Editado el contenido de la revista "Por Amor al Arte" del Maestro Mario Carreño Godinez

sábado, 31 de marzo de 2007

Los Carmelitas Descalzos

15 de marzo de 2007, Salvatierra, Gto.

Por: Pascual Zárate Ávila, Licenciado en Filosofía y Letras

La influencia de los carmelitas descalzos en la cultura de Salvatierra
Pascual Zárate Avila

Buenas noches, les agradezco su presencia este día. Siento una enorme alegría por la
posibilidad de establecer un dialogo con ustedes y por el trabajo de difusión de la cultura local que están llevando a cabo Mario y Miguel, quienes están logrando convertir espacios en lugares donde la ciudad educa a sus ciudadanos.

La noche de hoy vamos a abordar un tema por demás muy interesante: “La influencia de los carmelitas descalzos en la cultura de Salvatierra”.

Quiero dejar establecida la posición desde donde realizo mi reflexión. Estoy haciendo la delimitación de la “influencia de los carmelitas en la cultura de Salvatierra”.

La cultura de Salvatierra la defino como la forma concreta como se materializan las doctrinas, ideas y movimientos de alcance mayor, en la ciudad. Es decir las personas en lo particular que participan, que deciden, que reflexionan sobre esos temas, y la forma individual de vivir los hechos políticos, económicos, sociales, religiosos y educativos.

La reflexión esta centrada en lo que los salvaterrenses pensamos hicimos ante la Orden de los Carmelitas Descalzos. Cómo los vemos, que interrogantes nos han planteado. Esto lo hacemos para comprender su historia entre nosotros.

Déjenme decirles, hablando como salvaterrense del siglo XVII, de 1600, que nuestro pueblo quería a los carmelitas. Estaban muy emocionados por que ellos vinieran. Agustín de Carranza y Salcedo era un gran devoto de la virgen del monte Carmelo. Así que ellos llegaron como hijos deseados de la ciudad, esperados. Queríamos a los carmelitas en nuestras tierras. Eso que quede claro.

García Sarmiento de Soto Mayor promovió que de Valladolid se desplazaran los españoles que quisieran lotes, tierras para trabajar. Tuvo noticias de la geografía natural de la congregación que se llamaba san Andrés Chochones, la cual se ajustaba perfectamente a las ordenanzas de Felipe II de 1573. En esta región todo se cumplía. Así que mandó fundar la ciudad, llevó a cabo la elección de autoridades, cabildos y alguaciles para que se gobernarán, les dio las leyes que regían para la ciudad de Puebla y mando a los carmelitas a encargarse del cuidado de sus almas. Todo con el mayor entusiasmo que puede tener un estadista. Así que a nivel de las intenciones nacimos con grandes planes y rodeados de la mayor riqueza de la ciencia española, su mejor cultura estaba en juego aquí en Salvatierra.

En la Nueva España en 1644 ya empezaban los criollos a darse cuenta de que tenían grandes diferencias de personalidad y sensibilidad con los españoles peninsulares. Es de este siglo sor Juana Inés de la Cruz, quien ya dice que corren por sus venas no sé qué del encanto de la sangre de los indios, que a ella le gusta como a los indígenas el mitote.

Así que Salvatierra nace cuando empieza nacer la idea de diferencia entre los criollos, los principios de la nacionalidad. Sin embargo, en esta tierra no nos vemos con diferencias, sino con un proyecto común. Ver el trabajo para mayores rentas del Rey. No somos entonces más que la continuidad del proceso español, después de la conquista y expansión ahora viene asentarse pacíficamente y levantar una civilización, educando al hombre nuevo.

El hombre nuevo en términos del catolicismo es el que es salvo por la redención de Jesucristo. Y la sociedad que anhelan los evangelizadores es aquella que tenga plena observancia de los sacramentos, tomando a Cristo como único camino para la salvación. Así que el nacionalismo no esta presente en la fundación de la ciudad, no había el ánimo de hacer una patria nueva, independiente y libre. El cabildo era la representación del Rey y tenía los poderes para otorgar mercedes y repartimiento de tierras. Había que construir la Jerusalén terrenal.

