Marín (*)

Dedicatoria : a mi hijo Juan Manuel (q. p. d.)

La poesía es como un brioso torrente que baja, libre, por la montaña : arrasa con todo y, al mismo tiempo, se convierte en jovencita contradictoria. Gentil y mansa, amante, llegando al valle se apacigua. Inunda la tierra fértil soñando con la semilla. Madre al fin: hace germinar todo.

Es como el agua: dondequiera produce vida y nunca se mancilla. Siempre nueva y alegre; siempre madre optimista: todo da sin esperar algo a cambio.

Torrente fresco o manso río; arroyo bronco, poza o tranquilo lago; mar eterno o lluvia persistente.

Escoge, silenciosa, a unos cuantos para que hablen en su lugar. Se mete e inunda, cariñosa, el espíritu y cuerpo diciendo a tu oído: ¡ no sabes cuanto te amo !

Y el poeta, lleno de amor, escribe sabiendo que su enfermedad jamás será curada. Además: él no quiere ser curado.

El poeta descubre que debe y tiene que escribir. Esto se ha dado desde el inicio de los tiempos. Mujer que siempre ha sabido escoger a los que sabrán hablar de ella.

Sólo los apasionados en lo que creen y hacen serán los escogidos. posesos, se entregan a una desconocida enfermedad: crear belleza mediante las palabras.

Este es el caso del Reverendo Padre Federico Escobedo. El presente texto es una modesta aproximación a la belleza de sus palabras.

El soneto, como pieza clásica, representa, dentro de la preceptiva, todo un reto. No sólo es la distribución de acentos o la rima, sino el desarrollo, en forma bella, de una idea.

Buscar y saber encontrar lo nuevo asombra cuando, al terminar de leer, descubres la belleza.

El lector es, si sabe leer, el segundo autor. El siguiente soneto cumple, cabalmente, con un cánon de apropiada expresión:

POR QUE AMO LA NIEBLA

Amo la niebla, porque en torno gira

del techo que en sus muros te aprisiona,

y así las gracias mil de tu persona

hurta al ojo profano que te mira.

Amo la niebla, porque en su vaga espira,

transparente, sutil y juguetona,

prende en tus sienes nítida corona,

y te envuelve en un manto de chaquira.

Amo la niebla, porque en ella miro

de nuestro casto amor la mano impresa

y de nuestra alma el incesante giro.

Y la amo sobre todo, porque apresa,

para llevarlo a ti, dulce suspiro

con que mi ausente corazón te besa.

(1)

Las once sílabas por verso y el acento obligatorio en le 10a sílaba así como la distribución de rima lleva a un soneto clásico: “ Catorce versos endecasílabos, repartidos en dos cuartetos y dos tercetos; siendo la rima necesariamente fija en los primeros y variable en los segundos ” (2) y “ El soneto consta de 14 versos endecasílabos dispuestos así: dos redondillas y dos tercetos; la rima de los tercetos es 1º. con 2º., rimando entre sí los versos 3º de cada terceto” (3)

El poema anterior cumple, cabalmente, con los requisitos de la preceptiva.

No hay ripio ni rima forzada. Las palabras se deslizan con armonía y cadencia. Al ser leído en voz alta se comprueba lo anterior. Más que ser declamado, este poema está hecho para dos cosas: lectura en silencio y en voz normal. De ambas maneras resulta bello leerlos. Es un reto, auténtico, el ser interpretado mediante la declamación.

Las repeticiones “amo la niebla” y “ la amo” dan fuerza a la composición. La reiteración carga de belleza el texto. No lo hizo con la finalidad de requisitar el número de sílabas sino por la fortaleza que da al sentimiento.

Esta “ reiteración sonora ... ha tenido en todas partes amplia libertad de movimientos, necesaria para la ordenación imaginativa – sonora de sus frases y el subrayado de los elementos afectivos ... se halla combinado muchas veces con los efectos acústicos y la armonía de la frase ” (4)

En ocasiones, el abuso en metáforas las ha vulgarizado, sin embargo, en este poemas, tales metáforas resultan apropiadas: “ dulce suspiro ”, “ausente corazón ”, “casto amor ”.