Estábamos felices, llenos de optimismo. Así que la llegada, tan esperada de los carmelitas fue en mayo de 1644 y prestos construyeron una ermita. Iniciaron la construcción del oratorio, que es la parte que tiene una cúpula octogonal. Con fray Diego de Cristo, prior del que sería el convento de san Ángelo mártir, venía un hermano lego, un arquitecto paisano del prior general de la orden en la nueva España, de madina sidonia. Fray Andrés de san Miguel. Este hermano lego era un tratadista, que ya había construido los conventos de Querétaro, Celaya, Coyoacán, Valladolid y del Desierto, además de introducir sistemas de canales de riego para las huertas de los conventos. A fray Andrés los indígenas lo asociaban con el diablo por la facilidad que tenía para construir todo, rápido y bien diseñado.

Es importante que nos detengamos a examinar este hecho cultural. La natural inteligencia de los indígenas nos hace ver una gran contradicción en la llegada de los carmelitas descalzos. Y que desde ahí se marcó la forma como los percibimos y oímos narraciones sobre ellos.

Fíjense bien, les voy a leer una síntesis de la regla de los Carmelitas Descalzos cuyo primer convento fundo San Juan de la Cruz el domingo de Adviento de 1568, que para 1644 llevaban 76 años de existencia como orden descalza. Oigamos la disciplina a la que están obligados al tomar los hábitos:

Regla Carmelita afirma que es fundamental: "vivir en obsequio de Jesucristo y servirle con corazón puro y buena conciencia" (Prólogo). Para vivir siguiendo las huellas de Jesucristo los Carmelitas se dedican más especialmente a:

• desarrollar la dimensión contemplativa del ser humano abriéndose al diálogo con Dios
• tratarse como hermanos con caridad plena
• meditar día y noche la Palabra del Señor
• orar juntos o solos muchas veces al día
• celebrar cada día la eucaristía
• trabajar con las propias manos, como el apóstol Pablo
• purificarse de toda mancha de pecado
• vivir pobremente, poniendo en común los pocos bienes
• amar la Iglesia y a todas las gentes
• conformar la propia voluntad con la de Dios buscada en la fe con diálogo y discernimiento

Pues esa era la regla que ellos querían vivir en el convento de Salvatierra, pero el rasgo sobresaliente es que con el dominio científico de fray Andrés de san Miguel, este logró lo siguiente: construir un sistema de riego para hacer a su huerta especialmente fértil, introdujo dos canales más, el de san Andrés y el de la Esperanza para mayor fertilidad de la región. Construyo un puente para recibir más visitantes en la ciudad y aumentar el comercio. Levantó un convento modesto en su altura de las bóvedas, con espaldañas, sin torres, pero con una cantidad grande de claustros y espacios para la vida contemplativa. Los indígenas no sin razón lo veían como si fuera enviado por el diablo.

Trajo a la orden carmelita la riqueza, no los dejo trabajar con sus manos pues la energía era la corriente de agua para mover los molinos y las máquinas que lo requirieran. Dentro del convento había molinos para las tareas del convento.
Aquí estamos frente a un hecho cultural de la ciudad. La mayor ciencia de la ciudad la poseen los carmelitas, los esperados frailes seguidores de santa Teresa de Jesús y de san Juan de la Cruz, dos místicos españoles. Ahí la primera problematización para nosotros, el misterio se define como aquel acontecimiento para el que no hay explicación, sólo se constata que sucede. Y la ciencia es la explicación racional de los fenómenos, y Fray Andrés es un científico que explica los procedimientos empleados para construir los conventos y reflexiones sobre las aplicaciones de la hidrografía. No es esto algo difícil de entender. Juntos el misticismo y la tecnología más avanzada de su tiempo. Escuchemos una leyenda sobre la construcción del puente de batanes y que es parte de la cultura popular de Salvatierra.

A Salvatierra, Guanajuato, la cruza el río Lerma Santiago, que un día se llamó Río Grande. Como la producción de maíz y distintas frutas estaba al otro lado, año con año el río cobraba muchas víctimas entre los habitantes de la ciudad, quienes debían cruzarlo para ir a adquirirlos allí. A fin de solucionar el problema, fray Diego de Cristo, del convento del Carmen, idea la construcción de un puente. Obtiene el permiso del superior, y todo comienza bien; pero al paso de los días el fraile se vuelve soberbio, y ello acaba por afectar la obra, que se suspende. Un fuereño ofrece terminarla, aunque con el alto costo de hospedarse en el convento. Su proyecto es aceptado, y se avanza de nuevo. Pero él y fray Diego provocan la indisciplina entre los religiosos. Una tormenta hace crujir un día las columnas del puente, ya casi terminado. El superior invoca a la Virgen y el fuereño, que es el Diablo, huye ante la imagen sagrada para dejar vivir en adelante en paz al convento y a la propia ciudad de Salvatierra.

Los indígenas no hallaron otra forma de explicación que decir que el competente arquitecto, su ciencia constructiva era maligna, que el fuereño era enviado del diablo para tentar a los padres carmelitas, quienes al estar en posesión de grandes riquezas e influencia política con el cabildo, pues perdieron, algunos de ellos, las virtudes que venían a practicar. Diego de Cristo tuvo grandes problemas de soberbia y engreimiento. Desde entonces, en Salvatierra se habla de los tesoros de los carmelitas, no de sus votos de pobreza con los que tantas conversiones lograron en España la Santa de Ávila y san Juan de la Cruz.

El dilema de la ciudad nació con ella, o nos inclinábamos por la ciencia o por la mística, por la matemática o por la poesía. Ese fue el dilema originario, sobre esa cuestión se fue decidiendo nuestro futuro cultural. Los carmelitas de México guardaron el tratado de arquitectura que había escrito Fray Andrés de San Miguel, y ya nunca más dejaron ingresar a otro científico como él a la orden. Tal como lo dice la leyenda, ya no dejaron regresar al diablo.

El dilema quedó resuelto con el tiempo, podemos afirmar que nos inclinamos bajo el influjo carmelitano por la vocación mística y la poesía. Un ejemplo moderno de la influencia del misticismo es el siguiente poema, el cual esta inspirado en el libro de las moradas de Santa Teresa de Jesús. Son siete moradas, la cantidad esta tomado de los días que Dios utilizó para la creación del universo. Las moradas son los lugares que se visitan con la oración constante. La primera morada son las primera oraciones, la segunda morada son las oraciones de perseverancia, la cuarta son de recogimiento, la quinta morada son la oraciones de amor al prójimo, la morada sexta son de éxtasis y de sanaciones pedidas y la séptima es de matrimonio místico con Dios.

Vamos a leer a nuestra máxima poeta mística, Ana María Castillo:

Cerrada está la puerta de mi último aposento,
Y abierta para todos mi primera morada.
Es para mi un refugio si me siento cansada;
Más no digas a nadie si notas que me ausento.

No pretendas ahondar: es mudo el pensamiento.
Si imaginar quisieras, imagina que hay nada,
Y en la puerta cerrada se fija tu mirada
Que se rompe que se va, como el mar, como el viento.

La ducísima hora la confidencia incita.
Dejémosla que pase como tantas de estío
Sin que se rompa el sello pertinaz y silente.

Ya llegará el momento de que acuda a mi cita,
De estar conmigo, a solas, con todo lo que es mío.
No le digas a nadie cuando, errátil, me ausente.