No hay la intención de caer en lo cursi ni el sentimiento aparece desbordado. Es la expresión de un poeta que ha encontrado las palabras apropiadas para manifestar su sensibilidad. Estas metáforas aluden a los sentidos: vista, gusto, oído.

El “corazón” adquiere “labios” para dar “un beso”; y el “beso” es un “suspiro”. Manifestación de un sentimiento lleno de pureza: “casto amor”.

En otro poema con tema, digamos, “mundano”, el autor transcribe su gran capacidad emotiva:

ABSENTES, ADSUNT

Hoy que me encuentro encerrado

en profunda soledad,

siento que estoy en verdad,

más que nunca acompañado.

Tengo libros a mi lado,

que me dicen la verdad,

y recuerdos de otra edad

que, pro mi mal, ha pasado.

Esas memorias que añoro,

son el más rico tesoro

de que me ufano. Ellas son

de añejo vino resabios

que dejan miel en los labios

y paz en el corazón.

(5)

El soneto es construido con octosílabos llevando acento en la 7ª. sílaba. En los versos: 2, 3, 6, 7, 11 y 12, el poeta acude a un recurso: como la palabra final del verso es aguda: “cuando el verso termina en palabra aguda, la última sílaba se duplica fonéticamente” (6)

Aparece una paradoja: “ ... me encuentro encerrado en profunda soledad, siento que estoy en verdad, más que nunca acompañado”.

Esta figura de pensamiento es definida como “... una aparente contradicción entre dos ideas, con el objeto de dar realce y ductilidad a un pensamiento”. (7) Otra versión señala: “Se hace una afirmación aparentemente opuesta a la realidad” (8)

Su pasado es su orgullo y, más que recordar con dolor o rencor: ha sido bello y tranquilo. Su verdad está en lo que sabe y la soledad no es más que compañía con el mismo: pasado y presente hacen que tenga “paz en el corazón”. Es un soneto, cuyo principal motivo es la reflexión.

En otro habla de la nostalgia por México, en este caso, extraña el paisaje conocido y plasma una imagen emotiva llena de color y luz:

SOL PROPIO COELOS ECCE CRUCE RIGAT

VI

Desde el castillo español,

que tal el Carmen parece,

me pongo, cuando atardece,

a ver la puesta del sol.

Fundido en vivo crisol,

el astro más resplandece;

y el cielo todo embellece

con milagroso arrebol.

Dijérase que, borracho

de luz, fue tras el picacho

del arduo monte a caer;

y que por esa caída,

con la sangre de su herida

hizo al cielo enrojecer ...

(9)

El nombre “Carmen” parece referirse al Templo del Carmen en Celaya, Gto.

Las partes que conforman esta imagen, describen el atardecer desde un “castillo español”. Está integrada de la siguiente manera:

El astro como metal que “se deshace” y funde en un crisol y, al derretirse, en lugar de “apagarse”, su luz es más intensa.

“Derrama” su luz rojiza (arrebol) en todo el paisaje. Cambia el tono de la luz.

El sol – persona, se embriaga con luz – alcohol; puede desplazarse y caer. El sol está personificado.

El horizonte es el crisol, donde, el sol-persona se funde y extiende su luz al cielo. El color invade el paisaje y al caer “su herida” enrojece al cielo.

La imagen es una “depuración . Un grado más alto de la metáfora: un modo más directo de llegar al fondo de las cosas” (10) y las imágenes literarias tienen por finalidad el hablar directamente a los sentidos a través de uno o más de los cinco sentidos” (11)

La imagen va a los sentidos: la vista para percibir el paisaje y el transcurso de la luz; el olfato: el olor de la sangre; el tacto: “el calor del crisol” y de la luz; el oído: “ el ruido de la caída” y el gusto: el “sabor de la luz que “emborracha” y la sangre “de la herida”.