Encontramos en el poeta Alfonso García Álvarez un poema que tiene inspiración en la morada tercera, donde se narran las vicisitudes para llegar a la morada, incluido el paso por lo oscuro:

Camino en Tinieblas
Mis inertes despojos,
Caerán en el olvido con el tiempo,
Entre hiedras y abrojos,
En completo destiempo,
Juguetes indefensos en antojos.

La esencia obscurecida
De la masa feraz del Universo,
Se extiende sin medida,
Del brillar al reverso,
lóbrego caminar sin luz, adverso.

Borraron las tinieblas,
Para dar claridad a mis pupilas,
Interminables nieblas,
Nubarrones, en filas,
Vapores de volcán en retahílas;

A mis ojos formaron,
Para poder mirar la luz naciente,
Los objetos brillaron
Con el novel ambiente,
Destellante de luces en torrente;

Mas mi ser ya inconcluso,
Por cuántas partes pasará mi alma?
Por lo negro y confuso
Sin escudo y palma,
Desconocidos éteres en calma,

Cuántos astros a oscuras,
Cuántas masas ajenas y deformes,
Pasaré en las alturas, con pasos aereoformes,
Con simas y cúmulos enormes?

Dónde estará tu Sede?
Donde te encuentras en tu eterno día,
Con tu luz que concede
Disfrutar la alegría,
Despejar las tinieblas, la agonía?

Y yo con mi pobreza,
Cómo me acercaré ante tu presencia,
Divisando tu Alteza,
Implorando mi audiencia,
Esperando me trates con clemencia.

De Ana María podemos encontrar la siguiente influencia de san Juan de la Cruz:

El pensamiento de san Juan de la Cruz dice "A la tarde te examinarán en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición; la contemplación no es por sí misma un fin, sino que debe conducir al amor y a la unión con Dios por el amor y, en último término, debe llevar a la experiencia de esa unión a la que todo está ordenado.

"No hay trabajo mejor ni mas necesario que el amor", dice el santo. "Hemos sido hechos para el amor." El único instrumento del que Dios se sirve es el amor." "Así como el Padre y e1 Hijo están unidos por el amor, así el amor es el lazo de unión del alma con Dios".

A la tarde de esta vida

San Juan de la Cruz: me has hecho quedar quieta. Imagino tu silueta

En doble hábito ceñida

Y tu voz que me asegura que a la tarde de esta vida me han de examinar de amor.
¡A la tarde de esta vida! Y la tarde en estertor hace de su muerte alarde. ¡Que se detenga la tarde! ¡Que el sol sus luces detenga! ¡Ay, que cuando el Juez venga no encuentre sólo basura! ¡Que lejos he caminado de esa sublime locura de la cruz!

Hondo pensamiento en luz Cada palabra en mí ha sido. Cobardemente escondido tengo el denario. ¡Guardado! ¿Qué dirá el que me lo ha dado esperando lo mejor
Un acto de amor intenso Me hará ganar lo perdido Y así ofrecerle, rendido, En cambio de amor, amor.

El escudo carmelitano

El Escudo Carmelitano es un emblema verdaderamente bello por su sencillez, celebre por su antigüedad y sagrado significado. Esta compuesto de fondo blanco en la parte superior y marrón la inferior, representa el vestido que la Stma. Virgen llevo en vida y el habito de los carmelitas. Así mismo la parte inferior marrón indica el Monte Carmelo donde vivió la Stma. Virgen durante su vida mortal, la Cruz fue agregada por San Juan de la Cruz en la época de la reforma, representado a Nuestro Señor Jesucristo. En el centro de color marrón (Monte Carmelo), se encuentra una estrella plateada, que representa a la Stma. Virgen María.

El fondo blanco de la parte superior significa que el profeta Elías contemplo a la Stma. Virgen María en una nubecilla blanca, en el mismo fondo se posan dos estrellas, doradas las cuales representan a dos grandes profetas N.N.P.P. Elías y Elíseo.

En la parte superior del escudo se encuentran doce estrellas las cuales significan la corona de la Stma. Virgen María, simbolizan los doce grandes favores y gracias que concedió a su orden y de manera especial, los doce privilegios y gracias singulares con el que el Señor ensalzo a María.

De la corona que se encuentra en la parte superior del Escudo sale un brazo que sujeta una espada, se le atribuye al Santo Patriarca Elías, termina en un punta en llama de fuego con esta dio muerte a los falsos profetas de Baal en el Torrente de Gison, por la honra de Nuestro Señor Dios Padre.

A la vuelta de la espada hay una inscripción en latín que dice: ZELO ZELATUS SUM PRO DOMINO DEO EXERCITUUM, me abrazo, me consumo de celo por el Señor Dios de los Ejércitos.

Poema de Federico Escobedo al templo del Carmen

Desde el castillo español,
Que tal el Carmen parece,
Me pongo cuando atardece,
A ver la puesta de sol.

Fundido en vivo crisol,
El astro más resplandece;
Y el cielo todo embellece
Con milagrosos arrebol.

Dijérase que borracho
De luz, fue tras el picacho
Del arduo monte a caer;

Y que por esa caída,
Con la sangre de su herida
Hizo el cielo enrojecer.

El edificio carmelita conventual es material poético y literario, de su interior se han construido múltiples y variadas narraciones, desde las relaciones prohibidas en los túneles, así como los días de festivales culturales promovidos por los carmelitas en años recientes.

El padre de Federico Escobedo era prefecto cuando se recibió la orden de desenclaustrar a los frailes carmelitas, franciscanos y las madres capuchinas. Renunció para no llevar a cabo esa acción.

En la actualidad la promoción de la formación humana que realizan los carmelitas tiene como medio a la neurolinguistica, atendiendo las mejores actitudes para realizar cualquier actividad.

"Para alabanza de Dios y de la bienaventurada Virgen María Madre de Dios y Madre nuestra", como dicen las Constituciones de 1369 de la orden de los carmelitas..

La influencia de los carmelitas en las fiestas populares es por las celebraciones que realizaron. El 2 de febrero de 1648 empezaron con la primera feria de la candelaria ya fundada la ciudad por una capellanía que dejo un fiel de la Virgen del Carmen de la ciudad de México. Se considera que la celebración del dos de febrero es para cristianizar las ceremonias de preparación de las semillas que hacían los indígenas. Aunque esa celebración ya se hacía anteriormente en el llamado hospitalillo de la hacienda de san Buenaventura.

Los franciscanos habían traído una estatuilla de pulpa de maíz, que había precedido las fiestas del dos de febrero, con el sentido de cristianizar la bendición de las semillas. Por las enfermedades se dio un gran despoblamiento a fines del siglo XVI, y el hospitalillo se quedo sin fraile franciscano que lo cuidara. La población se cambió al la congregación de San Andrés Chochones. Entre las cosas arrumbadas se quedo la imagen de la virgen de la purificación que los franciscanos habían traido de Patzcuaro. Y los franciscanos levantaron la capilla al otro lado a san Andrés de Guatzindeo. Eso fue en 1619.

Con la fundación de la ciudad llegan los carmelitas y desarrollan su predica basada en el amor y ejemplo de la Virgen María tomándola como madre de Dios y madre Nuestra. La Virgen del Monte Carmelo introduce varias festividades, una de ellas es la del 2 de febrero y la otra la de su aparición al Jonh Stook para entregarle el escapulario, el 16 de julio.

A finales del siglo XVI se adopta con toda fuerza el mandato del concilio de Trento que indica la glorificación de María. Estos dos fenómenos hacen aparecer a la Virgen María como la principal mediadora ante Dios. Los carmelitas y el concilio le dan un gran impulso a la veneración de su imagen.