Este soneto descriptivo encuadra dentro de la poesía intimista personal que transcribe una forma particular de percibir la belleza del entorno. A la nostalgia por la tierra nativa lejana ( al parecer, por el contexto, el poema fue escrito durante su estancia en Europa) el autor agrega su sensibilidad que le permite manifestar, mediante las palabras, la belleza que contempló en un instante de su vida: la imagen viva de un atardecer.

El uso de epítetos: “El epíteto consiste en el empleo de adjetivos tan precisos y gráficos para calificar, que cada uno de ellos equivalga a una descripción” (12) remite a una precisión en los conceptos que quiere usar con conocimiento pleno: “milagroso arrebol” y “arduo monte”.

Esto se confirma con: “...elemento enriquecedor, más fino, más elegante – y por lo mismo más peligroso en su uso ...es un adjetivo – o una frase adjetival ... pertenece al orden de la belleza, de la elegancia idiomática, de la imaginación y del colorismo” (12+1). El autor sabe manejar los epítetos: de esto ha dado prueba en el soneto POR QUE AMO LA NIEBLA ( ojo profano, vaga espira, trasparente, sutil y juguetona ( Aquí ha asociado 4 adjetivos a un sustantivo y, sin embargo, no se nota; resulta, este recurso, una acumulación de belleza) Nítida corona, casto amor, mano impresa, incesante giro, dulce suspiro, ausente corazón).

En el siguiente fragmento, el poeta expresa su personal concepto de libertad creadora; su gusto por escribir y su religiosidad aflora sutilmente:

El Arte

Si es buena el agua, bebed

sin preguntar por la fuente

I

Nada de escuelas: fuera “cenáculos”...

El Arte es uno, vívido, espléndido...

Al que lo ama y lo dignifica, Apolo

rinde parias y coronas ciñe.

En Dios se apoya. Como El, es único...

(Fragmento) (14)

El Arte es, tal vez, la expresión más viva de la libertad: nunca se carga de cadenas ni compromisos. Su objetivo consiste en expresar, desde el punto de vista de cada artista y cultura, la belleza.

El poeta, como ser dotado de sentimientos y capacidad para dar salida a ellos mediante la palabra, tiene que ser libre. Su compromiso es con quienes le han mostrado la belleza y carecen de capacidad para expresarla. El lector es el reconstructor; el segundo autor.

Aquí, El Padre Federico Escobedo, muestra, en unas cuantas palabras, su visión sobre la tarea del auténtico poeta.

Ni “Cenáculos ni escuelas”; ni interpretaciones del arte ni deformaciones del mismo: es “uno” y está “vivo” y es “espléndido”. Hay que “amarlo”, se apoya en Dios ( quienes el primer y auténtico Creador) y es “Único”.

El culto a la madre ha sido, en México, una de las más grandes tradiciones. Ultimo refugio siempre seguro; quien todo da, por nada a cambio. En el siguiente texto, el poeta expresa su propio y original punto de vista sobre el ser madre.

Pareciera aflorar un aire mezclado con la antigua poesía náhuatl fatalista y el concepto español de vida-muerte de Jorge Manrique en: “A la muerte del maestre de Santiago Don Rodrigo Manrique, Su padre”.

Es un breve recorrido sobre la realidad que afronta el ser humano idealista:

AMOR MATERNAL

¡ Todo se olvida en este mundo ingrato!

la virtud, el amor...¡ todo se olvida!

contra nosotros vuélvese homicida

la mano que gustaba de nuestro plato.

Aun del amigo fiel se entibia el trato

y al fin, de nuestro amor casi descuida;

¡ todo pasa y perece en esta vida !

¡ todo cede del tiempo al arrebato !

Desvanecerse vemos la esperanza

que con mayor afán nuestra alma encierra;

el bien que perseguimos no se alcanza.

La más bella ilusión prestose trunca;

todo llega a olvidarse en esta tierra,

mas de sus hijos, una madre ... ¡nunca!

(15)

Es un recuento de situaciones en que el ser humano ha sido traicionado. Surge la visión poética de los textos traducidos por el Padre Ángel María Garibay; la fatalidad ante el destino que se cumplirá a pesar de todo:

“3. Vida Efímera

Sólo venimos a dormir, sólo venimos a soñar;

no es verdad, no es verdad que venimos a vivir en la tierra”

(16)

Y.

“6 Vida de ilusión

¿Acaso es verdad que se vive en la tierra?

¿Acaso para siempre en la tierra? ¡Sólo un breve instante aquí!

Hasta las piedras finas se dequebrajan,

Hasta el oro se destroza,

hasta las plumas preciosas se desgarran,

¿Acaso para siempre en la tierra? ¡Sólo un breve instante aquí!

(17)

Coincidencias involuntarias que, sin embargo, hacen surgir rasgos del mexicano y su actitud ante el destino y la vida.

Y, dentro de esa percepción que desemboca en un aparente vacío de amistad y valores, surge la madre: la que olvida y perdona todo. Texto bello que termina en un contraste más bello todavía.

El poeta maneja este de recurso de una forma original y elegante: nos lleva por un recorrido pesimista y aparentemente sin salida, para contrastar con uno de los valores más íntimos entre los mexicanos: la madre.

En el fragmento siguiente, el Padre Escobedo muestra, con mucha belleza, Añoranza por su niñez:

AL FIN DE LA JORNADA

(MEDITACIÓN)

Ruedan los años, y la vida rueda,

Y de ella al fin, cual míseros despojos,

¡Sólo mi caro Fabio, sólo queda

en el alma penar, llanto en los ojos!

Entonces de la tierra los engaños

miramos a la luz de la experiencia;

Hacer tornar los infantiles años

queremos, y las horas de inocencia ...

(Fragmento) (18)

Se repite la coincidencia señalada en el poema anterior: el aparente pesimismo; el fatalismo anta un destino que se cumplió y ha de cumplir.

Ante el panorama del ser humano adulto, surge, el recuerdo grato de la niñez. El poeta gusta del contraste y sabe plasmarlo.

El vivir y saber hacerlo, de acuerdo al poeta, permite valorar. Ante la dureza del camino voltea a ver una etapa de felicidad: la niñez.

En el siguiente poema, el autor recurre a una forma poética usada por quienes tienen pleno dominio en la preceptiva clásica: la parábola.

“Composición alegórica, como la fábula, pero en ella intervienen personas, y el sentido es más profundo y la acción es de mayor solemnidad y trascendencia ... (19)

Otra versión es: “narración o cuento fingido en donde hablando por comparación o alegoría se ofrece una verdad grave, una importante lección moral.” (20)

LLUWI

Ilusiones y desngaños

——

De pie, en lo alto de un balcón

el niño Alfredo de Roca,

con un carrizo en la boca,

hace pompas de jabón.

Entusiasta el pequeñuelo

al verlas subir se lanza

a cogerlas; más, no alcanza,

¡Tres palmos dista del suelo!

Por acaso descendió

una pompa; el niño al verla,

dice: ¡zas! voy a cogerla;

va, la toca, y ...¡se apagó!

La madre que esto miraba,

a su hijo confuso viendo,

le dijo así, sonriendo:

-Lo ves? ...¡así todo acaba!

Las ilusiones halagan;

en lo alto, da gusto verlas,

bajan, y al ir a cogerlas,

¡como las pompas se apagan!

Aprenderás con los años,

que oro, hermosura y blasones,

¡ay!, son bellas ilusiones

que acaban en desengaños.

(21)

(22)

Por la forma, el texto está integrado en cuartetos de versos octosílabos con acento obligatorio en la 7ª. sílaba.

En los versos: 1,4, 9, 12, se agrega una sílaba más, recurso mencionado anteriormente al hablar del poema ABSENTES, ADSUNT.

La comparación hecha con algo físico (pompas de jabón) y algo abstracto ( las ilusiones) está bien realizada. La enseñanza moral se haya a la altura de los textos de La Fontaine, Iriarte, Samaniego.

El lenguaje es preciso, claro bello. Es una descripción desarrollada apropiadamente.

Dirigida a niños y jóvenes transcribe una visión personal de la realidad y la intención de compartir conocimientos y experiencias adquiridos.