Para 1664 el Capitán Tamayo, propietario de la hacienda de San Buenaventura, junto con un fraile franciscano ven un resplandor en el cuarto con las cosas arrumbadas del hospitalillo. El resplandor que ellos ven es como un deslumbramiento por el papel teológico que asume la virgen en la iglesia católica tridentina. El deslumbramiento que san Buenaventura dice que acompaña al conocimiento de Dios y al camino de paz para llegar a él que los franciscanos sostienen. Así que ambos prometen construirle una capilla en la hacienda. Lo cual hacen.

A partir de esa fecha durante las festividades los franciscanos y los carmelitas van por su imagen a su capilla a la otra banda y la traen a la Ciudad. Y aquí continúa desplegando luces. Sobre todo en el templo del carmen en una ocasión que la trajeron para la semana santa. Fueron varios días de alumbrar el templo en la noche.

La estatuilla de la virgen María fabricada por los indígenas toma celebridad en el convento del Carmen. Ahí le es compartida su veneración. Parte de la pedagogía carmelita. Para difundir el culto a Maria se vale de las características apreciadas por los indígenas: su material de pulpa de maíz y sus vestimentas que en ese entonces eran de huare. El elemento de las luces es más que nada una concepción franciscana y agustina de la luz como conocimiento, como faro de gracia para la salvación. La paz es el camino a Dios así que la virgen será venerada como señora de la paz. La virgen departe por igual los dones y la gracia, por lo que apoyan su pedagogía con el principio de igualdad de creación por Dios de indígenas y españoles.

Como teleología, la virgen de la luz llegará a ser plenamente la representación de los valores de patria, libertad y amor que enarbola Agustín de Iturbide. Sin embargo, sobre este punto los carmelitas tienen poco que intervenir debido a su regla de contemplación.

Podemos concluir que Salvatierra recibió un comienzo lleno de esperanzas, que la mejor ciencia de España se afincó para desarrollar a la que sería una ciudad de gran crecimiento. La ciencia hidráulica detonó la agricultura y la industria. Las relaciones sociales de producción estaban basadas en el mercantilismo, se producía para el comercio. La mercancía era un valor de cambio. La fuerzas productivas se basaban en el trabajo acasillado, ya no eran fundamentalmente esclavistas, aunque los había. Sin embargo la producción era estamentaria, por órdenes religiosas y algunas familias civiles. En el caso de los carmelitas quienes eran los propietarios de la Hacienda de san José del Carmen, donde la industria era compañera de la agricultura. El nombre de san José estaba dado porque era el patrón de los carmelitas en virtud de ser el esposo de la Virgen María. Los carmelitas se volvieron rentistas y prestamistas en la medida que habían participado en la formación económica mercantilista, fueron propietarios de una gran cantidad de terrenos en la ciudad.

La visión mercantilista esta dada por el hecho de que los portales eran considerados como la estructura física para el comercio. Los carmelitas en lo particular promovieron los portales de la columna, los de la plaza fundadores y la de la plaza de los perros. Además de que el puente era con un sentido mercantil de intercambio comercial. No se cobraba el peaje para que vinieran más visitantes a la ciudad. Ahí se veneraba a san Gonzalo, y en los portales de la columna Hubo una acumulación originaria de capital pero el progreso industrial no se desarrollo completamente. Aunque hubo inversión en 1845 de la industria textil.

En lo familiar los carmelitas influyeron para que las familias salvaterrenses llevaran una vida de recogimiento. Las casas eran consideradas como lugares de oración. Para muchos salvaterrenses del centro de la ciudad la infancia es un recuerdo del patio de la casa. La imitación de la Virgen María para las mujeres era la mayor enseñanza carmelitana. Fortaleza, templanza, castidad y laboriosidad. Agregado el de pobreza, diríamos hoy.

La cultura de Salvatierra tiene un gran influjo carmelitano, en la vida familiar, en la promoción de los sacramentos, en la vocación poética y en el sentido laborioso mercantil.

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