El siguiente texto, dedicado a un crucifijo que siempre lo acompaña, es una prueba clara de la facilidad creativa del autor:

A MI CRUCIFIJO

Amador celestial, único amigo

que en la desgracia acorre;

único pecho en el que encuentra abrigo

el destrozado corazón; testigo

del llanto oculto que del alma corre:

¡Cuánto me gozo, cuánto

en llevarte a mis labios, y en tenerte

descansado en mi pecho, leño santo!

¡Eres en esta vida, tú, mi encanto!

¡Y has de ser el consuelo de muerte!

(23)

El poema, por el número de versos es una décima o espinela ( aunque no se apega a la distribución clásica de la rima) con versos endecasílabos y acento obligatorio en la sílaba.

Usa epítetos: Amador celestial, único amigo, único pecho, destrozado corazón, llanto oculto, leño santo.

Pareciera abusar de ellos, pero no es así: el uso de ellos es apropiado y da mayor belleza al texto.

Verso a verso integra una imagen conmovedora. Dota al crucifijo de sentimientos: es un “amador celestial”; fiel siempre porque “en la desgracia acorre”; refugio de su corazón; conocedor de la intimidad cuando está triste: “testigo del llanto oculto que del alma corre”

Provoca alegría en el poeta quien lo identifica con Dios al decirle: “ leño santo”. Lo acompañara el resto de la vida y lo confortará en su muerte.

Esta religiosidad se presenta en otro texto:

A la devota imagen del Señor:

“mueve Corazones”,

que se venera en Tacubaya , D. F.

Méx.

(Al P. Jesús García Gutiérrez)

Pendiente de la cruz tu cuerpo santo

a que le ame sin tasa me provoca;

y cuando poso con temblor mi boca

en tu costado, me sofoca el llanto.

La muerte ya te arrebujó en su manto;

pártese de dolor la dura roca;

núblase el sol; y amendrentada y loca

treme la tierra produciendo espanto.

Por más que con sus fúnebres crespones

la Muerte, buen Jesús, te haya cubierto;

eres pálido sol, que si traspones

Las cumbres de nuestro árido desierto;

sigues aún moviendo corazones

con la llaga del tuyo, siempre abierto ...!

(24)

Soneto con endecasílabos y acento obligado en la 10ª. sílaba. Metáforas visuales (ver el cuerpo, contemplar el costado, imaginar el manto, ver partirse la roca, contemplar cómo se nubla el sol, los crespones fúnebres, la Muerte, las cumbres y el desierto, la llaga), sápidas (el “sabor” del costado, la sal de las lágrimas), auditivas (el ruido del llanto, el sonido del beso en el costado, la dura roca partiéndose, el temblar de la tierra), Táctiles (el roce de los labios al besar el costado), olfativas (el olor a las lágrimas, a la roca partiéndose, la sequedad del desierto y el aire fresco de la cumbre, la sangre de la llaga).

El poema está lleno de “metáforas múltiples que son las que impresionan a la vez varios sentidos” (25)

“Al aludir a los sentidos, tácitamente establecemos una nueva clasificación de las metáforas, quizá la más importante.

Hay metáforas auditivas, visuales ...sápidas, olfativas, táctiles ....

La asociación entre los sentidos es tan íntima que se puede denominar una sensación con el nombre de otra”. (26)

Poema dirigido a conmover al lector; que va de los sentidos a la mente, a los sentimientos. Reminiscencias barrocas en cuanto al movimiento y la realidad captada mediante los sentidos para impresionar a mente y corazón.

Se ha dejado, al último, dos textos:

1

(AL MISMO ASUNTO)

Muévenme a amor sobre la Cruz abiertos

tus brazos, oh Cordero inmaculado !...

muéveme ver tu cuerpo lacerado,

rotas las sienes y los miembros yertos.

Muévenme asaz tus ojos que, despiertos

me contemplaban siempre con agrado;

pero que ahora ¡oh dolor! se han eclipsado,

y están de eterna lobreguez cubiertos.

muéveme ver la afrenta que te han hecho

de colgarte en unión de dos ladrones

y áspera Cruz brindarte como lecho.

Pero me mueven más los ricos dones

del agua y sangre de tu herido pecho,

con que te mueves y ganas corazones!...

(27)

Sigue la misma línea que el soneto anterior: acudir a los sentidos para crear metáforas múltiples, imágenes. Conmover para compartir la belleza del encuentro: la concepción personalísima de un sacerdote ante su ideal: Dios.

La reiteración vuelve a aparecer reforzando la belleza de la idea expresada. A pesar de utilizar el verbo mover 6 veces, no resalta el mismo como una limitación de lenguaje, al contrario, “ ese movimiento” que se da entre poeta e imagen, conforme avanza la lectura del poema, da belleza.

Y lograr esto, en un soneto, resulta una dura prueba para su erudición.

2

QUERELLA

Os dí albergue en los sueños de mi vida,

hijos que nunca ví, pero que siento

que gritáis, en mi alcoba reducida,

con vocecicas de sutil argento!...

Por vuestra habed esta canción sentida

que os ruego la cantéis en mi aposento,

veste hermosa llevando bien ceñida,

con níveas franjas y el cendal al viento!...

Sueños fueron nomás !...En sombra eterna

quedando habéis; ya os cubren, de consumo,

tiempo y olvido con sus copos fríos!...

Sueños!...¡Vana es ya la piedad materna

y los besos también; que ya ninguno

tiende hacia mí, las manos, hijos míos!...

(28)

Es un texto hermoso, dirigido a sus sueños: a todo lo que, como seres humanos deseamos, algún día, alcanzar.

En él se encontrarán los mismos rasgos de los sonetos comentados anteriormente. La enorme cantidad impresiona: una multitud de textos armónicos han inundado los ojos de quien leyó y, titubeante, sólo se atrevió a trabajar 11 de ellos. Faltaron de ser leídos los escritos de puño y letra. Y, traducir lo escrito en latín.

El autor es como el paisaje que contempló alguna vez: un río Lerma impetuoso en las lluvias y manso en los veranos; unas riveras exuberantes de vegetación.

Su poesía está llena de belleza.

En todo abunda el sentimiento, la tendencia a conmover al lector y la generosidad de compartir los propios descubrimientos.

Al empezar a leer la totalidad de los textos que fueron proporcionados, lentamente, con tranquilidad, las palabras de este poeta se meten en la mente y corazón. Parecieran los olores y colores de un amanecer después de haber llovido toda la noche.

La obra del Reverendo Padre Federico Escobar es vastísima. Los textos escogidos son, apenas, un ligero asomo a la belleza y profundidad de la totalidad.

Universo privado de un sacerdote que forja poesía y habla, a su manera, de Dios. Hay que proceder con cautela. Muchos de los textos no requieren explicación alguna: basta con leerlos y disfrutarlos.

Lleno de sí mismo; amoroso de su deber y misión; pleno en la entrega, búsqueda y encuentro de la belleza; apasionado en el amor a Dios y a todo, este autor muestra su propia concepción del Dios que aprendió a amar y que nunca dejó de hacerlo.

Erudito en sus palabras y, sin embargo, claro y sencillo cuando debe serlo, trasciende en el texto su entrega a ideales.

Entabla un lazo invisible con el lector; pone erudición y preparación al servicio de la belleza. Poesía intimista compartida, amante de la mente que la generó

Un soneto es la forma poemática fija más hermosa: de estructura compleja (número de sílabas, acentuación rítmica, rima y metáforas e imágenes) resulta difícil su elaboración. Para hacer uno solo se requiere de largo tiempo. Sin embargo, los sonetos de Federico Escobedo son abundantes. Fáciles de leer, bellos.

Transcriben una amplia cultura; un conocimiento de la preceptiva literaria y una gran creatividad e ingenio. No hay forzamientos ni casualidades. Es la obra de un ser humano que supo combinar el amor a Dios y su gusto creativo poético. Sacerdote y poeta muestran a un nacido en este Bajío Guanajuatense. Un Bajío que ya sólo existe en las imágenes descriptivas escritas donde, un Río Lerma, exuberante, llenaba de vida las riveras.

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